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Tormentoso

Jueves, 12 de Noviembre 2015 - 17:30

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El Oso Travieso

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La magnitud del fenómeno meteorológico llamado Patricia, que pude captar gracias a las imágenes satelitales, me generó un sentimiento de pequeñez e impotencia ante la monstruosa majestad del fenómeno meteorológico.

La voluntad de Dios, la fe de los mexicanos, la intercesión de la Virgen de Guadalupe, o las todavía no estudiadas veleidades de los vientos sometidos al cambio climático impidieron que se consumara la gran tragedia que se presagiaba.

Sumido en las amenazadoras imágenes de mi computadora, las del espacio, de los lugares probables de arribo a tierra, los vientos, los preparativos, refugios, evacuaciones, angustia, temor, familias, niños, coches, indigentes, mi mente trajo los recuerdos de tantas tragedias vividas o captadas por los medios y así renacieron el temblor de 1957 que viví a dos cuadras del derrumbe de un edificio de Frontera y Álvaro Obregón; el incendio de San Juanico con sus quemados y bronceados por el flamazo; el demoledor sismo de 1985; las imágenes del tsunami, Chernóbil, terminando con un ruego a Dios por los que iban a perecer en esos días.

Todo quedó en susto. Pasada la avalancha de buenas noticias regresamos a la vorágine diaria y se me dificulta encontrar la punta de la hebra para desenredar la madeja.

Quisiera poder obtener una fotografía satelital que mostrara las corrientes de opinión dominantes en nuestro país, el sentido y la fuerza de cada una, asignándole el valor adecuado: las minorías con sus gritos desaforados, teniendo o no razón, las mayorías silenciosas, que con sus diarios esfuerzos nos sostienen, y que, teniendo opinión, no externan sus pensamientos ya que están realmente ocupadas en construir un mundo mejor. Sin duda sería una foto tan impresionante como la de Patricia.

El ruido aturde, mejor hagamos música, intentemos darle armonía, orden, sonidos y silencios acompasados a ver si nos es posible componer una sinfonía; en nuestra calidad de principiantes tratemos de componer algo parecido a Los Bosques de Viena aunque al final nuestro resultado sea Dos Arbolitos. Tomemos tres temas: corrupción, educación y pobreza.

De éstos tomemos uno por uno y hagamos algo.

La corrupción florece como nunca, ignorancia e impunidad abonan el caldo de cultivo que se da en las áreas gubernamentales. Nuestro deber está en empezar por cada uno de nosotros dejando de participar en ella, seguir irrestrictamente leyes y reglamentos, conocer nuestros derechos y cumplir nuestros deberes, la multa por no tener bien puesto el cinturón de seguridad fue de $126.00 en Cuautitlán Izcalli que gustoso pagué sin darle mordida al agente. Decimos que el derecho al pataleo es irrenunciable olvidando cumplir los deberes que nuestra condición de ciudadanos nos impone. Para tener la lengua larga es indispensable tener la cola corta. Sólo siendo incorruptos e incorruptibles tendremos autoridad moral para exigir el cumplimiento de los demás.

Al parecer el camino que lleva la Educación nos lleva a ver la luz al final del túnel. Es tan grande la deficiencia que no será suficiente con estar al pendiente de que los maestros impartan clases o se les descuente o despida, se capaciten, sean bien pagados y todo lo que la Reforma implica, sino enriquecer los conceptos y paradigmas, programas y objetivos, jerarquizar valores olvidando la Educación Superior  como único medio de movilidad social, incorporando más mandos medios y carreras técnicas. La sociedad requiere buenos plomeros, mecánicos, electricistas, albañiles, carpinteros. Un buen artesano de éstos gana bastante mejor que un licenciado desempleado que se gana la vida como taxista.

Un renglón que se ha descuidado es la educación militar, la obligación de cumplir con el Servicio Militar no se reduce a la asistencia simbólica de los jóvenes a asolearse un rato los domingos, fuente de corrupción, pudiendo ser un magnífico medio para reducir considerablemente el creciente número de “ninis” que tenemos. Acuartelamiento incluido, formando con internos y externos un poderoso instrumento de servicio social que colaboraría a la formación del carácter de los jóvenes apoyando en zonas de desastre, difusión cultural, reforestación o la renovación de áreas marginadas.

Al final, pero no menos importante, tenemos el combate a la pobreza. Ya estoy cansado de la medición de pobreza, de un modo, de otro, porcentajes de incremento de pobreza, cambios de tipo de pobreza, pobres de ellos, pobres de sus hijos, pobres de nosotros. ¿Dónde está la esperanza? ¿Dónde la motivación? Estamos castrando las próximas generaciones destinándolas a la pobreza eterna.

Tenemos que cambiar el enfoque que le damos al problema. La actitud con la que enfrentamos la economía es similar al ejemplo del vaso vacío y el vaso medio lleno, estamos empeñados en ver el vaso medio vacío

Promocionemos el hacerse rico. Dejemos de censurar y calumniar al hombre exitoso a quien le damos trato de explotador, corrupto, abusivo, aprovechado; difundimos que detrás de toda fortuna hay una historia negra.

Los izquierdistas a ultranza saben muy bien cómo distribuir la riqueza mas no se preocupan por generarla, ensalzando la mítica bondad de los pobres enfrentándola con la maldad de los ricos, propiciando crímenes como el de Don Eugenio Garza Sada.

Dejemos atrás las generalizaciones absurdas, de hoy en adelante busquemos el éxito.

Un éxito no centrado en exclusiva en lo económico, démosle un valor integral humano. Construyamos un mundo mejor para heredarlo en mejores condiciones de las que lo recibimos. De eso trataremos de ahora en adelante.


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Número 35 - Noviembre 2019
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