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¿Dónde quedó tanto dinero?

PEMEX es la única empresa petrolera del mundo que está quebrada. Desde siempre ha sido mal administrada y gran parte de sus ingresos solo sirvieron para mantener a los gobiernos federales y estatales. La mayoría de sus directores generales, el actual incluido, fueron designados por los presidentes de la República, aunque no conocieran ni mínimamente el negocio. Los líderes de sus trabajadores sindicalizados y muchos de sus altos y medianos funcionarios se hicieron ricos al saquearla y realizar negocios ilícitos o de dudosa legalidad. Su tecnología se volvió obsoleta al paso de los años y por prohibición constitucional no pudo asociarse con empresas de otros países que cuentan con tecnología avanzada.

Ignoro si existe un tratado de cómo quebrar a una empresa monopólica, pero, de existir, debería contener un capítulo completo sobre PEMEX.

El lunes pasado, en mi programa de Grupo Fórmula, mi colega Carlos Velasco presentó los datos que demuestran que PEMEX fue mal administrado y saqueado.

Primero nos recordó cuál fue la producción petrolera en cada sexenio presidencial, desde el de José López Portillo al de Enrique Peña Nieto.

En el gobierno de López Portillo (1976-82) PEMEX produjo 3898.2 millones de barriles de petróleo (bbl), en el de Miguel de la Madrid (1982-88) la producción fue de 5628.3 millones de bbl, en el de Carlos Salinas (1988-94) aumentó a 6723.3 millones de bbl, en el de Ernesto Zedillo (1994-2000) bajó ligeramente a 6372.9 millones de bbl, en el de Vicente Fox (2000-06) llegó a su máximo histórico de 7161.3 millones de bbl, en el de Felipe Calderón (2006-12) se desplomó a 5891.1 millones de bbl y en el de Enrique Peña Nieto nuevamente cayó, ahora a 5102.7 millones de bbl.

El promedio diario de millones de barriles de petróleo producidos en cada gobierno fue el siguiente: López Portillo: 1.78, De la Madrid: 2.57, Salinas: 3.07, Zedillo: 2.91, Fox: 3.27, Calderón: 2.69, y Peña Nieto: 2.33.

Ahora bien, el precio promedio en dólares de un barril de la mezcla mexicana de petróleo en cada sexenio fue el siguiente: López Portillo: 77.40, De la Madrid: 47.43, Salinas: 28.39, Zedillo: 26.43, Fox: 48.50, Calderón: 92.56, y Peña Nieto: 65.80.

Los ingresos que en promedio diariamente registró PEMEX durante cada administración presidencial fueron, en millones de dólares: López Portillo: 137.4, De la Madrid: 121.9, Salinas: 87.21, Zedillo: 77.0, Fox: 158.8, Calderón: 249.1, y Peña Nieto: 151.6. Durante los 42 años comprendidos entre 1976 y 2018, la petrolera tuvo un promedio de ingresos diarios de 140.4 millones de dólares.

Finalmente, las ventas totales de PEMEX en cada sexenio fueron, en millones de dólares, como sigue: López Portillo: 300 922, De la Madrid: 266 858, Salinas: 190 986, Zedillo: 168 687, Fox: 347 795, Calderón: 545 496, y Peña Nieto: 331 997.

En total, en los 42 años analizados, a la caja de PEMEX le entraron casi 2.2 billones de dólares que al tipo de cambio de ayer –19.1258 tasa  FIX– serían casi 41.2 billones de pesos.

¿Para qué sirvió tanto dinero? ¿Cómo beneficiaron estos recursos al pueblo, que en teoría es el propietario de PEMEX? ¿Por qué no se administró adecuada y honestamente la abundancia que preconizó el demagogo y populista López Portillo? Y, lo más importante, ¿Dónde quedó tanto dinero?

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Análisis y recomendaciones

Nada novedoso en el mundo de los números, las revisiones periódicas. Toda entidad, lucre o no está sujeta a revisión de cuando en cuando, si existe manejo de recursos en su entorno. En un ambiente formal le llamamos auditoría y confiamos en elementos de juicio externos a la entidad en cuestión. La auditoría externa la realiza un contador público independiente y de su independencia de criterio surge la confiabilidad en los estados financieros que dictamina y sobre los que emite una opinión. Toda entidad económica que acude a este precepto naturalmente responde en forma responsable ante autoridades, instituciones crediticias, agrupaciones, bolsa de valores en su caso y sociedad en general.

Todo análisis acompaña recomendaciones, finalmente la simple acepción de revisión confiada a un experto, en la rama que sea, está inmersa en forma implícita en razonamientos derivados de estudio y experiencia. Las recomendaciones son para mejora siempre, son producto del análisis y observación del ojo experto. Por ello surgieron las profesiones, por ello también existen especialistas, por ello existen concentraciones de estudios de grado en maestría y doctorado.

Las instituciones gubernamentales no son ajenas a esta circunstancia; como toda entidad que maneja el hombre, son falibles y más allá de su falibilidad, son perfectibles. En muchos casos, tal vez la auditoría externa no aplique en su estructura de supervisión; se ha creado una Auditoría Superior de la Federación como auxiliar en los menesteres de calificación.

Desde los años de creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, conocido como Banco Mundial, en Bretton Woods, New Jersey, 1944, para ser exactos, las naciones del mundo progresista, en las que nunca contaríamos a Cuba y Venezuela, y a otro par de naciones de nuestra región, han seguido las recomendaciones de estos organismos financieros internacionales, toda vez que la ruta de respeto de generaciones es bien ganada.

No existe hasta ahora, una sola nación que intencionalmente haya señalado a estas instituciones como cobijo doctrinal de algún movimiento adverso al progreso, adverso a la marcha del crecimiento económico y finalmente adverso a las políticas de protección del contrato social. Un solo hombre, en una soledad que los especialistas contemplan como reto al orden establecido por décadas, descalifica una y otra vez las aseveraciones y planteamientos de organismos financieros internacionales, de especialistas calificados, el presidente de México en turno.

Las calificadoras han merecido su turno de descalificación, una analogía a la inversa porque precisamente su función es esa: calificar. Lo de otros datos ha trascendido en el anecdotario popular, pero el tema de fondo sigue sin solución. Más allá de la interpretación ligera de un personaje pintoresco, las repercusiones ya lastiman en forma seria el entorno económico y las perspectivas de corrección no llegan.

El equipo del presidente no aporta en las soluciones de mediano y largo plazos. El rescate de Pemex no reúne bases de confiabilidad para el exterior. La terminología que se emplea no es la acertada, será una empresa endeudada pero es una entidad en operación, por tanto no requiere ser rescatada. Lo que requiere son planes de largo plazo y no los tiene. La refinería de Dos Bocas es una aberración y el mensaje del exterior ha sido claro. Pemex tiene perspectivas alentadoras en otras áreas.

