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El Ejército y el caso de Tlataya, indios de América Latina y iPhone 6

Esta tarde me acompañan Antonio Castro Quiroz y José Luis Romero Hicks con quienes hablo del aumento de la productividad de los trabajadores y los bajos salarios, de los indios de América Latina y su situación económica y social, del Ejército y el caso de Tlataya, MEX, del iPhone 6 vs otros smartphones. Mónica Uribe comenta sobre las medidas disciplinarias ejercidas por el papa Francisco contra un monseñor polaco pederasta y un obispo paraguayo corrupto. Con Tere Vale discuto la situación que en el IPN provocó su directora general.

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Lunes, 29 de Septiembre 2014 - 21:00
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La Iglesia en México y el Mundo

La semana que pasó, el Papa Francisco hizo dos movimientos que dejan ver su compromiso con una purificación de las estructuras eclesiales. Por una parte, se ordenó la encarcelación del ex nuncio en República Dominicana, Joszef Wesolowski, acusado de abuso sexual en contra de menores, y de poseer paidopornografía. El segundo movimiento fue la remoción del obispo de Ciudad del Este, Rogelio Livieres, acusado de encubrir a sacerdotes acusados de abuso sexual, entre otros delitos, así como de condenar a sus compañeros en el Episcopado paraguayo por falta de ortodoxia, sin pruebas contundentes.

Lo que tienen en común ambos caso es que el Papa está procediendo jurídicamente, de manera abierta, en contra de quienes se ha comprobado que cometieron delitos penados por la Iglesia y Estado. Eso ya es un avance, pues con anterioridad, la Iglesia siempre buscaba proteger a sus miembros de la justicia civil, en la lucha por conservar los antiguos fueros eclesiásticos.

Hoy, por lo visto, el Papa jesuita - que por cierto celebró el pasado sábado 27 de septiembre el segundo centenario de la restauración de la Compañía de Jesús con sus hermanos de orden religiosa - no está dispuesto a someterse a los intereses de ninguna camarilla eclesial, a las que tanto critica por su “carrerismo” y por su auténtica falta de compromiso con la grey.

La destitución del nuncio polaco, evidentemente es un golpe al grupo promovido por Juan Pablo II, que ya cada vez es menos vigente y mucho por razones de edad. La destitución del obispo paraguayo es un golpe a los ultratradicionalistas, que no se aclimatan a las directrices del Pontífice argentino, las cuales, hay que decir, se ajustan más a los tiempos y son, con mucho, más humanas y de servicio a la feligresía.

El caso de Wesolowski es patético, pues se presentaba como un turista italiano que pagaba por servicios sexuales a chicos en las playas de Santo Domingo. Llevaba una doble vida entre la Nunciatura y las playas, por lo cual el Papa directamente decidió su arresto, no sin antes reducirlo al estado laical, es decir, ya no es sacerdote, aunque al parecer sigue manteniendo la ciudadanía vaticana.

En el caso del obispo Paraguayo, su remoción se debe a serios problemas pastorales, según el comunicado de la Santa Sede. Livieres, miembro del Opus Dei, se había comportado más papista que el Papa. Fue sujeto a una investigación ordenada directamente por Francisco y llevada a cabo por el cardenal español Santos Abril y Castelló, así como por Milton Luis Tróccoli, obispo auxiliar de Montevideo (Uruguay). Ambos encontraron serias deficiencias en la gestión de Livieres: denuncias por malversación de fondos, ruptura de la unidad episcopal por haber acusado de homosexualidad al arzobispo de Asunción, ordenaciones sacerdotales express, encubrimiento de un presbítero argentino señalado por supuestos abusos sexuales contra menores en los Estados Unidos y otras lindezas. La primera medida fue la prohibición de efectuar ordenaciones sacerdotales.

Livieres se defendió, acusando al clero paraguayo de estar enemistado con él, pero no le sirvió de mucho. Seguramente porque todo de lo que se le acusaba fue probado. El caso es que el Papa decidió “renunciarlo” y nombrar un administrador apostólico. Livieres no tuvo más remedio que plegarse a la decisión papal, mientras que, del otro lado del mundo, en Madrid, era beatificado solemnemente Álvaro del Portillo, sucesor de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. No es contradicción. Simplemente, el Papa no está negado a reconocer las virtudes de unos, aunque sean conservadores, y acabar con quienes dejan en mal el nombre de la Iglesia, sean quienes sean.

Y para rematar, el Papa nombró arzobispo de Chicago a Mons. Blase Cupich, antes obispo de Spokane. Liberal e identificado con el evangelio social, apoyó la candidatura de Barack Obama; no está peleado con las minorías: se mostró tolerante a las uniones del mismo sexo, ha detenido la estridencia de los grupos anti aborto, y es un asiduo promotor del diálogo interreligioso, por lo que es muy criticado por los tradicionalistas. Cupich sustituye al cardenal Francis George, quien presentó su renuncia desde 2012 y ahora le fue aceptada por padecer un cáncer sumamente agresivo. El cardenal George es muy cercano a Benedicto XVI.

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Fecha: 
Lunes, 29 de Septiembre 2014 - 17:30
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