Viene, Viene. ¡Humanicidios! “La cosecha de mujeres, nunca se acaba”

DISCLOSURE: Dada mi condición “humana” de 50% hombre, 50% mujer; y mi estructura cromosómica de mitad XX y mitad XY: la mitad de esta columna...

9 de marzo, 2020

DISCLOSURE: Dada mi condición “humana” de 50% hombre,  50% mujer; y mi estructura cromosómica de mitad XX y mitad XY: la mitad de esta columna se declara en paro y sin movimiento; mientras que la otra “media-mitad” hace como que se para y se sigue moviendo.  ¡He dicho!

Si me diesen a escoger entre ser feminista o ser “masculinista” –término  que tiene derecho a existir– prefiero intentar ser “humanista”. Hay “movimientos” que por muy “pro” o muy “contra” que se manifiesten, terminan por dividir; dejando de lado hasta las causas más nobles que dicen defender. 

Adelantándome a juicios adelantados, me desmarco de simpatizar con el actual gobierno y con todos los anteriores. ¡Todos! rémoras que han impedido que en México se haga justicia a la justicia, desde la época precolombina hasta la fecha y sin tener para cuando.  

Por lo pronto, de una manera o de otra, las “olas” de violencia nos están empujando a “todas” y “todos” a “surfear”; entre el dolor, sobre el dolor y hasta “al margen” del dolor propio y ajeno, so pena de que nos ahoguemos. 

Así que “con el permi…”.

Hasta entre razas ¡hay razas!, ¡’ora raaaza! 

¿Feminicidios… homicidios…? ¡Humanicidios! (Real Academia: ¡Apúntenme el término!).

El estilo de vida estandarizado con proclividad a la simplificación está enfrentando las consecuencias de torcer la evidencia de sus propias experiencias. 

La utópica aspiración de un mundo “democrático”, inspirado en buena manera en el dogmatismo del “dejar hacer, dejar pasar” surgido en el siglo XVIII, comienza a probar su ineficacia. 

Tristemente para algunos y “algunas” e irremediablemente para Tutti Mundi: ¡no somos iguales! Nunca lo hemos sido, nunca lo seremos. La esencia maravillosa de la especie humana radica en sus “diferencias”. ¡No existe una persona igual a otra! Ni aún tratándose de gemelos monocigóticos o “medias naranjas”. 

Pero sin hacernos bolas: “Desigualdad” no es sinónimo de “injusticia”. Se requiere “equidad” si partimos de que la justicia ha de ser equitativa, “ciega y pareja”. Ciega para evitar favoritismos y pareja para no tener inclinaciones. 

Pero pa’l caso que me interesa, que es ¡México!, echémosle un trapazo a acontecimientos recientes, surgidos a partir de la “era martiana”, de “Madtita”,  con su subliminal intento de penetración en el “inconsciente popular, mas no colectivo”, vía su neologismo gramatical de “las y los” para pintar su raya y, llegado el momento, marcar distancia con “Viddente”. El macho gacho, autor de la filosófica concepción de “lavadoras de dos patas”. ¡Ay Wey! 

Con todo y la nobilísima aportación de “la pareja dispareja” de convertir la Rotonda de los “hombres” –¡Ay, nanita!– Ilustres, en la  Glorieta de las “personas” más ilustres todavía; más que el impulso para la participación de “género”, el interés de la parejita era la prolongación de sus asentaderas en La Silla. ¡Ya se veían! Marta-Evita y su charro pachentero: él en San Cristóbal, sembrando de la verde, y ella, ¡dándose las tres!, rezándole a Malverde. Pero no les salió. 

Brinco y aparte sucedería con el principado de los Calderón; cuya intención hasta la fecha sigue dando de qué hablar. ¡Lo que es el poder, joder! Pudiendo haber hecho ¡tanto! y haberla embarrado. Id est ¡La guardería ABC! Si algunas terminaron “violentadas” en su más esencial condición de “mujer” fueron las madres. Por “diferencia de género” –con  todo respeto al dolor paternal– un hijo muerto, quemado o mutilado, le duele distinto a la madre que al padre. Me atrevo a afirmar que más a ella, con todo y que ella, es capaz de aguantar más el dolor, por condición tanto biológica, como psicológica, aunque las desviaciones “culturales”, a lo largo de la historia, hayan intentado parecer lo contrario.  

A propósito de “cultura”, pero política, algo que no tiene desperdicio ni “autora de sus días” es la patraña impulsada por Quique, “el Gvioto”, con sus guaperías (según consta en “actos” asiduo abusador de “mujeres”). Una patraña demagógica y mañosamente aprovechada por “las y los” diputadas y diputados; y “las y los” senadoras y senadores de las cámaras y “cámaros” del “Congreso y la Congresa” de la Unión. 

A fata de quorum, incapacidades y ¡hueva! para no trabajar a “conciencia” en la selección de legisladores, legisladoras y “legisladoros” que contasen con “proba” y probada trayectoria, les dio por inventar la jalada del 50-50 de féminas y “féminos” en las bancadas y los bancados. Y así emparejar el corral y evitar que llovieran desde gayola rechiflas y agua de piña. No importó quiénes ocuparan curules y escaños. Les dio igual, con tal de llenar las cuotas con cuates y cuatas. 

