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Un balance a 30 años de libre comercio

Jueves, 09 de Abril 2015 - 17:30

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Héctor Barragán Valencia

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A 30 años de una radical liberación comercial en México, ¿cuál es el resultado? José Antonio Romero se dio a la tarea de responder a esta y a otras preguntas relacionadas con la apertura de la economía del país al libre flujo de mercancías y de capitales. El estudio tiene una muy amplia y sólida base empírica que compara con los dichos y la ideología de los liberales económicos ultramontanos. Prueba que la productividad se estancó cuando se expuso a la competencia extranjera irrestricta a la industria mexicana, la cual fue dañada irreversiblemente. También ofrece información suficiente para concluir que este factor es la causa principal del crecimiento explosivo de la economía y el empleo informales. Asimismo, revela el efecto negativo que tuvo en la inversión.

Romero también prueba que es un mito que las ganancias netas de la liberación comercial, como la instrumentó la elite gobernante, son positivas y sus beneficios compensan a los perdedores y mejoran las condiciones de toda la población. Es decir, la apertura comercial irrestricta juega un papel relevante en el incremento desmesurado de desigualdad social en estas tres décadas. Dicho efecto es resultado, entre otras cosas, del magro impacto de las importaciones en la producción nacional total. Si bien las exportaciones brutas representan 12.7% del PIB, las exportaciones netas, es decir, descontando los bienes que se importan temporalmente para después exportar productos acabados (manufacturas) representan apenas 2.9% del producto nacional, comparado con 3.5% de la exportación de petróleo.

Por este motivo no es extraño que el desplome de los precios internacionales del petróleo y la caída de las exportaciones de esta materia prima hayan golpeado tan severamente a la economía y a las finanzas públicas este año, y se anticipa otro duro golpe para 2016. Pero, como se indicó arriba, el mayor mentís a la liberación comercial sin brida es que traería inversiones extranjeras sin límite que suplirían con creces la contracción de la inversión productiva del Estado y que a su vez estimularía la inversión empresarial mexicana. La realidad fue muy distinta: la inversión privada nacional cayó de 5.7% anual entre 1940 y 1982 a 3.5% entre 1983 y 2011. Por su parte la inversión extranjera bajó de 3.2% anual en el primer periodo a 3.1% en el segundo. En términos absolutos la inversión fija bruta cayó de 26% del PIB en 1981 a 22% en 2011. La liberación comercial no nos llevó al Paraíso. Por tanto, urge revisar qué funciona y qué no, para mejorar las políticas económicas y enfrentar los desafíos de la desigualdad y pobreza, y la caída del petróleo.


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Número 35 - Noviembre 2019
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