Se enumeran proyectos de infraestructura y desde luego el sector privado estimula esta empresa, pero la debilidad del planteamiento recuerda lo que todavía no despega del proyecto de Santa Lucía: después de un año no existen planes confiables de inversión y la nula transparencia del pronunciamiento de instituciones internacionales, naturalmente opaca su desenlace, a pesar del triunfalismo expuesto en una ceremonia como las que acostumbra esta transición, sin ningún plan concreto.

El Fondo Monetario Internacional se pronunció recientemente. En su informe analiza por principio de cuentas, el crecimiento del país. Lo reduce a una expectativa de .2 % en este 2019 y la cifra para 2020 no resulta alentadora. Parecería un juego perverso esto de reducir mes con mes la tasa de crecimiento o nulo crecimiento en su caso, de la economía mexicana. Desafortunadamente no lo es, lo ratifican nuestras propias instituciones, empezando por el Instituto Central, el Banco de México.

El superávit primario, la disciplina fiscal y las proporciones que intencionalmente se regulan al Producto Interno Bruto, no son de desprecio. Al menos sienta algunas bases de confianza de la inversión por el férreo control de variables, labor del Banco de México. Pero no lo es todo, falta el elemento que catapulta el equilibrio de la confianza en un país con rezago estructural: el gasto público.

Los organismos financieros internacionales y calificadoras por igual sancionan, si se permite la expresión porque redunda en créditos más costosos, en emisiones que requieren mayor retorno y finalmente en el servicio de la deuda, que esta transición ya castigó con la simple adopción de deuda que no teníamos, la del aeropuerto de Texcoco. Esta transición creó esa deuda que, sumada al costo de oportunidad de no continuar con una obra perfectamente sana y en marcha, representará un incremento de alrededor de 400,000 millones de pesos que ningún mexicano debía hace once meses.

La primera falta a la palabra del presidente radica en la deuda; no contratar es en su imaginaria no endeudar. Por otro lado, asumir la deuda de particulares en Texcoco no cuenta porque fue asumida y no contratada. Una falsedad proclamada con trazos de redención nacionalista. Destacaríamos la asumida y grabada ante Gustavo de Hoyos, nuestro representante empresarial en donde el presidente ya electo prometió nunca cancelar Texcoco. Otros capítulos en educación y salud también lo exhiben.

Una cosa son condiciones cambiantes y otra muy distinta es la política económica de una nación. La economía debe estar centrada en objetivos de plazo, en redenciones del capital y en retornos contemplados desde la óptica de técnicas modernas, como el valor actual. De esta transición no se conoce un solo proyecto con bases confiables. Si los organismos financieros internacionales tienen algo que decir, un jefe de Estado ya estaría en la puerta de esas instituciones para recibir de primera mano las recomendaciones pertinentes. No estamos en esa tesitura y por tanto carecemos de lo que ya sabemos, de rumbo económico.

 

 

 

 

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Lunes, 21 de Octubre 2019 - 11:45
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Lunes, 21 de Octubre 2019 - 14:00
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Martes, 22 de Octubre 2019 - 03:00
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Capital de Trabajo

Más allá de la diferencia de circulantes, la empresa o cualquier entidad económica define de este modo su capacidad operativa, su situación de corto plazo. Lo ideal desde luego es tener capacidad para hacer frente a todo pasivo exigible en todo momento. La estacionalidad y otros conceptos particulares pueden no contemplar esta regla, pero la esencia no cambia, la situación de corto plazo debe admitir solvencia.

Tradicionalmente, la empresa pública no contempla preceptos estrictos de capitalización y endeudamiento; finalmente las arcas de la nación son amparo de riesgo soberano y suman aspectos de deuda pública para en el agregado conjuntar porción del producto. Los procesos de capitalización de empresas del Estado mexicano operaron de este modo por décadas. El desarrollo estabilizador de los años sesenta y más, cubrió un modelo de sustitución de importaciones y capitalización vigilada por el Estado. El modelo tuvo éxito en la cobertura de actividades propias de la iniciativa privada, con una economía cerrada a la inversión del exterior en forma amplia y abierta.

Los años demostraron la disciplina gubernamental y el desprendimiento de la actividad empresarial del Estado tuvo una dilución paulatina para delegar en la empresa privada la mayor parte de la industria, con la retención monopólica de actividades consideradas prioritarias. México no se consideraba apto para la competencia que el mundo industrializado proclamaba desde los años de recomposición de la gran guerra.

Llegó la década de los años noventa y México despertaba a una globalidad añorada por el empresariado mexicano. El Tratado de Libre Comercio abría las puertas de la modernidad y las de la competencia. México estaba preparado en sus ventajas comparativas, en sus agregados de valor desde los años de aprendizaje en la maquila. El efecto globalizador tuvo repercusiones inmediatas, en la especialización y en las experiencias derivadas del exterior. El aprendizaje lazó sus raíces en la preparación académica en un éxodo moderado, ávido de enseñanzas de administración y finanzas. Los jóvenes llegaban a Wharton, a Stanford, a Tulane, a las escuelas de negocios. Llegaba la era de la adaptación del lenguaje de los negocios, para comunicarse como pares con el resto del mundo.

La administración llegó al sector público por igual. Las escuelas del Varsity Club daban la bienvenida a servidores públicos. Las escuelas de economía uniformaban aspectos conceptuales y doctrinarios en la marcha económica de los países. Cundían términos de reservas, de tasas de referencia, de acuerdos bilaterales y multilaterales, de participación comercial, de adelgazamiento de las funciones de estado, de competitividad y de reglas amplias y funcionales de mercados.

Se abría el espectro de las economías de mercado, de las economías de bloque territorial, de las oportunidades de mostrar las ventajas propias y tomar ventajas y experiencias de otros. El anhelado mundo abierto sin tarifas ni aranceles, sin cortapisas para intercambiar caminos logrados en la especialización. Las labores de información hacían un recuento del liberalismo de dos siglos de presencia latente en las ideas y en el pensamiento. Lo material transformó un pensamiento renovador en un anticipo de unidad global, dando paso a un concepto neoliberal.

Las ideas preconcebidas en la imaginaria del mundo que acopla una trayectoria de libertad no necesariamente producen una doctrina y un pensamiento restrictivo o uniforme. La sola acepción de términos en esta modernidad en la que participan las naciones con metas progresistas contempla una sola confrontación real en el totalitarismo, el de las naciones en franco rezago, Cuba, Nicaragua y Venezuela por encima de cualquier modelo en retroceso. Definir un esquema como neoliberal no contrapone las virtudes de la economía de mercado, no hace frente a un sistema que el mundo adopta por el significado de la aceptación tácita de las libertades y las prerrogativas de un esfuerzo global y compartido.

