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Y la culpa es de… ¿el diablo?

Miércoles, 12 de Junio 2019 - 12:20

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María del Pilar Cordero César

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El papa Francisco dijo en una entrevista (28 de mayo) a una reportera mexicana, “el diablo le tiene bronca a México, ¿por qué a México? Algo pasó ahí, porque si no, no se explica tanta cosa”.

La que escribe va a tratar de reflexionar “algo” de la “cosa” a partir del diablo. Sin ser un análisis exhaustivo lo comparto:

Primera reflexión: ¿Quién es el diablo? Justifiquemos su presencia:

Dice Ikram Antaki, el diablo es un ser de razón, no una criatura irracional. Es resultado de los esfuerzos del espíritu humano por encontrar una explicación lógica al problema del mal. Continúa Ikram, los politeísmos no lo necesitaban. Las religiones monoteístas, en cambio, necesitaban al diablo (principalmente la cristiana), si hay un Dios único que está en el origen de todo, del bien y del mal, entonces hay un problema. La única manera de evitar este escándalo es encontrar una explicación a la posibilidad del mal: así surgió el diablo. Continúa Ikram, paradójicamente, sólo Satán puede salvar a Dios, ¿cómo creer en un Dios único, todopoderoso e infinitamente bondadoso, si no hay un Satán encargado de los increíbles sufrimientos físicos y morales de la creación? ¿Cómo un dios perfecto podría crear un mundo tan lastimoso? La pareja es inseparable (2000). El dolor también es necesario en las religiones de salvación: si solo los fieles se salvan, ¿qué hacer con lo otros? (Antaki, 2000).

Nació de la religión, penetró en las culturas profanas que lo usó. La iglesia heredera del mismo personaje que ella creó, trató de relativizarlo, pero no puede negarlo sin negarse (Antaki, 2000).

Según Lewis, no hay más ser no creado que Dios. Dios no tiene contrarios. Ningún ser podría alcanzar una “perfecta maldad” opuesta a la perfecta bondad de Dios, ya que, una vez descartado todo lo bueno (inteligencia, voluntad, memoria, energía, y la existencia misma), no quedaría nada de él (2006).

Segunda reflexión: Diablo es lo contario de ángel tan solo como un hombre malo es lo contrario de un hombre bueno. Satán, el cabecilla o dictador de los diablos, es lo contrario no de Dios, sino del arcángel Miguel (Lewis, 2006). Los diablos no son de naturaleza diferente a los ángeles buenos, pero su naturaleza es depravada.

Para evitar atribuirle a Dios la creación de un ser malo, Agustín dice: “En el origen, Satán era buen ángel; pero, por orgullo, puso su confianza en la nada en lugar de ponerla en el ser; en esto consiste el mal; es un no-ser” (Antaki, 2000).

Tercera reflexión: Su representación. Al ser criaturas superiores a nosotros en orden natural, incorpóreas o que animan cuerpos de un tipo que ni siquiera podemos imaginar, hay que representarlas simbólicamente y se les confiere forma humana, porque  la única criatura racional que conocemos es el hombre (Lewis, 2006).

La representación simbólica del diablo o Satán ha sido diferente en los tiempos históricos; el diablo como imagen, como símbolo dependerá del contexto, de la época y del juicio crítico que sobre él se realice y de la religión de donde salió. La imagen más popular sale de las artes y la literatura.

Se pinta a los diablos con alas de murciélagos y a los ángeles con alas de pájaros, no porque nadie sostenga que la degradación moral tiende a convertir las plumas en membrana, sino porque la mayoría de los hombres les gustan más los pájaros que los murciélagos (Lewis, 2006).

Dice Antaki, en las artes plásticas estos símbolos han degenerado continuamente. Desde diablos seductores, atractivos, como un ángel, un ser perfecto y bello (desde las pinturas de Bernini y las de Bosco). En la literatura hay más peligro, ya que no son fácilmente reconocidos como simbólicos (Dante, Milton, Goethe). Los artistas vacilan entre un personaje magnífico o un monstruo horrible (2000). El diablo atrae más gente que Dios; la Iglesia reacciona. El concilio de Trento codifica sus representaciones: debe provocar terror (Antaki, 2000).

