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La Iglesia en México y el Mundo

Para Samuel González y Mario Zavala, queridos amigos y compañeros de las andanzas universitarias, con quienes he dialogado sobre estos temas.

Que el Papa Francisco haya recibido a un transexual y que le dijera que es hijo de la Iglesia ha causado conmoción, y mucha, en los círculos católicos conservadores. Tampoco ha gustado que llamara por teléfono a un joven granadino sexualmente abusado por sacerdotes de la diócesis de Granada, para pedirle perdón. También ha caído fatal que el Papa dijese que para ser buenos católicos no hay que reproducirse como conejos, y que reprendiera a una mujer embarazada por no tomar en consideración que será sometida a ¡una octava cesárea!, y que tiene otros hijos que cuidar.

La susceptibilidad de los conservadores ha sido herida por la llaneza del Papa, quien gusta llamar a las cosas por su nombre y no andarse con eufemismo. Incluso, en una editorial del sitio web Traditional Roman Catholic Thoughts le han llamado “un padre mental y verbalmente abusivo” que mientras juega con los chicos vecinos, se la pasa criticando a su propios hijos. Los vecinos son los protestantes, judíos, musulmanes, budistas y los hijos maltratados son los fieles católicos, o mejor dicho los fieles que prefieren seguir la tradición a ejercer la caridad, el sentido común y el respeto por las diferencias. Acusan al Papa -al vicario de Cristo mismo- de dar a los no católicos los argumentos para atacar al catolicismo. ¿En qué estarán pensando los conservadores? ¿Por qué les molesta tanto que el Papa se acerque a la gente y que busque a las “ovejas descarriadas”? Como hijos, tampoco son un dechado de virtud.

Lo cierto es que el Pontífice ha roto con una parte de la tradición y ha incursionado en una pastoral, que a falta de mejor nombre, se ha dado en llamar la pastoral de “los irregulares”. ¿Quiénes son? Los homosexuales, las madres solteras, divorciados, parejas de facto y demás porción del pueblo de Dios, excluidos de la vida litúrgica y sacramental, a pesar de que algunos son sinceros creyentes...

¿Por qué les molesta que el Papa se cuestione quién es él para juzgar? ¿Por qué tanta animosidad contra el sentido común?

La respuesta tendría que verse desde dos perspectivas distintas. Una, la de los laicos inconformes, escandalizados por un Papa que los pone ante las disyuntivas de la vida moderna que no quieren aceptar con el pretexto de mantener la fe. La segunda, sería desde el clero, especialmente el alto clero de la Curia Romana, que no concibe que el Papa esté señalando con tanta atingencia no sólo los errores, sino los pecados internos. Y peor, los está ventilando ante el mundo.

De la primera perspectiva, se puede decir que está focalizada en los sectores de laicos conservadores norteamericanos que ven con espanto que todo el discurso que los ha sostenido por siglos como minoría religiosa está siendo cuestionado. La identidad católica en los países de habla inglesa está fundada en la distinción frente al protestantismo opresor y se ha expresado en el mantenimiento de la tradición en las formas litúrgicas, y en una visión de la vida cuyos valores contrastan con la posición más secular de otras denominaciones cristianas. Al respecto, hay mucho que analizar, sobre todo porque el conservadurismo laical si bien tiene puntos en común, especialmente en lo que atañe a moral sexual y liturgia, en todo el orbe católico, también presenta enormes diferencias culturales. Por ejemplo, no es lo mismo el conservadurismo que se vive en América Latina, que está más vinculado a la emergencia de movimientos como el Opus Dei o Legionarios de Cristo, que el que se vive en Estados Unidos y que se relaciona con la identidad étnica y religiosa de comunidades migrantes.