La actual transición que tenemos en México, la tercera en nuestro proceso democrático no lo ve de este modo. Neoliberalismo lo ha convertido en sinónimo de desprecio y denostación, en ruta no deseada para el reparto de la riqueza de la nación entre los menos favorecidos. El problema de esta interpretación errada ha creado un desvío de la ruta del crecimiento económico en franco desafío con conceptos equivocados de desarrollo. La retención de programas concebidos en el supuesto ambiente neoliberal se reinicia con conceptos anacrónicos convertidos en dádiva sin padrón y sin programa. El resultado ha sido inoperante, sin reglas de operación y sin sustento programático.

Al ignorarse la experiencia acumulada, que nada reúne en fases doctrinarias neoliberales u otras, los programas se interrumpen y provocan indefensión. La primera manifestación de esta función errática ya anuncia estanco en la actividad económica de la nación. Si algo no funciona merece corrección. La administración actual no rectifica, recompone y reinterpreta, pero no rectifica. El problema se agudiza cuando el examen de proyectos se somete a juicio de la experiencia probada, la que aconseja retiro o cancelación de metas sin rédito.

La ruta del despropósito, la del empecinamiento aflora en simples métodos modernos de proyección económica. Mencionamos el capital de trabajo, interpretación de liquidez, observado en ambientes privados y gubernamentales por igual. Medir la liquidez en los plazos cortos no significa eludir calificaciones en puerta, latentes y en acecho no por la voluntad de herir planes de nación, por la simple intemperancia de arrojar planes sin sustento y respaldo de largo plazo. Petróleos Mexicanos es una empresa con problemas de plazos, sin duda; le aquejan situaciones inmediatas y mediatas.

Las calificadoras hacen una labor interpretativa de aseguramiento y permanencia para que el crédito no se interrumpa, para que las inversiones fluyan adecuadamente, para que las empresas mantengan su liderazgo y finalmente para que sus metas de plazo se cumplan. Esta administración habla de rescate de Pemex. No hay tal, la empresa tiene problemas de capitalización y de planes a futuro. El problema es que el mundo ve con mayor claridad la exploración y la producción y esta transición se empeña en refinar. En esto último no hay futuro.

Dotar de recursos a Pemex para enfrentar plazos cortos como una señal de buenas intenciones de esta transición en turno, no necesariamente adapta el pensamiento que centra la actividad energética de una nación que alguna vez despegará del hidrocarburo para adoptar las energías limpias y renovables. La compra de tiempo no es programa de capitalización y por tanto no califica como capital de trabajo.

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Martes, 17 de Septiembre 2019 - 11:45
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Martes, 17 de Septiembre 2019 - 14:00
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Miércoles, 18 de Septiembre 2019 - 03:00
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México está condenado a rescatar a Pemex

El paquete económico 2020, contempla destinar el 49% de la inversión pública a Pemex, lo cual reavivó el debate sobre si vale la pena destinar tantos recursos de un ya limitado presupuesto, para rescatar a la empresa petrolera más ineficiente y más endeudada del mundo.

Los principales críticos del presupuesto 2020 comentan que no es buena idea poner en jaque la estabilidad macroeconómica del país por rescatar a Pemex, que la economía mexicana no debe petrolizarse otra vez o que el plan de rescate parte de un mal diagnóstico, entre muchas otras razones por las que el gobierno no debe rescatar a Pemex.

Ante todo esto me pregunto, ¿acaso México tiene otra opción?, el único accionista de Pemex es el gobierno mexicano, la deuda de la petrolera asciende a 105 mil millones de dólares, los cuales están respaldados por el gobierno mexicano, y si tomamos en cuenta que la deuda de Pemex equivale al 23% de la deuda pública de México, entonces si Pemex quiebra, la deuda del país se incrementará inmediatamente un 23%, lo que tendrá un severo impacto en las calificaciones crediticias y terminará exponiendo nuestra estabilidad macroeconómica.

Si bien la situación económica de Pemex es un problema heredado, pues su  deuda pasó de 59 mil 600 millones en 2012 a 105 mil 800 millones de dólares en 2018, el rescate planteado por el presidente López Obrador responde más a una ideología que ve a Pemex como el motor de la economía del país como ocurrió en los años 70´s. Pues el rescate de la empresa solo contempla inyecciones de capital y reducción de la carga fiscal, pero no plantea un plan para reducir los elevados costos de operación de Pemex.

Pareciera increíble que el mismo gobierno que implementa lo que denomina austeridad republicana, la cual ha consistido en reducir el tamaño del gobierno, mediante recortes presupuestales y despidos de personal a tal grado que afectó la operatividad de varias áreas, algunas tan importantes como la salud. Ese mismo gobierno apenas ha tocado a Pemex, la empresa propiedad del estado cuya situación financiera está poniendo en riesgo las finanzas de todo el país.

Como lo expliqué anteriormente el gobierno mexicano está obligado a rescatar a Pemex, simplemente es muy grande para caer, pero eso no significa que no pueda reducirse, la empresa fue el monopolio energético del país durante demasiado tiempo e interviene en casi todas las áreas de su industria, es momento de que simplemente el gobierno se deshaga de aquellas áreas de Pemex que no son rentables, en las cuales ya no es competitivo o en aquellas donde se requiera abrir el mercado a la competencia.

En conclusión, el gobierno del presidente López Obrador, está destinando la mitad del presupuesto de inversión, para rescatar una empresa ineficiente y demasiado grande para caer, si bien como lo planteo en este artículo, el gobierno mexicano está condenado a rescatar a Pemex, pero no a sus líderes sindicales y su excesiva plantilla laboral, además que en este momento el mundo mira hacia otras soluciones en materia energética, mientras que la cantidad que México invertirá en energías renovables es 0.

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Viernes, 13 de Septiembre 2019 - 08:30
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Viernes, 13 de Septiembre 2019 - 10:45
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Viernes, 13 de Septiembre 2019 - 23:45
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Los gobiernos deben ser optimistas siempre

La mayoría de los analistas económico-financieros así como los políticos y líderes empresariales y sociales que hoy se oponen al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador acusan a este y a los funcionarios de la Secretaría de Hacienda (SHCP) que comanda Arturo Herrera de ser demasiado optimistas al proyectar el futuro económico del país.

Afirman que son inalcanzables y poco realistas la mayoría de los estimados anotados en los Criterios Generales de Política Económica que conforman el Paquete Económico 2020 que el presidente le envió al legislativo el domingo pasado.

