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Subsidiar la improductividad

Martes, 28 de Julio 2015 - 17:30

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Guillermo Vázquez Handall

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La elaboración y eventual aprobación del presupuesto de egresos del gobierno federal para el próximo año, partiendo de la estrategia denominada “base cero” es, sin duda, una extraordinaria oportunidad para rediseñar y eficientar el gasto gubernamental.

La caída en los precios por la venta del petróleo implica un muy duro golpe a las finanzas nacionales, dependientes en su gran mayoría de ese ingreso, de tal suerte que esto obliga al gobierno a tener que replantear sus egresos.

El concepto de partir de cero parece en principio una definición correcta y responsable, sin omitir que tampoco existe otra alternativa y que por ello resulta una ponderación obligada por las circunstancias.

Sin embargo, ese criterio debe considerar elementos que favorezcan la productividad; no sólo se trata de hacer más con menos, sino que en esa dinámica la inversión oficial sea redituable.

Porque en las condiciones actuales, el gobierno no sólo necesita obtener más recursos por la vía impositiva para poder cumplir con sus compromisos y programas, sino que también tiene que hacer que estos se conviertan en factores de desarrollo.

La mejor forma de lograr que una economía crezca es a través de sus emprendedores y ese ha sido el problema de nuestro país; los pronósticos de crecimiento han fallado y se han tenido que modificar a la baja cada trimestre, no por los factores externos como plantea la Secretaría de Hacienda.

No hay crecimiento porque la inversión privada está en pausa, pues el gobierno no genera el ambiente propicio para ello, e incluso se convierte en un freno debido a sus políticas fiscales.

En nuestro país, la tendencia ha sido que la autoridad federal subsidia la improductividad, en un contraste entre sus políticas asistencialistas y contribuciones a los sectores que no los necesitan de manera primordial.

Cuando hablamos de políticas asistencialistas, hay que excluir a las que se refieren al combate a la pobreza, al menos en su definición social, en cuanto a los recursos que se destinan para cobijar a los más desprotegidos.

Nos referimos a las que se aplican para fomentar actividades productivas. Hay una gran diferencia entre las dádivas, que no son un acto de generosidad, y los recursos para que los sectores vulnerables tengan herramientas para salir de esa pobreza.

El costo de subsidiar la improductividad es la mejor definición de una política populista neoliberal, con ingredientes de corte electoral que al final de cuentas ha sido una tendencia comprobada para el estancamiento.

En función de la situación, los recortes presupuestales, además de los que se presumen como elementales -nos referimos, por supuesto, al costo del mantenimiento del aparato burocrático- tendrán que enfocarse en no debilitar la cobertura básica gubernamental, la que corresponde a sectores como los de educación, salud e infraestructura básica, que son preceptos esenciales de su responsabilidad y que son los que la sociedad percibe de forma mas directa.

En contraste, por ejemplo, los apoyos que se destinan al fomento de la producción agropecuaria e industrial están diseñados, en el primer caso, en apoyo de los medianos y grandes productores.

Sus mecanismos limitan considerablemente los incentivos para los pequeños agricultores y ganaderos; de esta forma jamás podrán acceder a un mejor y mayor nivel.

En el campo, los apoyos están divididos en dos grandes rubros, los asistencialistas, que únicamente son paliativos para la sobrevivencia, pero que no generan condiciones de crecimiento y los que se orientan a las que ya son grandes empresas.

En el tema de la industria, la situación es todavía peor porque en ese apartado, los apoyos existentes para la pequeña industria son muy poco accesibles, lo que hace que el acceso a los mimos sea muy limitado.

En este contrasentido, lo que se observa es que no existe una auténtica política de fomento empresarial que permita que las PYMES cuenten con el respaldo necesario.

Dicho en forma lisa y llana, los recursos federales que se destinan a las actividades productivas están mal encauzados; los subsidios, como ya apuntábamos, están orientados a grupos privilegiados.

El enfoque necesariamente debe comprender que la inversión federal destinada a las actividades productivas, se convierta realmente en un motor para el desarrollo, no sólo para cobrar más impuestos.

También, porque en una dinámica económica eficiente, considerando la aportación gubernamental, el combate a la pobreza se ataca desde dos frentes y eso por definición limita la carga que pesa sobre el gobierno.

Por lo tanto, el gran reto en la elaboración del proyecto de presupuesto de egresos de la federación no está únicamente en el ahorro, sino en que el recurso disponible no se desperdicie en conceptos intrascendentes.


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