Lo que hoy resulta sorprendente es que el discurso laical conservador que cuestiona al Papa Francisco sea tan parecido en cuanto a la nostalgia por Juan Pablo II y el renovado aprecio por Benedicto XVI. En ello, seguramente, las redes sociales han jugado un papel determinante. Hay sitios web en varios idiomas, como Rorate Caeli o el señalado al inicio de este texto, que continuamente están difundiendo las noticias procedentes de la Santa Sede y cuestionando su impacto sobre lo que ellos consideran la auténtica doctrina católica.

En la segunda vertiente, es el alto clero, molesto por los cuestionamientos a una pastoral anquilosada y distante de los fieles, el que se expresa críticamente contra el Pontífice. Por un lado están los obispos diocesanos, cuya voz no se hace sentir tanto como la de los curialistas, que muchos de ellos están verdaderamente apanicados porque los cambios propuestos por el Papa van en contra de sus intereses, tanto del grupo de Sodano, como del llamado lobby gay, como de los conservadores  - Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe,; Walter Brandmuller, presidente emérito del Pontificio Comité de Ciencias Históricas; Raymond Burke, ex prefecto de la Signatura Apostólica y hoy dirigente de la Orden de Malta, y los italianos Carlo Cafarra, arzobispo emérito de Bolonia y teólogo cercano a san Juan Pablo II, y Velasio De Paolis, presidente emérito de la Prefectura de Asuntos Económicos -. Estos últimos publicaron un libro Permanecer en la verdad de Cristo-Matrimonio y comunión en la Iglesia Católica, que salió a la venta en Italia y Estados Unidos en octubre pasado y dónde cuestionan todas las propuestas en torno a la aceptación de los divorciados y vueltos a casar en la vida sacramental.

No conformes con ello, tienen un vocero en la prensa: Vittorio Messori, un periodista italiano cercano a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, más papista que los dos antedichos y que no ha tenido empacho, incluso en cuestionar la legitimidad de la elección de Francisco.

Cada mes en su colaboración para el diario Il Corriere della Sera, Messori diserta sobre las acciones y los dichos del Papa Bergoglio, arrojando sombras acerca de cada uno de sus movimientos. Que si está condicionado por su experiencia exclusivamente latinoamericana, que sí dice una cosa un día y al otro lo niega, que si el discurso papal es para la prensa, que sí las periferias hoy son privilegiadas, que si la barca de la Iglesia carece de timón, que porqué va a Filipinas y no a España, etcétera, etcétera.

Da la impresión de que Messori es el vocero de quienes desean que siga oculto el desastre interno de la Iglesia. Que se queme la casa pero que no salga el humo. Lo que no entienden es que no se puede tapar el sol con un dedo, y justo, lo que el Papa quiere es que se purifique la casa a la luz de todos, porque la Iglesia es santa y pecadora, y sólo aceptando que ha pecado, será capaz de redimirse.

De ahí la importancia de que hoy, 9 de febrero, la comisión sobre la pederastia -integrada por 17 miembros entre los que hay laicos y laicas, sacerdotes, religiosos, especialistas, etc.- haya entregado los informes de los equipos de trabajo y las recomendaciones para convertir a la Iglesia en un lugar seguro para los fieles vulnerables por edad -  niños y adolescentes -, discapacidad o situación personal.

Entre los aspectos incluidos están: una pastoral para los supervivientes y sus familiares, la construcción de líneas para la formación de agentes pastorales en el tema; la difusión de las normas eclesiales y civiles que regulan las denuncias de abuso y la definición de los alcances de responsabilidad de los agentes pastorales al Iglesia al afrontar casos de abuso, por comisión, omisión o por hallarse en un cargo de autoridad.

Aún no es la propuesta final pero se trata de un avance considerable. Habrá que ver cómo reaccionan los conservadores a esto, pues en su respuesta a este tema se verá si su compromiso con la auténtica doctrina de la Iglesia es genuino o simplemente pretenden preservar el rito y la tradición sin una visión autocrítica y sin caridad para el prójimo.

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Lunes, 09 de Febrero 2015 - 17:00
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