De acuerdo a la SHCP, en 2020:

  1. El producto interno bruto (PIB) crecerá entre 1.5% y 2.5% (2% nominal).
  2. La inflación anual será de 3.0%; el tipo de cambio nominal será de 20.00 pesos por dólar, y la tasa de interés nominal promedio de Cetes a 28 días será de 7.4%.
  3. El precio promedio de la mezcla mexicana de exportación será de 49.00 dólares por barril y la producción de petróleo promediará 1 951 000 barriles diarios.

Algunas de las razones que esgrimen quienes aseguran que dichas proyecciones son optimistas son las mismas que se anotan en los mencionados Criterios Generales que advierten que “el marco macroeconómico podría verse afectado si llegaran a exacerbarse algunos riesgos, entre los que destacan: un mayor retraso en la aprobación del T-MEC; un escalamiento de los conflictos geopolíticos y comerciales a nivel mundial; una mayor desaceleración de la economía mundial, principalmente, en la producción industrial de Estados Unidos; un mayor deterioro en la calificación crediticia de PEMEX con su posible contagio a la deuda soberana; y una mayor debilidad de la inversión privada”.

Resultan curiosas, aunque no sorprendentes, las críticas lanzadas contra el Paquete Económico 2020, pues son similares a las que, en su momento, hicieron los opositores a las seis administraciones federales que gobernaron a México de 1982 a 2018.

Ahora le toca a los morenistas defender el optimista proyecto de su presidente contra los ataques de priistas, panistas, perredistas y emecistas, usando argumentos similares a los que en su momento esgrimieron los del PRI y los del PAN cuando le tocó a uno de los suyos ser presidente de la República.

Afortunadamente para AMLO y Herrera, el público está más que acostumbrado a escuchar el debate que cada año se da entre los defensores y detractores del Paquete Económico porque sabe que, conforme transcurra el tiempo, se irán revisando los estimados que hoy son calificados de optimistas.

Nadie se sorprenderá cuando, durante el primer trimestre de 2020, el gobierno anuncie una reducción en el estimado del crecimiento del PIB, explique por qué no se alcanzará la plataforma de producción petrolera de casi dos millones de barriles diarios, o proporcione las razones técnicas de por qué el precio del petróleo está por debajo de los 49 dólares por barril o por qué el dólar se encareció más allá de los 20 pesos esperados.

Un gobierno, cualquier gobierno, siempre debe mostrarse optimista, y más cuando se trata de pronosticar lo que sucederá en el futuro. Después de todo, nadie quiere escuchar a sus dirigentes decir que mañana la situación será peor que la de hoy.
 

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Miércoles, 11 de Septiembre 2019 - 12:55
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Miércoles, 11 de Septiembre 2019 - 21:40
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Jueves, 12 de Septiembre 2019 - 08:55
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De Frente Y Claro: Los negocios de familia de la 4-T

Cada día que transcurre se va desmoronando más la 4-T de AMLO y Morena entre Ocurrencias, Caprichos, Corrupción y hasta Negocios de familia. Por eso ahora que son la Mafia en el Poder, se han convertido en la TRANSA-FORMACIÓN DE CUARTA. Ejemplos hay ya muchos pero hoy nos abocaremos a los Negocios de Familia, al Nepotismo tan férreamente criticado cuando eran oposición y hoy en día lo aplican igual o peor aún.

NEGOCIOS DE FAMILIA

En ese tenor nos encontramos el pasado 26 de agosto de este 2019, la siguiente noticia en el diario Reforma: Carmelina Esquer Camacho, hija del secretario particular del presidente Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Esquer Verdugo fue nombrada directora de Pemex Procurement International (PPI), en Estados Unidos y se encarga de adquirir todos los insumos de empresa productiva del Estado. La sede de esta oficina de Pemex está en Houston, Texas. En los últimos tres años, las importaciones hechas por Pemex fueron de unos mil 500 millones de dólares anuales.

Carmelina Esquer, estudió una licenciatura en Comercio Internacional en el Tecnológico de Monterrey y hasta julio pasado se reportaba que tenía un sueldo de 102 mil 746 pesos mensuales como Coordinadora Ejecutiva de Pemex Corporativo, según datos del portal de Transparencia del gobierno.

O sea que es FIFI, por haber estudiado en una de las escuelas más caras de México, acorde a como clasifica a las personas AMLO.

QUIÉN ES ALEJANDRO ESQUER

Alejandro Esquer Verdugo es uno de los hombres más cercanos a AMLO. Amigos desde 1996, se convierte en su secretario particular, cuando AMLO es dirigente nacional del PRD. En el 2003, lo designan para la secretaría particular del gobierno capitalino, en lugar de René Bejarano, al irse este como candidato en las elecciones del 2003.

Fue presidente del Consejo de Administración de la Asociación Honestidad Valiente, A.C., movimiento precursor de Morena, con toda la información de los depósitos que recibían en la cuenta bancaria, con que se cubrían los gastos de campaña del Movimiento Progresista.

Esquer se encargó como candidato AMLO, de llevarle su agenda y junto con Octavio Romero, eran los responsables de la operación de Morena. Controlando los recursos que llegaban para la campaña.

Nació en Ciudad Obregón, Sonora, trabajó en la Secretaría de Agricultura y estuvo al frente de la Coordinación de proyectos de desarrollo de la Presidencia de la República, donde colaboró con José López Portillo y Miguel de la Madrid. Ante el INE,  fue el responsable de las finanzas de Morena.

Mucho se comentó de quién era el auto en que se trasladaba AMLO desde que era candidato y cuando ganó la elección y “Casualmente”, AMLO informó que de quién era uno de los vehículos Jetta que usa para trasladarse en la Ciudad de México, de su secretario particular, Alejandro Esquer Verdugo.

Para entender mejor porque la hija del secretario particular de AMLO tiene ese importante cargo “Casualmente” $$$$$$, vayamos al tema de la Fundación Honestidad Valiente.

Expansión publicó el 2 de mayo del 2019 lo siguiente: ¿De qué ha vivido AMLO? Esto dicen él y los documentos disponibles. Esto es parte de lo difundido. "Andrés Manuel no nos ha querido decir de qué ha vivido los últimos 15 años y la respuesta es bastante fácil: convirtió a Morena en un partido familiar; (recibió) 3,000 millones de pesos en los últimos tres años, respecto de los cuales no ha rendido cuentas. Ahí cobran todos sus hijos, parte de sus hermanos y ahí le carga todos sus gastos. ¿Qué pasó después del GDF? El último año en el que López Obrador percibió un sueldo como funcionario público fue 2005, cuando se separó del cargo de jefe de gobierno del entonces Distrito Federal para iniciar su primera contienda presidencial.