Cuarta reflexión: la satanización como arma política (miedo y control) y la neurosis. ¿Quiénes son los malos? Los de cuello blanco, los demás obedecen por miedo y por miedo a no-ser en la lógica del mercado y el consumismo.

Ya desde principios del siglo XIV la satanización se convierte en arma de propaganda política y, el diablo se transforma en la explicación universal de todo lo que molesta u obsesiona a la sociedad. Esta neurosis crecía con las catástrofes naturales y políticas (siglos XIV y XV).

Dice Lewis, el mal ya no se hace en aquellas “sórdidas guaridas” de criminales que a  Dickens le gustaba pintar. Ni siquiera se hace en los campos de concentración o de trabajos forzados (2006). En las empresas con sus contratos disfrazados para tener esclavos; las farmacéuticas que controlan la salud por un mercado de ganancias para los dueños; las guerras elaboradas bajo minuciosa y diabólica estrategia de mercado; el calentamiento global, del que las empresas contaminadoras sabían del “mal” que hacían, pero no se puede perder ganancias; la pobreza, útil para el capitalismo, el patriarcado que disfraza los derechos a las mujeres; la corrupción para ganar y eliminar despiadadamente a la competencia, y si se puede, con ayuda del diablo, eliminar a la competencia; la violación a derechos de  las minorías, son pocos, son las “nadies” como diría Galeano, no importan nadie los ve; las mentiras o medias verdades emitidas por medios de comunicación y el uso de las tecnologías que enferman y deshumanizan al hombre.

 Dice Lewis, en los campos vemos el resultado final, pero es concebida y ordenada (instigado, secundado, ejecutado y controlado) en oficinas limpias, alfombradas con calefacción y bien iluminadas, por hombres tranquilos de cuello de camisa blanco, con las uñas cortadas y las mejillas bien afeitadas, que ni siquiera necesitan alzar la voz (2006). Una sociedad sostenida con el miedo y la avaricia.

Y las múltiples amenazas planetarias por la  “adiaforización” (indiferencia moral ante determinados actos) dice Bauman, pues el mal (por lo demás, secretamente adorado) está donde se concentra el poder financiero y político. He aquí dos de las manifestaciones del nuevo mal: insensibilidad al sufrimiento humano y deseo de colonizar la privacidad, arrebatando el secreto de alguien, eso de lo que no debería hablarse ni hacerse público (2015).

Quinta reflexión: El mal habita en lo que tendemos a considerar como normalidad e, incluso como la trivialidad y banalidad de la vida cotidiana, mas que en casos anormales, patologías aberraciones y semejantes (Bauman, 2015). Satán, el diablo ya no es tan requerido, es el “mal” que se traduce en muchas “cosas”, porque la empatía y afinidad ya nos fue suprimida por quienes controlan los países, las empresas, los gobiernos, las instituciones.  Así que, ¿quién es el culpable de lo que pasa en México?

El papa lo justifica desde su postura religiosa y creadora del diablo, pero ¿su racionalidad justifica el “mal” causado por los pederastas aun cuando lo sabía?

Bajo estas reflexiones, aún no sé qué es el algo…¿es el mal? ¿Es el diablo? ¿Satán? ¿El chamuco? ¿La iglesia? ¿La SEP? ¿El gobierno que dejó Peña?  Y las cosas a las que se refiere (que no sé cuáles), ¿quiénes las hacen? Y en México, el diablo al ser racional y poderoso, inteligente, astuto, mentiroso, holgazán, lo que menos hace es trabajar y ¡aquí habría mucho trabajo!

Así que, ¿a quién le echamos la culpa?

 

Referencias:

Antaki I. (2000) El Banquete de Platón, Religión. México. Mórtis

Bauman  Z. (2015) Ceguera Moral, la pérdida de la sensibilidad en la modernidad líquida. México. Paidós

Lewis C.S. (2006) Cartas del Diablo a su sobrino. New York, E.U. rayo

El País (2010, 28 de mayo). El Papa: El diablo le tiene bronca a México. https://elpais.com/sociedad/2019/05/28/actualidad/1559062828_788969.htm


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Número 35 - Noviembre 2019
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