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¿Violencia?

Martes, 24 de Noviembre 2015 - 17:30

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El Navegante

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Quizá Isaac Newton en 1687, fue el primero en abordar el fenómeno la violencia con parca elocuencia en su obra Principios matemáticos de la filosofía natural.

Él explica la tendencia a la conservación del estado de cualquier elemento del universo, en tanto no sea obligado a cambiar ese estado por fuerzas impuestas sobre él. Es decir, a no ser que su estado sea violentado. (Primera Ley de Newton)

Aplicado originalmente a la mecánica del movimiento, este principio puede ser contextualizado y aprovechado, traspolado íntegramente a los principios fundamentales de las ciencias que estudian la conducta. No como la Ley de la Inercia, por supuesto, sino como argumento epistemológico de la dinámica de la existencia, como la fisiología de la evolución, como la naturaleza de la supervivencia. Más allá de una conceptualización eminentemente física, asignarle un lugar en el universo de la consciencia, donde los elementos esencialmente son pensamientos, son: significados interrelacionados.

¿Qué es entonces la violencia, sino la capacidad de alterar el statu quo?, y ¿qué es el statu quo, sino la inercia del universo?, entendiendo al universo tanto en el contexto físico, como en el contexto psíquico; y que en último de los casos, es ahí, en el contexto psicológico, en donde se determina la conducta humana que observamos en el universo físico.

Si aplicamos una fuerza a un elemento, de tal forma que alteremos su estado, estamos generando violencia. Si hacemos chocar un pensamiento, una creencia, una idea, con otro pensamiento que altere su estado, que modifique su inercia, estamos generando interferencia psíquica, emociones, violencia.

El statu quo del pensamiento, su inercia, es un universo formado por creencias, ideas, valores, paradigmas, conceptos; estructuras sistémicas de razonamiento, algunas extraordinariamente sólidas y otras en proceso de formación. Cualquier alteración a esta infraestructura de información, constituye interferencia, un acto de violencia.

No estamos juzgando si la violencia es buena o mala, el hecho aislado de comprender esta lectura, el proceso cognoscitivo en sí, es un acto eminentemente violento, y constituye una confrontación entre la inercia de un sistema de pensamiento previo, frente a los nuevos pensamientos que rompen, chocan y se integran conformando pensamientos y significados nuevos, o alterando los pensamientos almacenados previamente en la memoria. De este choque violento depende frecuentemente la dificultad y la resistencia en el aprendizaje, y todas las emociones que de ello se desprenden.

Ya en la mecánica, para modificar el estado, según la segunda Ley de Newton, el efecto causado en el statu quo, la alteración de esta inercia, la medida del ímpetu es proporcional a la fuerza impresa. Sin embargo en la conducta humana esto no sucede así. La medida de ímpetu rara vez es proporcional a la fuerza impuesta.

La violencia, o fuerza necesaria para provocar una alteración, puede ser diferente en todos los casos, aunque sus condiciones sean aparentemente las mismas. Puede no manifestarse una alteración debido a los efectos de la resiliencia o puede presentarse de manera descomunal y alterada, debido a la energía psíquica potencial acumulada en resonancia con el mismo significado de la fuerza aplicada. Es decir: 1. Se puede absorber y almacenar energía de deformación con la consecuencia de no manifestar ningún fenómeno objetivo (tolerancia) 2. Puede presentarse una respuesta proporcional a la fuerza impuesta. Y 3. Puede sumarse a la energía potencial acumulada y estallar abruptamente en una respuesta aparentemente fuera de contexto (reacción explosiva).

Si bien la Ley de la Inercia puede aplicarse sin desviación para entender la deformación o alteración del statu quo como elemento de violencia. La Ley Fundamental de la dinámica (segunda ley de Newton “interacción y fuerza”) y el Principio o Ley de acción-reacción (tercera Ley de Newton), pueden ser sólo una metáfora funcional del psiquismo que induce y conduce los cambios del desplazamiento (la violencia) en el universo.

Por otro lado, como hemos mencionado, el efecto de la resiliencia o la fractura de la estructura psíquica segmentan y deforman la respuesta del ser humano frente al statu quo o continuo cosmológico. Pero principalmente desencajan la lógica aparente de este continuo. Asumamos entonces que: Cualquier alteración visible o no visible del statu quo, físico o mental, constituye un acto de violencia. Siempre desde la perspectiva del receptor de la fuerza de alteración.

Sobrevivir es intrínsecamente un acto violento. En el sentido físico, la violencia es bastante elocuente, implica la destrucción de algún elemento del universo. El acto de alimentarse es sin duda un acto violento. Sin embargo, en el ámbito psicológico, la violencia sólo es una referencia subjetiva del sujeto violentado, que es quien experimenta la violencia, quién recibe la fuerza de alteración. No se concreta la violencia psicológica si el sujeto, objeto de la violencia, no se siente violentado. La observación de terceros, sólo es un juicio, y no tiene más valor que el contenido social establecido.

Otro aspecto injustamente definitorio de la violencia psicológica, probablemente sea la tolerancia. Mientras exista esa capacidad de absorber esa fuerza, de sobreponerse a ella, no se considera violencia. Sólo hasta que se fracture y reviente la estructura emocional del sujeto, sólo entonces se reconoce la existencia de violencia. No hay medida, no hay patrones, sólo paradigmas sociales, juicios, sujetos más o menos tolerantes, con una psique más o menos resiliente.

En esta ocasión concluimos que la violencia: es sólo cuestión subjetiva de la percepción.


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Número 35 - Noviembre 2019
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