Durante esa época fundó la asociación civil Honestidad Valiente, que recibía apoyo económico de ciudadanos y de políticos de izquierda vinculados con el movimiento lopezobradorista. López Obrador, señaló: "Yo vivo de mi trabajo. A mí me pagan en el movimiento, gano 50,000 pesos mensuales, de eso vivo. ¿De dónde sale el dinero? Pues la gente coopera, me apoya. Yo no estoy acostumbrado a gastar mucho, soy austero, gasto lo mínimo. Entonces, de eso vivo. Coopera la gente, hay una cuenta en Banorte, que fue el banco que nos permitió tener esa cuenta", dijo en abril de 2012, un par de meses antes de las elecciones de ese año.

"Nos ayudan también legisladores del PRD, del PT y de Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano). Nos ayudan los partidos, nos apoyan económicamente y de eso vivimos", aseguró entonces el exjefe de gobierno capitalino.

Pero los manejos de su fundación nunca han sido nada claros ni transparentes. El 9 de enero del 2013, se publicó: Hicieron en Senado retenciones para Honestidad Valiente. Dieron 12 millones de pesos. De acuerdo con el corte de caja de aportaciones voluntarias que los senadores del PRD, PT y entonces Convergencia hicieron a Honestidad Valiente entre septiembre del 2006 hasta septiembre del 2009, sumaron 12 millones de pesos de ayuda. Se trataba de una aportación mensual de 10 mil pesos, para lo cual cada legislador firmó un oficio para que la Tesorería del Senado le hiciera el descuento de 10 mil pesos mensuales y lo depositara en la cuenta asignada para ello. Y cada mes el movimiento de Andrés Manuel les tenía que hacer llegar el recibo correspondiente por ese donativo.

Para el 13 de junio del 2018, el entonces coordinador de campaña de Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Monreal,  aseguró: que la asociación civil Honestidad valiente -la cual sirvió como espacio de recaudación de recursos para el movimiento encabezado por AMLO - está abierta a ser investigada, ante las acusaciones del PRI de que nadie conoce la contabilidad de las giras realizadas en 2011. “Esta asociación, como todas, puede investigarse, y de hecho el SAT lo hace, y cuando se exceptúan también se informa, y el SAT tiene la información”.

Pero Monreal para variar MINTIÓ, el 30 de julio del 2012 El Universal publicó: SAT: Honestidad Valiente no ha pagado ISR por donativos. El Servicio de Administración Tributaria (SAT) informó que Honestidad Valiente, organización civil que recibe aportaciones para apoyar a Andrés Manuel López Obrador, solo informó sobre donativos recibidos en dos de los últimos seis años reportados al organismo recaudador. En ningún año se pagó el Impuesto Sobre la Renta (ISR).

En las declaraciones anuales del organismo, correspondientes a 2006, 2007 y 2008, los donativos en efectivo que recibió no fueron declarados. En la de 2009, manifestó ingresos por donativos de 13 millones 308 mil 51 pesos, los cuales están sujetos al pago del ISR, y tampoco lo declararon. Para 2010, manifestó ingresos por donativos recibidos por la cantidad de siete millones 368 mil 793 pesos, recursos que están sujetos al pago del ISR, sin declararlos. En el 2011, el SAT presenta un acuse de recibo por la declaración anual, pero Honestidad Valiente no exhibió la declaración anual de impuestos.

Lo grave es que su Honestidad Valiente nunca se comprobó en los manejos de su Fundación. ¿Quiénes eran verdaderamente los que depositaban? ¿Cuánto recibieron en esos años? ¿En que se utilizó? Toda esa información la conoce Alejandro Esquer. Porque creer que los pobres eran los que mantenían a Amlo y toda su estructura, hay que estar tonto para hacerlo

Es por ello que ahora su hija de Esquer tenga un cargo por demás súper importante, bien podría ser el pago a su silencio. Mostrando y demostrando que en la 4-T los negocios de familia se dan igual que siempre, que el Cambio es solamente de nombres.

Como no señalarlo si este tema de los Esquer, Padre e Hija no es el único. En el mismo tenor están: Gerardo Esquivel, Subgobernador de Banxico, es esposo de Graciela Márquez, Secretaría de Economía. Rodrigo Abdalá, Delegado de Programas Sociales en Puebla, es sobrino de Manuel Bartlett. Miguel Torruco Garza, Presidente de la Comisión de Boxeo, es hijo de Miguel Torruco, Secretario de Turismo. Bertha Lujan, Presidenta del Consejo Nacional de Morena y Bertha María Alcalde, Secretaria Ejecutiva Adjunta del Sistema Nacional de Seguridad Pública, son Madre y Hermana respectivamente de Luisa María Alcalde, Secretaria del Trabajo y Previsión Social. Netza Sandoval, Director Instituto Federal de la Defensoría, Pablo Sandoval, Delegado Programas Sociales en Guerrero, son hermanos de Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública, sin olvidar a su esposo, John Ackrerman, conductor del Programa John y Sabina en el Canal 11.

Así la realidad del Cambio Prometido por Amlo y la 4-T. Y pregunto, ¿para eso votaron por Amlo y Morena?, ¿Los engañaron? ¿Volverán a votar por ellos? ¿Así combate Amlo la Corrupción? ¿En Morena No roban, No Mienten y No Traicionan? Ustedes que piensan estimados lectores.

Fecha: 
Jueves, 29 de Agosto 2019 - 13:15
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Jueves, 29 de Agosto 2019 - 15:30
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Viernes, 30 de Agosto 2019 - 04:30
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El costo del capital, a revisión

El Banco de México decidió en días pasados reducir su tasa de referencia en un cuarto de punto, o 25 puntos base, para situarla en 8%. La reducción era esperada por analistas y mercados, adelantando las circunstancias de septiembre para atender regulaciones de política monetaria en el último trimestre del año, concediendo de este modo, la posibilidad de un recorte adicional en este mismo año.

En teoría una baja en la tasa de interés es un aliento para la economía doméstica, incentivando el uso y expansión del crédito ante una reducción en el costo del dinero. Las empresas reúnen una mezcla de capital y fondeos de plazo y de esa mezcla combinan los costos para obtener un costo promedio. De ese costo promedio se obtiene lo que conocemos como Costo del Capital.

El costo del capital se reduce en la medida en la que las fuentes de financiamiento de plazo sean mayores al capital accionario; el pago de dividendos a accionistas es mayor al pago por la cobertura de intereses derivado de la deuda, expresado como un retorno. Al bajar la tasa de referencia del Instituto Central como emisor fundamental de la economía, el crédito se expande y en esa expansión se incluyen planes de capitalización e inversión en planta y equipo. Los proyectos de inversión descuentan con esta tasa los plazos de recuperación del proyecto de inversión, de modo que se convierte en la tasa de referencia para la empresa o institución para aceptar proyectos con un retorno superior al costo en referencia.

