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Todos saben

Viernes, 31 de Marzo 2017 - 17:00

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Luisa Ruiz

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Las exigencias para ser Fiscal Anticorrupción son precisas, válidas y exactas. Los requisitos para participar en la convocatoria son casi los mismos que para otros cargos. La puntualidad en la entrega y la claridad de los documentos presentados, la entrega de ensayos o explicaciones del porqué quieren ser fiscales, cumplieron su cometido. Los papeles están entregados, escaneados y presentados al público y dicen cosas bien bonitas.

Los aspirantes a ese cargo siguen siendo 25 y, aunque se ventilaron cuatro nombres, los otros 21 siguen mordiéndose las uñas. Las cartas están repartidas y como en juego de póker, están sentados alrededor de la mesa -con un as bajo la manga- esperando que la ruleta deje de girar.

Todos en sus ensayos escribieron y después platicaron lo que harán. Con palabras añadidas y argumentos desgastados hicieron gala de su conocimiento y presumió, cada uno, ser el indicado para combatir la corrupción de un zarpazo.

Para detectar la corrupción en la alta esfera política y explicar qué hacer para combatirla, cualquier ciudadano de bien lo sabe y no es necesario que use la corbata de carrera académica, el extenso currículo de zapatos o el traje de experiencia en la función pública. Son secretos a voces, los corruptos y los narcotraficantes están entre nosotros y son tantos, que siempre hay uno cerca; habrá quien tenga como vecino a uno de ellos, que juegue tenis o golf con ellos en el mismo club o nos hayamos sentado en la mesa de junto en algún restaurante.

Si desde la sociedad se sabe, señalar al corrupto desde una fiscalía debe ser aún más sencillo. El fiscal a ser -y todos- saben quién es el tramposo y conocen la cadena que se desprende de cada uno; lo saben porque son parte del mismo juego y cualquiera de ellos que diga lo contrario encuentra el silencio obligado, porque en este país, quien se atreve a denunciar, se muere. Los aspirantes a la fiscalía, o son seres suicidas o ya saben a quién no delatar para no morirse tan pronto.

Aun cuando se dijo que era urgente tener una Fiscalía Anticorrupción, se han tomado una cantidad exagerada de tiempo para establecerla. El extenso plazo que tuvieron para revisar los documentos de los candidatos, sirvió para detectar a quienes pudieran representar un peligro para el gobierno y los rechazaron por falta quizá, de la copia de la factura del refrigerador, entonces la lista estaba incompleta y había que empezar de nuevo.

En todo el proceso hubo cambios de fechas, cambio de personas, cambios de todo tipo, con esto, y como siempre, se abren las puertas de la duda y la especulación que al final, siempre resulta ser lo más cercano a la verdad. El tiempo que se están tomando para asignar al fabuloso fiscal, es tiempo que muchos necesitan para guardar sus carteras, repartir propiedades a sus prestanombres, borrar libretas contables, apresurarse a cambiar fechas, direcciones, deshacerse de teléfonos, maquillar cifras y enviar sus ahorros a las Islas Caimán, todo esto, en caso de que el nuevo fiscal no sea “compa”. No hay otra razón para tanto retraso.

El aplazamiento de inicio de la Fiscalía Anticorrupción, también pudo haber sido para darle tiempo de huir, por mencionar algunos, a Javier Duarte, Roberto Borge, César Duarte, Rodrigo Medina, Humberto Moreira y los que se acumulen en esta semana. A cada uno le han dicho: “Hágale cabrón, que ya no podemos detener esta onda de la fiscalía”

Ninguno de los aspirantes a Fiscal, durante su exposición dijo algo tan simple como: “Ya que esté sentadito en mi nueva silla, le exigiré a cada funcionario público de todo el país, desde el más alto, hasta el que acaba de ser contratado, que presente, en el término de siete días, toda la información financiera. Impuestos, propiedades, cuentas de banco, sus beneficiarios. Como servidor público, convierte su vida privada en pública, entonces también presente su información social y familiar. Los clubes a los que asiste, los lugares en donde vacaciona, los restaurantes que frecuenta. Comprobantes de pago -legales- de los últimos, al menos, tres años y los reportes de transparencia de los fondos de todos los programas sociales a los que tiene acceso. Información que será del dominio público”, esto, aunque parezca intrusión, ya no estamos para tener consideraciones con nadie en el gobierno.

Para empezar, quien tenga una vida sencilla y una función transparente, presentará, hasta lo que resulte ridículo en menos de siete días. Quienes se tarden más de este tiempo, que sean investigados y separados de inmediato de sus funciones durante el proceso de investigación. Quienes no presenten la información completa, ya se sabe. Punto. ¿Qué más se necesita?, ¿quieren denuncia ciudadana? Esa nunca la tendrán porque la gente de bien, ama su vida.

La Fiscalía Anticorrupción no es un aliciente para limpiar el país de ratas, toda esta faramalla no es, sino la misma gata huraña solo que ahora le quieren poner moños y por huraña, no se deja, ya ni ratones caza. Porque, como dice Leonard Cohen: Todos saben.


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