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partido Morena

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La 4ta Transformación y Porfirio Muñoz Ledo

En la demencial lucha por intentar conservar la presidencia de mesa directiva de la Cámara de Diputados para el dominante partido Morena, Porfirio Muñoz Ledo renunció a presidir los trabajos legislativos, el pasado martes 3 de septiembre, para reencauzar las negociaciones con los partidos de oposición que atinadamente acusaron “un agandalle” de la nueva mayoría absoluta. El show circense digno de tres pistas incluyó regaños desde la presidencia de la República, filtraciones de llamadas telefónicas de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, alguna frase creativa de las que acostumbra el expresidente de la cámara, una mentada de madre del propio Porfirio cuando creyó que el micrófono estaba apagado y 3 votaciones fallidas en el pleno hasta la ratificación de la nueva presidenta de la cámara de diputados, Laura Rojas Hernández y el vicepresidente Marco Adame, la noche del 5 de septiembre después de agrias negociaciones.

La figura erudita en materia constitucional de Muñoz Ledo había sido dominante e inversamente proporcional a sus controversias en eso que llamaban la izquierda del PRD. Supo incorporarse a Morena durante la exitosa campaña presidencial de 2018, que llevó a Palacio Nacional a Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Como presidente de la LXIV legislatura fue el encargado de colocar la banda presidencial en el histórico 1 de diciembre, momento cumbre de ambos personajes políticos.

En los tiempos del presidente Miguel de la Madrid, se atrevió a interpelarlo en su último informe de gobierno. En el mismo PRI de los tiempos de Luis Echeverría se le barajaba como presidenciable, pero al final la candidatura “a la grande” se decantó por su amigo de la infancia José López Portillo. El también Exsecretario de educación echeverrista padeció las grillas de Rosa Luz Alegría (a quien la mitología lopezportillista señaló como posible candidata presidencial) y Benjamín Hedding Galeana que le costarían el cese del cargo.

Durante los duros años de la incipiente oposición padeció los mayoriteos y desprecios del otrora partidazo tricolor. Paradojas políticas de la vida, le llevaron al lado opuesto de la moneda, después de la hecatombe electoral del 2018, toco al PRI encaminarse a ser un partido satélite, sin trascendencia nacional, sumido en los escándalos y apéndice de Morena.

En las elecciones de 1997 con el triunfo histórico del PRD en la ciudad de México, se logró romper con la hegemonía de las mayorías legislativas del PRI en la cámara de diputados, Muñoz Ledo encabezó el bloque opositor que respondió el histórico tercer informe de gobierno del entonces presidente Ernesto Zedillo. En su mensaje perfectamente articulado destacaron frases premonitorias de momentos de cambios como que nunca más un poder deberá estar subordinado a otro, y la joya de oratoria dedicada al expresidente: “nosotros, que cada uno somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos”.

Luego de diferencias lógicas e irreconciliables con Cuauhtémoc Cárdenas por la nominación presidencial del PRD, ya con AMLO como presidente del entonces principal partido de izquierda, Muñoz Ledo decidió abandonar las filas del partido que cofundó con el ingeniero, curiosamente ni el tres veces candidato presidencial ni el ahora legislador lograron su aspiración de obtener el máximo cargo público de México.

En el proceso de alternancia del año 2000, que llevó a Vicente Fox a la presidencia de la República, declinó su candidatura presidencial por el PARM y se sumó a la cargada que hizo posible la derrota del PRI en el nuevo siglo. Sin mayor peso e incidencia nacional, presidió algunas mesas sobre la reforma del estado y fue embajador de México ante las Naciones Unidas. El longevo político se fue apagando junto con el régimen foxista que terminó siendo un fiasco político más. Durante la controvertida elección presidencial de 2006 apoyó a AMLO y se volvió cercano al tabasqueño

Luego de dos procesos electorales junto a macuspanense, parecía retirado de la política, hasta que el amplio movimiento político que encabezó el actual presidente, le sumo como una figura parlamentaria reconocida y conocedora. Lejos estaba de imaginar el poderío legislativo obtenido con la nueva mayoría que resultó del denominado tsunami morenista.

Sin embargo Porfirio tiene en su biografía historias polémicas, como cuando en el año de 1968 se manifestó a favor de la represión de los estudiantes y cuando junto a Cárdenas e Ifigenia Martínez renunciaron al PRI, hasta que vieron truncadas sus aspiraciones de incidir en la designación presidencial.  