Otro aspecto relevante de la tasa de referencia es sin duda el poder de captación de capitales que buscan retornos superiores a otros mercados; los instrumentos de corto plazo resultan atractivos para inversionistas institucionales y excedentes de tesorería. El diferencial de México comparado con mercados de dinero de países industrializados es de consideración y por tanto se considera como un mercado emergente y con tradición de seguridad.

El aspecto de confianza es crucial en esta materia. La deuda soberana de nuestro país es de trascendencia y respeto. Por primera vez vivimos matices de desconfianza en cuestiones de largo plazo. En este entorno, hablamos de capital fijo que en nuestros renglones de captación reciben la denominación de inversión extranjera directa. El régimen actual carece de rumbo económico y enfrentamos un clima de incertidumbre en cuanto a la protección y amparo del capital.

No puede negarse la capacidad instalada y la capacidad de maniobra de capitales del exterior en nuestra nación; desde las automotrices hasta los bancos, han radicado capitales de cuantía y hasta ahora, las reglas y la ley han concedido espacios vitales para todos. Desafortunadamente, las señales desde la concentración de poder de un partido dominante y la voluntad sometida por la imposición y visión de un solo hombre, el presidente, dejan en terreno de indefensión cancelaciones importantes que naturalmente el mundo califica y observa.

La contradicción entre una economía que se encuentra abierta desde 1994 y la visión de autosuficiencia en renglones que debieron continuar por la senda de la participación activa del capital del exterior, especialmente en el sector energético, han provocado alertas desde el punto de vista del riesgo. A un riesgo mayor, corresponde una exigencia de retorno mayor y el sector ya enfrenta costos que se traducen en un servicio de la deuda no programado desde la concepción de presupuesto. Dislocar un presupuesto no es un asunto menor, sobre todo el creado sin ninguna base de credibilidad financiera. No olvidemos que los pasivos derivados de la cancelación del aeropuerto de Texcoco no existían.

En la medida en que PEMEX pierde calificación, México, como nación, absorbe esa baja de calificación para toda su actividad económica. La irresponsabilidad de esta transición trasciende todos los terrenos de convivencia, social, política y económica. La ausencia de representatividad en foros internacionales ya alerta en cuanto a disposiciones y actos de gobierno; no ventilar asuntos que competen al concierto de naciones, siembra en el terreno de la incertidumbre. México se ausenta de toda convivencia provechosa.

Los temores de este gobierno en turno son fundados, porque sus ideas y ocurrencias contravienen las reglas más elementales de visión económica. Compartir absurdos en la escena internacional no es la ruta que México ha seguido en generaciones de visión de Estado. El descrédito anunciado en mesas en donde se discuten metas progresistas dejaría en ridículo las cortedades de un presidente apocado y escudado en la retórica de otras épocas, las de la cerrazón y la circunscripción a un mundo de acecho que ha diluido sus afanes expansionistas en participación de reglas más justas de mercado.

El costo del capital ya no es medida de actualidad y de preocupación en un gobierno que remienda los vacíos de planeación de sus finanzas; los ejemplos de retención de recursos y de subejercicio del presupuesto abundan. Todos sin excepción han lastimado a la población, todos sin excepción dan una supuesta cuenta o enmienda para cubrir los aciertos del pasado, el que sea, el heredado en forma inmediata o lejano. La consigna es la devastación de privilegios para adoptar los de la dádiva, los de relación cautiva. La única meta, la electoral, al costo que sea, por encima de toda premisa económica, por encima del crecimiento y las opiniones de expertos en la materia que sea. El presidente desecha el conocimiento, anula al hombre de estudios, descalifica la competencia, confunde las miras externas con invasión de metas nacionalistas, trastoca el acervo de nación y coloca un repaso de historia en episodios que la memoria ya retiene, para no repetir sucesos sepultos e intrascendentes.

Las bases de la economía no hacen eco de pronunciamientos vanos y sin sentido; la función económica no es interpretativa ni crea ilusiones, no está sujeta a la suposición anímica de un gobernante, la economía carece de humor, la economía es pragmática y regulatoria. Cuando las decisiones económicas carecen de razón y de asiento fundamentado en la experiencia, la economía sanciona, se torna implacable, se contrae y expulsa desde dentro las malas decisiones. Ya lo hace ahora, deja de crecer para aleccionar y orientar, para provocar la rectificación, para enviar un mensaje claro: la ruta escogida es incierta y equivocada, los costos anuncian un panorama que sanciona desde dentro y desde fuera por igual.

El costo del capital merece revisión. Cada mexicano paga. Los errores se acumulan.

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Lunes, 19 de Agosto 2019 - 13:00
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El crecimiento económico no es una estadística

No crecer vulnera y lacera toda circunstancia de progreso. El mundo como nunca en épocas pasadas mide sus avances y destaca sus deficiencias y las compara con su presente para dirimir su futuro. Las ventajas comparativas cobran en la escena comercial lo que siempre estuvo en juego en la escena de las finanzas. Lejano se considera el panorama de los años treinta en los que la correspondencia de valor dejó de perder significado y las emisiones de papel sobrepasaron la generación correspondiente en los retornos del capital. No tan lejano, sin embargo, es el panorama del 2008, aun cuando la protección de activos ha cambiado y el riesgo inmobiliario se diluye con el cuidado que ahora se tiene en la banca de inversión.

A pesar de los términos que definen la globalidad imperante en circunstancias de agresividad de volumen y tarifas arancelarias, que ha desembocado en guerra continental, los países industrializados mantienen un crecimiento moderado. Naciones en otro orden de comercio, sin bloque necesariamente, crecen por encima del promedio. El volumen y las ventajas de competencia de unos y otros tienen disparidades en los componentes del costo fundamentalmente en la mano de obra. China es el gran ejemplo. Bajos rendimientos y gran volumen mantienen niveles de competencia irrestricta.

Las economías han adoptado modelos que han recibido apelativos siempre circunscritos al capital y al liberalismo para retirar la rectoría de estado. Finalmente, los años han demostrado   de una forma u otra: es la economía de mercado la que rige los destinos del éxito económico. Las economías totalitarias, todas sin excepción han fracasado. Venezuela, sin duda, el ejemplo más reciente.