De haber hecho una insaculación –sin  albur– a ciencia y conciencia, igual y hubiesen elegido al 100% de mujeres; sin necesidad de rematar la Máxima Tribuna de la Nación al 2×1. 

Acaso, fieles y mártires seguidoras y seguidores del “Viene-Viene” (Columna de la independencia del redil social), acaso ¡háganme caso!: ¿no son estos ejemplos de “uso y abuso” de La Mujer para fines estrictamente electoreros? Y “lo más pior”; detrás de esas mañas no solo hay varoncitos, sino también mujercitas. ¡Paca-Telas!   Urbi et Orbi ¡Totus! incapaces de crear un “marco jurídico” que termine de una vez por todas con el crimen y la impunidad. 

Ni qué decir de la explotación pedófila utilizando a niñas y niños en “campañas” radio, tele y webadifundidas, mientras la Constitución y las leyes que de ella emanan, prohíben todo tipo de trabajo infantil.  

Pero dejemos la terrenal condición de la “mexigrilla” y adentrémonos en la sapiencial antropología, esa que nos enseña lo que hemos sido como especie, para evidenciar aquello en lo que nos estamos convirtiendo. 

Según consta en los anales de las caricaturas de los “Picapiedra”, Vilma y Pedro ya establecían “convencionalismos”. Formas de conducta que les “convenían” a ambos. Vilma cuidaba, velaba, protegía la cueva. Sembraba y cosechaba. Elaboraba la comida para Pebbels, Tábata y su familia. Y Pedro se salía a rajársela en la cacería para llevar el sustento. La diferencia de roles no acomplejaba a ninguno. Y –“daba, daba dú” – en cierta medida, hasta “felices” se veían. 

Pero los sanos y desacomplejados roles cavernícolas se fueron desdibujando y complicando con el paso de los milenios. Había que ponerle un “tate-quieta” a la parte de la especie que evidentemente era más fuerte ¡La Mujer! Fortaleza evidenciada y pública, no por quedar bien, ni por grilla, sino por observación estricta de la propia “Naturaleza”

¡Desmiéeeentanme! Fue Eva, y no al revés, quien “tentó” a Adán, y el pobre infeliz sucumbió ante los encantos de aquella. Por principio, parece que el tipo no era muy bien parecido o bastante bruto. Poco atractivo. Pero a falta de otro a quién elegir, Evita tuvo que conformarse con el bulto. Probablemente ahí comenzó el mecanismo de “selección” de la mujer. Es ella quien elije o rechaza al varón. Ella quien posee el “derecho natural” –más que humano– de decir: “Sí o No”. Y cuando “nos” dicen “NO” ¡Ouch!, cómo duele. Ello nos “lastima” como género porque nos demuestra que “ellas”, por principio, son quienes “deciden”. No es de “gratis” que por milenios se haya intentado marginarlas y en tantos casos resulten “forzadas”, obligadas a actuar más allá de su propia naturaleza, tendiente a la “conservación de la especie”. 

OJO y CUIDADO: ¡Toda acción no-consentida! por la mujer o no consensuada con ella, es “por natura” una violación “contra-Natura”. Aplican restricciones: también opera para todo “ser humano”. Hay probados casos no solo de hombres abusadores; también de mujeres abusadoras, hasta de otras mujeres; y también de varones, quienes terminan siendo abusadores. “Lo nuestro, lo nuestro”, ese matriarcado tan subrayado por la mujer quien queda sola al mando de la prole, ofendida, abusada y sobajada, tiene por ¡necesidad! por “instinto de sobrevivencia” que ser “dura”, enérgica, y –en  muchos casos– hasta violenta con la prole. Porque se quedó sola y con toda la carga. Apresada en una realidad no buscada ni esperada. ¿Qué puede ser de una prole descendiente de un padre ausente y una madre ultrajada de origen? Más que el “género”, es la disfunción de la especie. 

No obstante, la fuerza connatural de la mujer le permite no solo hacerse cargo de la cueva, la prole, la siembra y cosecha de alimentos, sino hasta de “romper” con el rol natural de “proveeduría” y ser ella quien salga a “cazar” el sustento para todos.   

El otrora llamado “sexo débil” ha sido desde siempre “el sexo fuerte” de la especie. No hay que echarle mucha ciencia para demostrar que son las embarazadas –y  no los embarazadores– quienes llevan a cabo el ciclo completo del proceso gestatorio a partir de la concepción. A “todas” y a “todos” –para bien o para mal– nos parió nuestra madre. De haber sido papi el “fuerte”, hubiese sido el paridor. Aunque se habría visto realmente ¡ridículo!, ¿se imaginan al varón dando “a luz” por “allí…”? ¡Ouch!

