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Totolapan y el fin del Estado de derecho

Martes, 20 de Diciembre 2016 - 15:00

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Israel Aparicio

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La pequeña población de Totolapan, Guerrero, es el ejemplo más crudo y palpable del estado de excepción que existe en muchos municipios en México, su crónica surrealista sobre cómo se negoció el intercambio de secuestrados y rehenes entre los pobladores y el grupo delincuencial conocido como “Los Tequileros”, muestra el desolador estado de vulnerabilidad en que viven miles de mexicanos en pleno territorio nacional.

El pasado 14 de Diciembre culminó el intercambio del ingeniero Isauro de Paz Duque, secuestrado por la banda delictiva encabezada por Raybel Jacobo Almonte, líder de “Los Tequileros”, quien con mediación del gobierno estatal de Guerrero, encabezado por Héctor Astudillo, coadyuvaron en las negociaciones para el intercambio con las surgidas autodefensas de Totolapan, quienes impotentes por las constantes vejaciones y secuestros, retuvieron a la madre del líder del grupo delictivo, para obligarlo a negociar el citado intercambio.

La población confesó, que sabían las dimensiones del peligro al que se enfrentarán cuando “Los Tequileros” busquen represalias por organizar el intercambio de rehenes, ya que sus acciones de resistencia ya no cuentan con un punto de regreso o negociación posible. Ante un escenario tan terrible, donde no existen suficientes policías municipales y estatales, o las que existen están coludidos con el crimen organizado, el municipio recibe poca atención del gobierno, salvo en estos escandalosos casos.

Además, que no existe ninguna autoridad gubernamental que haga valer el Estado de Derecho en la zona desde hace mucho tiempo, pues el grupo delictivo ha actuado con total impunidad, al grado de que entre los pobladores de Totolapan conocen a los familiares y cómplices, sin que ningún poder ejerza acción preventiva o penal, en contra de los secuestradores. Es con todas sus letras, un estado de excepción dominado por el crimen organizado, donde la única opción de supervivencia es defenderse por sí mismos, tomando la ley de la selva, en pleno sigo XXI, en un país que presumiblemente no mantiene guerra contra nadie.

Lo más terrible de esa realidad de pesadilla, es que el mismo gobierno estatal de Guerrero actuó como mediador en el intercambio de rehenes, entre fuerzas de autodefensas y el grupo delincuencial, al que no ha podido, o no ha querido buscar y encarcelar. Y llama la atención que ningún miembro relacionado, o que forme parte activa de “Los Tequileros”, haya sido detenido bajo el mínimo cargo judicial.

La teoría política de Max Weber que menciona al estado como el actor con el monopolio de la violencia legítima se perdió en San Miguel Totolapan, y se claudicó ante el poder real del crimen organizado y el narcotráfico, propiciando el caldo de cultivo para que “Los Tequileros” actúen impunemente contra los pobladores, que abandonados por todas las instituciones del Estado Mexicano, decidieran defenderse a sí mismos, cuando entendieron que nadie del gobierno les puede garantizar su seguridad.

Se sabe de antemano que cuando Totolapan deje de ser noticioso, concluya la cobertura mediática, policial, y de gobierno estatal, para ceder espacios a otros conflictos de interés nacional, los pobladores quedarán sujetos a su suerte. Solamente se regresará la atención periodística y gubernamental cuando se reporten los enfrentamientos y las represalias que se tomen entre las autodefensas y el grupo delincuencial, ya que los pobladores retuvieron a 19 personas que presuntamente están coludidas con el grupo de secuestradores y fueron entregados a la policía federal para que se le investigue, donde destacan una regidora del Ayuntamiento y un presunto delincuente que tiene orden de presentación por acusaciones de secuestro.

El enorme semáforo rojo que es el estado de Guerrero, con el caso de Ayotzinapa como estandarte, le suma un foquito más en la conflictiva geografía de la Entidad Federativa con mayores índices de subdesarrollo, ahora con enormes problemas de inseguridad, amplias zonas de estado fallido, y un paraíso para grupos delincuenciales y cárteles de la droga.

La insostenible situación obligó al gobierno estatal y federal a crear el Grupo de Coordinación Guerrero, donde se incluyen policías federales, ministeriales y fuerzas armadas, que buscan rescatar a todas las personas que han sido reportadas como desaparecidas. Este Grupo informó que los “Los Tequileros” son una célula delictiva que se escindió del cartel “La Familia Michoacana”, que se dedicaba a la siembra y trasiego de amapola, pero que debido al desmembramiento de los grandes carteles, la célula delictiva ahora busca recursos a través del secuestro, y se encuentra asentada en la zona desde hace por lo menos siete años.

El ingeniero Isauro de Paz Duque y Yadira Guillermo García, esposa del empresario secuestrado y negociadora con el grupo delincuencial de “Los Tequileros” se han manifestado a favor de continuar constituidos como autodefensas, ya que temen por sus vidas y las represalias que presuntamente tomará Raybel Jacobo Almonte por haber forzado el intercambio del ingeniero por la madre del delincuente. Es una declaración de guerra civil en la zona de Guerrero, donde ya nadie cree en la posibilidad de restablecer el Estado de Derecho.

De muy poco han servido los cambios de gobiernos estatales, municipales y federales en Guerrero, pues el enorme poder económico, militar, corruptor e impunidad del crimen organizado y el narcotráfico, han dejado en el abandono a poblaciones como Totolapan que solo pueden optar entre ser desplazados de sus lugares de origen, u organizarse y armarse para su autodefensa en el fracasó más claro y estrepitoso del Estado de Derecho en el país.


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