México se encuentra en un debate en cuanto a su tasa de crecimiento y el tema obedece a circunstancias de negligencia gubernamental. Las referencias tanto nacionales como las internacionales desde hace algunos meses apuntan a una recesión, si no en términos definitorios de fracaso económico, si de alerta en el rumbo equivocado como hoy lo tiene el país en su concepción de políticas públicas. Esta transición, la tercera que vivimos en nuestra etapa democrática, recibió una economía en crecimiento. Ha adoptado un modelo cifrado en el recorte inmoderado para llamarlo austeridad y ha resultado en dos vertientes: la primera, en una disciplina forzada del gasto y la segunda en una detención del crecimiento de la economía.

La primera fase del gasto retenido se concentra en la captura del ahorro para programas asistenciales, que no están calendarizados ni obedecen a un programa ni padrón. Hasta ahora se han conformado en eufemismos anunciados desde la tribuna única, la del presidente, para anunciar sus avances, inciertos todos. La segunda, cubierta de absoluta certidumbre, reúne dos interpretaciones: la primera es la concepción de planes absurdos que todos conocemos, el despojo de un activo de la nación, el aeropuerto ya en marcha, Texcoco y dos proyectos fallidos de origen que trastornan la parte más endeble de nuestro acervo, petróleo y turismo. La segunda, naturalmente son las señales, las que recibe el mundo del capital. La indolencia para corregir, para alterar el rumbo que dicta la cordura trastoca la confianza en un régimen que no inspira certidumbre para la inversión.

¿Cómo llegamos a esto? Empecemos por la indefinición de rumbo. Se pretende una autosuficiencia en algunos aspectos de la vida nacional; dos ejemplos: petróleo y alimentos. En el primer caso, ya es dominio público el rechazo a la construcción de una séptima refinería cuando el mundo orienta sus programas de energía al campo renovable y alterno. En esta circunstancia el ejercicio ha costado desde su pronunciamiento y todavía no existe un solo trabajo en Dos Bocas. La calificación de Pemex y lo que está en juego para el país no es asunto menor. México se juega futuro en esta apuesta sin destino. En el segundo caso, el tema alimentario ha dejado sin protección al campo mexicano y los reclamos están en la puerta de bloqueos y otras manifestaciones, como lo están en el ámbito de la ciencia, la cultura, el deporte, y tantas actividades interrumpidas por esta administración y sus fallidas políticas públicas, en especial la salud.

Si examinamos el tema desde su percepción natural, la de los mercados y los de la verdadera representatividad económica, el crecimiento económico de esta administración es nulo. De eso no existe duda; en breve el INEGI dará su veredicto, que ha sido adelantado por expertos e instituciones de respeto nacionales y extranjeras. El presidente tiene otro punto de vista y mezcla términos que se contraponen, los que en teoría económica debieran complementarse.

El presidente argumenta que el Fondo Monetario Internacional amparó esquemas neoliberales y por ello le produce desconfianza, a él desde luego. También argumenta que existe desarrollo porque ahora la población cuenta con mayores recursos. La primera aseveración no merece ninguna consideración, el FMI es de caracterización universal. Lo segundo disloca todo precepto dentro de un mercado de consumo: si cualquier habitante recibe una suma precaria pero gratuita, lo primero que hará es resguardar ese pequeño privilegio y será por definición el último agente representativo de una sociedad de consumo, por tanto, el punto de partida del reparto constituye una base falsa para apuntalar los mercados internos de una nación.

Los mercados de una nación, en lo interno y en lo externo se nutren del equilibrio que debe existir ente el ahorro y la inversión. Incentivar nuestra economía requiere de una sola prescripción: la inversión pública, esto significa desatar el gasto programado, frenar el dispendio de la dádiva, reconstituir la autonomía de organismos que adaptan la marcha de las instituciones, y por encima de todo ello, desechar los tres proyectos que ahogan la economía y el prestigio de la nación.

Si lo anterior se ignora, de la fase de nulo crecimiento pasaremos a la siguiente, el estanco en la producción, el desempleo natural que se deriva de esto y el trastorno de variables económicas. Ese es el ciclo menos deseable. México tiene todos los elementos para crecer, pero el cambio de rumbo es inevitable. La simple estadística corresponde a naciones perdedoras como Venezuela, México debe convertirse en potencia, no en estadística.

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Lunes, 29 de Julio 2019 - 13:05
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De planes de negocios

Surgen ciertas dudas en el entorno del análisis económico mexicano; se somete a consideración, ¿de mercados?, un plan de negocios de Pemex, conociendo de antemano que en realidad representa la visión de un gobierno conocido como la tercera transición de nuestra democracia, aspirando a transformar, término demasiado holgado para las circunstancias que presume, pero lo relevante del caso es que esta no concordancia puede interpretarse de diversas formas:

La primera de ellas es la reestructuración de pasivos y la fase de rescate de una empresa con severos problemas de deuda acumulada. Una parte ya se ha dado y ha merecido la intervención de bancos que de una manera u otra no tienen mejor opción que renovar papel. Esta fase naturalmente no es trascendente en la vida de la empresa, simplemente se le añade el sello de soberanía de una nación que jamás ha fallado a sus compromisos de deuda. El mundo conoce esta circunstancia.

Siguiendo esta fase de reestructura, que simplemente abona a la pospuesta e incierta continuidad, recurrimos a la fuente de los recursos empleados en esta aventura de compra de tiempo. Tenemos como único antecedente el modelo sintomático del ahorro basado en recorte presupuestal para lograr dos objetivos, la disciplina fiscal y el control del déficit primario de nuestra cuenta pública. Entonces empiezan las etiquetas a aflorar en la escena que pretende no contaminar recursos presupuestados y los imprevistos que exigen las circunstancias.

El siguiente punto de partida es la contingencia; en palabras sencillas, los fondos que nunca deben tocarse para mantener la pauta de recomendaciones y lineamientos internacionales en disciplina presupuestal. Una vez tocados la tendencia es imparable; la llamada de atención a este precepto desde luego vino de fuera con más estertor que desde nuestro entorno. Se llaman calificadoras y sancionan. Desde su primera mención, el torbellino ha sacudido planes una y otra vez, han surgido presentaciones fallidas en plazas del exterior y más planes hasta convertirse en un documento que no sabemos como interpretarlo, el término negocios no concluye en estos en forma convincente.

La terminología y la costumbre lo llama y se conoce como plan de negocios; en teoría debería ser una guía para que Pemex haga negocios, pero tal vez y por esta ocasión sea un llamado al rescate de la verdadera intención de la empresa, que da a conocer de más, para que le ayuden a impulsar lo que sabe hacer y frenar lo que no sabe hacer. Explorar y extraer crudo sabe y conoce, construir refinerías no. Sería un verdadero alivio para el ciclo inversor la cancelación de Dos Bocas, pero el verdadero alivio sería para la empresa. El mensaje está dado desde el Instituto Mexicano del Petróleo y recientemente sembrado, se insiste, en el plan de negocios de la petrolera. Si alguien debiera recibir ese mensaje es su impulsor, el único en el escenario, el presidente.

