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Solo Veracruz… ¿Es bello?

Martes, 09 de Junio 2015 - 17:30

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Veracruz, vibra en mi ser,
algún día hasta tus playas lejanas
tendré que volver…”

Agustín Lara

Regalarse unos días de vacaciones es una oportunidad para disponer de tiempo y descubrir otros paisajes y costumbres, disfrutar comidas nuevas, darse cuenta que más allá de lo cotidiano existe otra realidad que no es la nuestra pero que quizá nos abre la puerta para vivir nuevas experiencias y con ello, sentirse renovado, cargar la batería para seguir adelante y enfrentar con entusiasmo la vorágine en la que vivimos.

Debo decir que mi primer contacto con Veracruz no fue placentero; es más, no me encantó a pesar de ser la tierra de mi padre y de tener sangre mitad veracruzana. Aquél acercamiento fue obligado dado que se trató de un viaje de trabajo y se distinguió por el clima lluvioso aunado a un mal ambiente laboral y una estancia en un hotel que dejó mucho qué desear. Una vez terminados los compromisos laborales no hubo mucho qué hacer o visitar según la recomendación de los mismos habitantes y mucho menos, acercarse a la playa; para colmo, el recuerdo que tengo capturado en fotografías resultó en tono sepia por el mal proceso que el centro de revelado realizó. Pero además, encontré un malecón con basura, las fachadas del centro desgastadas y unas playas que punto y aparte el temporal de entonces, no invitaban a pisarlas. Simplemente, no me gustó, quizá influyó también el estado de ánimo o tal vez fue la suma de todo, el punto es que para mí, el Puerto de Veracruz me supo entonces a viejo y descuidado.

Pasaron diez años para que las circunstancias me obligaran a regresar, para entonces, el contexto político y social ya no era el mejor, se supo de la aparición de restos humanos en pleno malecón y que el crimen organizado se asentó ahí por lo que el ejército tomó los accesos y el puerto en un operativo contra el narco. La intención fue reunirme con mi papá y hacer un alto en el estresante ritmo de trabajo que tenía por aquél tiempo. Fue así que el enamoramiento ocurrió: encontré un clima favorable, árboles, palmeras y flores en todo su esplendor, una playa tranquila y virgen y sobre todo, tuve contacto de cerca con la gente de allá pues me hospedé en casa de mi padre y pude entonces comer y beber tierra veracruzana hasta saciarme. Me prometí volver.

¡Y finalmente regresé! Punto aparte de lo que significaron unas primeras vacaciones en mi rol de madre con todo y crío a bordo y de declararme oficialmente hija adoptiva de Veracruz, no sé si me alcance este espacio para describir y transcribir la experiencia de lo que encontré.

Sí, Veracruz es bello, su ubicación geográfica, su historia, la biodiversidad que alberga, su cultura, lo cálido de su gente, sus playas, su puerto, su clima, su comida y su café; solo por mencionar algunas cualidades pero no fue solo lo que vi y percibí en mi última visita, también tiene hoy un acelerado crecimiento urbano que cubre siglos de valiosa historia como una mancha voraz que todo lo cubre, ocultando y dejando casi en el olvido su valioso pasado y sus orígenes.

Para muestra, un botón. Sorprendente y un poco cómico resultó encontrar en la carretera Cardel - Poza Rica un letrero que anuncia: OXXO a 500 metros, así en medio de la vegetación y como parte del paisaje. Cómico porque uno va atento a los poblados que se van acercando, nunca se espera encontrar un anuncio de este tipo pero el asombro fue mayúsculo al encontrar, enclavado a la orilla del mar, en pleno malecón del puerto no una, sino dos sucursales más de la franquicia sin contar las que se ubican del otro lado del boulevard.

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La pequeña isla San Juan de Ulúa que antes podíamos apreciar desde el malecón, hoy quedó atrapada en el entramado de graneles agrícolas, automóviles y contenedores que se mueven cada día en el puerto.

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Y ya que llegamos a la zona portuaria de paso diré que el centro como tal, sigue viejo y descuidado, con casas y construcciones abandonadas como en un pueblo fantasma, algo de la magia de los portales y el aroma clásico del café de La Parroquia se ha perdido. Grandes construcciones para hoteles, restaurantes y plazas comerciales se ha extendido en ese espacio que separaba al Centro de Mocambo para encontrarse más adelante con Boca del Río. Sin duda, para la élite empresarial y política veracruzana es un orgullo tener una zona exclusiva para gente VIP y pasearse en las mejores camionetas o autos y luciendo los mejores guardarropas alimenta el ego de más de una de las familias acaudaladas pero uno se pregunta: ¿Dónde quedó lo bello de Veracruz?

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Lamentable que un pueblo mágico como Coatepec, reciba a sus visitantes con barricadas y que en Xalapa la comida china y las nieves de otra región sustituyan lo típico del lugar.

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No estoy en contra del desarrollo económico, de que exista infraestructura de primer nivel en un lugar con una actividad comercial tan importante para México pues es la puerta al extranjero para entrada y salida de mercancías y que el turismo sea una fuente de ingreso para los habitantes; sin embargo, la percepción ahora es la de un estado que teniendo todo (o habiendo tenido todo) para tener un desarrollo aún más relevante, su grandeza se esté convirtiendo en una guarida de criminales en la que la violencia y la extorsión son el pan de cada día, que la “modernidad” y el consumismo diluyan todo lo maravilloso que aún podemos encontrar en la tranquilidad de sus poblados, montañas y playas.

Tampoco comparto la idea de que la riqueza se siga concentrando en unos cuantos, que sigamos generando ingresos para franquicias y capitales extranjeros, que aceptemos salarios mínimos a cambio de jornadas exhaustivas de trabajo en condiciones laborables poco favorables, que el saqueo de las reservas naturales siga siendo desmedido para intereses económicos y/o políticos de unos cuantos.

Quienes nacen, crecen y habitan un determinado país, estado, municipio o poblado deben aprender a valorar lo que tienen y generar sus propios ingresos a partir de los recursos naturales que les rodean creando sus propias fuentes de empleo. Quizá sea que nadie se los dice, quizá sea que motivados por la necesidad y la pobreza huyen a la capital más cercana o a la Ciudad de México en busca de “mejores oportunidades” o caen en las redes de la mafia. Quizá sea momento de voltear la mirada hacia otros horizontes y los que buscamos nuevas oportunidades de vida y trabajo debamos ser la punta de lanza para un cambio en el desarrollo de esas pequeñas regiones escondidas al interior del país que son una gran fuente de crecimiento económico, social y cultural.

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Mientras tanto, regresaré a Veracruz, no sé a qué parte en específico ni con qué fines más allá de vacacionar porque puede ser que esté perdiendo esa belleza innata que lo distinguía hace algunos ayeres pero su puerto, su Tilingo Lingo, su aroma, sus voladores de Papantla, su Agustín Lara, su Tajín y su danzón no tienen igual; además de que me llama mi gen paterno.

Fotos: Elizabeth Cruz


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