Muñoz Ledo comparte los claroscuros marcados propios del partido político Morena, ya que es capaz de exaltar las políticas públicas más necesarias y solidarias, así como enfrascarse en las grillas y contradicciones más estridentes. Polarizante, poco afecto a reconocer los errores, pero nunca desapercibido, el octogenario legislador, boxeador amateur en su juventud, señalaba la importancia de permanecer siempre bien parado en la política como en el pugilismo, para poder resistir los golpes y para saber atacar o contraatacar.

Ave de tempestades, inteligente, agudo mentalmente e innegable protagonista en los distintos momentos históricos de la alternancia y la transición democrática mexicana, su legado permanecerá, así como sus escándalos, y sus no pocas traiciones. El vetusto político lo retirará la avanzada edad y la lógica renovación de nuevos cuadros políticos, pero sus batallas, aciertos, pifias y excesos se quedaran para la posteridad de la política nacional digna del realismo mágico de la literatura latinoamericana. 

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Fecha: 
Martes, 10 de Septiembre 2019 - 13:05
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Martes, 10 de Septiembre 2019 - 15:20
Fecha C: 
Miércoles, 11 de Septiembre 2019 - 04:20
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Las oposiciones, Morena y AMLO

De alguna manera, varios analistas y comentaristas suponen que el estilo de López Obrador y la forma en que está centralizando el poder del Estado está construyendo una especie de priismo de los años 50, 60 y 70. La suposición tiene bases, pero puede estar equivocada. Hay indicios de que AMLO pudiera estar consolidando otra cosa. Bien mirado el asunto, ni en su génesis ni en su desarrollo la historia del PRI-presidente en turno y MORENA-AMLO se parecen. En el primer binomio, el PRI fue un aparato de control construido desde el poder que ya tenían los grupos posrevolucionarios. Por su parte, MORENA se construyó gracias a la iniciativa de un hombre, que utilizó a ese partido para conseguir el poder. Si génesis es destino, estos nacimientos partidarios pueden anunciar destinos diferentes.

A los presidentes priistas les interesaba lo que sucedía en el PRI, lo controlaban, lo disciplinaban, intervenían en todas las decisiones relevantes de la organización. Con el tiempo, el control, al igual que la Presidencia y el partido, se fueron desgastando. En cambio, al presidente López Obrador no parece importarle mucho su partido, sus pleitos o quien está en la dirección. Sólo parece interesarle que sea una eficaz correa de transmisión. Esto es así porque se asume por encima de “su” (literalmente) organización. Los presidentes priistas sabían que eran los encargados del PRI, no sus dueños; López Obrador sabe y actúa como lo que es: el amo de MORENA. No le importan los “pequeños” conflictos en el Senado o la disputa por la dirección partidaria que se decidirá el 20 de noviembre próximo. Sabe que en el momento que decida se hará lo que él diga.

El formato de la relación AMLO-MORENA le da fuerza al partido, pero al mismo tiempo es una causa de posibles debilidades. Esta aparente contradicción es fácil de explicar. Por un lado, la presencia del presidente le da un poderoso respaldo a la organización. Ahí están las diputaciones, senadurías y gubernaturas ganadas por cuasi desconocidos o desprestigiados políticos para demostrarlo. Por otro, la situación de MORENA es peor que la del PRD en el sentido de su cohesión interna, que ni siquiera tiene corrientes. Se cruzan opiniones mil, muchas veces sin relación, contradictorias. Se dirá que todos los partidos padecen de lo mismo y en parte esto es cierto, pero incluso organizaciones como el PRD o MC respetan ciertos lineamientos (no exageremos llamándolos principios), pero en MORENA sólo se escucha una voz.

Por el lado de las oposiciones es notorio el deseo de recuperarse de la noche a la mañana. Planean, proponen, exigen, esperan que el presidente cometa errores, hacen análisis y pelean entre ellos. Para las oposiciones hay un solo punto de partida real y otro sabido por todos, pero no asumido plenamente. El primero es: no hay recuperaciones fáciles ni rápidas. Todo lo que se haga significará picar piedra durante años. El presidente López Obrador se equivoca diariamente, miente diariamente, y no pasa nada. Sólo hasta que sus equivocaciones (o aciertos) le cuesten es que empezarán a ser provechosas para las oposiciones. Lo segundo, lo que todo el mundo sabe, es: AMLO ganó por varias razones, pero básicamente porque las oposiciones se esforzaron en perder. Si todos saben esto, ¿por qué seguir haciendo lo mismo?

Fecha: 
Miércoles, 21 de Agosto 2019 - 12:55
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Miércoles, 21 de Agosto 2019 - 15:10
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Jueves, 22 de Agosto 2019 - 04:10