De ese punto vendría la segunda consideración de nuestro análisis, la consideración de expertos y más allá de esa consideración interna, el papel del mercado y todas las atribuciones del exterior, finalmente en donde radica la experiencia de nuestra petrolera y en donde radican sus ingresos. Algunos analistas han apuntado que el llamado plan de negocios lo redactó la petrolera para satisfacer objetivos y lineamientos de las calificadoras, única y exclusivamente. Si esto es cierto, tal vez el clamor de rescate más allá de la guía financiera, también puede resultar cierto.

Podemos entender esta tesitura si nos ponemos en el asiento del Consejo Consultivo de Pemex. Trabajar en los destinos de los últimos años, con mercados probados, con proyectos sustentados en capital sin riesgo, con farmouts que resuelven circunstancias que no tenemos, con tecnología de empresas del exterior con verdadera experiencia y con un flujo de efectivo con mayor certidumbre en su ocurrencia, contra la incertidumbre en el añadido de una séptima refinería que no necesitamos, bueno, podemos entender un clamor de auxilio urgente en ese rescate de divergencia de opiniones que cubre la cara de la necedad y la incongruencia, buscando el dictado de la sensatez que proviene del mundo entero.

Pemex seguramente entiende que el dictado de fuera más que el de dentro de nuestra nación tiene que reunir contundencia para cerrar el camino de la especulación con ocho mil millones de dólares que nunca terminarían la refinería de Dos Bocas, nunca en tres años, nunca a tiempo de probar energía alterna. ¿Porqué si lo sabemos todos, porque leemos, estudiamos reportes de experiencias probadas, dictámenes de empresas con décadas de experiencia, reportes de las calificadoras, sopesamos los riesgos de alejar la especialidad de nuestra petrolera, porqué se insiste en aventurar al país en un riesgo tan grande?  

La oportunidad viene en forma de castigo, la oportunidad brilla en la insistencia de un plan de negocios que de verdad lo sea; someter a la nación a un riesgo crediticio, situación que nunca imaginamos no produce certidumbre en la consecución de proyectos futuros y tampoco sienta confianza; ya es tiempo de que el presidente lo vea. Las sanciones ya llegaron, están costando fortunas en todos los frentes, en las cancelaciones de obra, en el servicio de la deuda, en las bajas de calificación. Ya no estamos en la etapa de prometer, ya no existe campaña, existe un gobierno transitorio empantanado en una idea sin destino, en una cimentación falsa y en una apuesta a un crecimiento que se nos escurre de las manos.

No perdamos visión en la semántica, recesión o no, la gravedad de decisiones erróneas de estos siete meses de gobierno, tiene consecuencias y la pérdida de rumbo no perdona; la implantación de un modelo absurdo de ahorro y la consecución de programas bautizados con eufemismos electoreros ya afectan la vida nacional y la rectificación no la vemos, vemos la obstinación y el abandono, vemos la insensatez por encima de la cordura de sectores productivos y vemos la incompetencia por encima del talento. Si Pemex acudió con su plan de negocios a las voces autorizadas para definir su rumbo, habría que apoyar su iniciativa. Vendrán las del poder judicial a frenar las que faltan, todas las que sea preciso corregir o desechar. Esta transición no debe retar planes de verdaderos negocios para México.

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Lunes, 22 de Julio 2019 - 13:05
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PEMEX est negotium consilium

El muy esperado Plan de Negocios de Petróleos Mexicanos 2019-2023 fue dado a conocer ayer durante la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, un día después de que fuera aprobado por el consejo de administración de la empresa productiva del Estado.

Presentó el plan el director general de la petrolera, Octavio Romeo Oropeza, quien inició su presentación enumerando los problemas que enfrenta PEMEX:

  1. Caída en su producción de crudo en los últimos 14 años debido a una baja de los montos de inversión. Solo en los últimos cinco años la reducción fue de casi 600 000 barriles en promedio diario.
  2. En esos 14 años la caída de la producción fue de más de un 1.8 millones de barriles y en enero pasado la producción apenas era de 1.625 millones de barriles.
  3. De 2011 a 2018, el 45% de la inversión de exploración fue en proyectos de aguas profundas sin que hasta ahora se haya producido un solo barril. Ahora irá a proyectos de aguas someras y áreas terrestres. Con los mismos recursos se duplicará la exploración.
  4. La inversión en las refinerías cayó en los últimos años, lo que causó la disminución en la producción de refinados a mínimos históricos. En enero pasado solo se procesaron 507 000 barriles al día.
  5. Mientras se desplomó la producción de petróleo y de refinados, la deuda de PEMEX subió. De 2013 a 2016 se elevó de poco más de un billón a más de dos billones de pesos.
  6. Durante los últimos 10 años, PEMEX ha registrado déficits financieros debido, en gran medida, a la elevada carga fiscal. La empresa tiene ingresos por casi dos billones de pesos pero paga impuestos y derechos por casi un billón de pesos, que al sumarles el pago de intereses de su deuda se llega al déficit financiero.

Después de describir la situación que enfrenta PEMEX, Romero Oropeza presentó los planes para rescatarla:

  1. Se buscará reformar la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos para reducir la tasa del Derecho de Utilidad Compartida (DUC). La baja sería de un 7% en 2010 y de 4% en 2021, pasando el DUC de 65% a 54%. Esto dejaría 128 000 millones en la tesorería de PEMEX.
  2. Para complementar los requerimientos de inversión, el gobierno federal aportará a PEMEX 141 000 millones en el periodo 2019-2022.
  3. Adicionalmente, los Contratos de Servicios Integrales de Exploración y Extracción (CSIEE) que PEMEX firme con empresa privadas que se dediquen a la exploración y explotación le generarán 108 000 millones durante el periodo 2020-2023.

Después de presentar el plan, el reportero Misael Zavala, del diario El Universal, le preguntó a Romero sobre una supuesta inversión del gobierno federal de un billón de pesos para rescatar a la petrolera. El director general fue incapaz de responderle y dijo que “Hoy mismo les damos la información muy puntual de todo esto”.

Por causas que no tienen que ver con el Plan de Negocios hecho público, el peso y el índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores registraron leves bajas ayer. Una vez que el documento sea estudiado por las calificadoras, inversionistas, organizaciones financieras y analistas, veremos la reacción de los mercados y sabremos si es aceptado o no por quienes deciden el destino de las inversiones globales.
 

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