En verdad os digo: las féminas cuentan con una estructura fisiológica, morfológica, psíquica y ¡hasta emocional! muy superior a la de los “féminos”. Estos últimos, tenemos que participar con “centenas” de espermatozoides para fecundar “un solo óvulo” (gracias por participar). Son ellas –y  no nosotros– las encargadas de cargar con el verdadero “paquete” de la procreación.

Por otra parte, el cuerpo calloso –zona  que une y comunica a los dos hemisferios cerebrales– en el caso de la mujer es mucho más ancho y tiene una mayor actividad neuronal, lo que las dota de mayor capacidad para procesar información y combinar con mayor rapidez la actividad racional y emocional del cerebro. ¡Cual “sexto sentido”! El puritito callo. Por eso saben mejor no solo lo que quieren, sino ¡lo que no quieren!

Por su propia constitución, la mujer tiene mayor capacidad sensorial, visual, auditiva, gustativa y olfativa. Al tener más terminaciones nerviosas, su piel es mucho más sensible. Ven “mejor” y más allá. Escuchan “mejor” y hasta lo que no es importante. En realidad “todo” les interesa. Degustan mejor en todos los sentidos. Y su olfato es mucho más refinado y exquisito. Por eso los “perfúmenes” se inventaron para ellas; y para que ellas nos “sulibellen”. 

Por algo ha de ser que los departamentos de “quejas”, “atención al cliente” y hasta las trincheras revolucionarias y las manifestaciones ponen al frente a “mujeres” a dar la cara porque saben manejar mejor las situaciones. Cuando papi no está ausente, generalmente se le escucha decir: “Pregúntale a tu madre”. 

La mujer tiene mayor capacidad de supervivencia. Hay más niñas sobrevivientes de cuna que niños. “Duran más”. Hay más viudas que viudos. Tienen mucha más resistencia al “dolor” físico y emocional. Hay más enfermeras que médicos y las primeras hacen mejor diagnóstico, porque son las que ejercen la verdadera praxis médica.  Por fortaleza, las mujeres sobreviven a los hombres. Étnicamente hay más mujeres que hombres en el planeta.

Son “multi-task” (Multi-tareas). Pueden manejar un auto, pintarse, sacarse las cejas, usar el celular, memorizar la receta que escuchan por la radio y mentarle la madre al de junto. Además de poseer una memoria de “elefanta” donde guardan y “no olvidan” ni el más ínfimo de los detalles. No obstante, son más “condescendientes” y terminan por ser más nobles que hasta se dan el lujo de “perdonar”. Y no por ser “mejores personas”, sino porque procesan, evalúan y administran mejor la información y las consecuencias. Y no pierden la vida en pendejadas. (Ego me absuelvo. Soy de lenguaje limitado).

Quienes están buscando y han buscado desde siempre a sus familiares desaparecidos, son, en su mayoría, ¡mujeres! Una prueba más de su “fuerza de género”. Aun “muertas en vida”, conserven la esperanza desde la desesperanza. Aunque la mayoría de los desaparecidos y los cadáveres encontrados sean “masculinos”. ¡Algo está podrido en Dinamarca…! ¡Imagínense en México!

En determinados casos, son capaces de mimetizarse al punto de no ser “reconocidas” por la visión reducida del varón. Capaces desde “fingir un orgasmo”, hasta de tener más de un amante. Mientras nosotros los hombres –bruto  del vientre materno– ni en cuenta. El primer engaño que cometemos, la primera mentira, se nos nota hasta en el parpadeo. Ya no digamos lo que nos sucede después de nuestros efímeros y esporádicos orgasmos.  

¡Aguas! En términos de estabilidad mental y emocional, por su estructura integral y “nobleza” –como  parte de la especie–, la mujer ¡no engaña, siente! Y cuando algo no quiere o rebasa sus límites, simplemente ¡cambia de bulto! Es más, muchas veces ¡ni siquiera lo necesita! 

¿Será por eso que resulten tan “temibles”? 

Más que marchar, hagamos el intento como “género humano” para que nos “suba el agua al tinaco”.

Será que las mujeres, por ser “seres superiores” en la especie –ni  modo– ¿tenemos derecho los hombres a molestarlas, acosarlas, ofenderlas, agredirlas, atacarlas…? 

¿Y ellas, tendrán derecho a permitirlo, fomentarlo, no advertirlo, no señalarlo, no denunciarlo… y peor aún, a multiplicarlo y replicarlo, consintiendo y hasta soportando “nuestras” bajezas; desde la más mínima expresión de agresión vía el albur, el piropo majadero o el manoseo, no solo a la mujer, sino a la “persona”?  

Parece que ¡otra vez! –como  en el Principio– La Mujer es quien puede sacarnos adelante y fuera del atolladero en que nos hemos metido como especie. 

Desde una perspectiva de género “masculino”, si algo podemos hacer es pedirles “perdón” –con  hechos– y pagar nuestras propias consecuencias en la medida que les hayamos faltado. Y simplemente ¡No estorbarles!  Más que por su bien, ¡por nuestra propia sobrevivencia! como especie, más nos vale que “La cosecha de mujeres, nunca se acabe”.

 

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