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¡Se Acabó la Disputa! Todos a Votar…

Miércoles, 27 de Junio 2018 - 15:30

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Enrique Rodríguez-Cano Ruiz

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“Esta noche habéis votado para que actuemos, no para que hagamos la política habitual.”  Barack Obama

No hay plazo que no se cumpla. Se acabaron las campañas. El día de la publicación de esta nota, los medios informativos ya no podrán comentar nada de campañas políticas y el que lo haga: ¡cuello!

Las lecciones recibidas son muchas y variadas. Ni en el partido de la selección mexicana, contra los coreanos, hubo tantos leñazos como en esta contienda. De hecho, hay más de 120 asesinatos de los candidatos de todos los partidos y… contando.  

Estarán de acuerdo conmigo que urge una transformación total —profunda— de nuestra vida democrática. De todo el sistema. No es la cuarta transformación como la que predica AMLO sino la primera, la única. Y el responsable será este nuevo gobierno pues en el actual ¿Dónde quedaron Los derechos humanos? ¿El sistema judicial que es más deficiente que todos los asuntos acaban en un Tribunal Colegiado? ¿El sistema anticorrupción? La pregunta es: Habremos llegado al fondo o todavía falta. Porque si falta, estallará una revolución o ¿ya estamos en ella? ¿Será el crimen organizado el que ya gobierna? Tantos muertos significan que ellos ponen y quitan a los gobernantes… No el pueblo.

Todos los candidatos nos aseguran que pueden cambiar la situación—si son electos— para que vivamos con paz y tranquilidad. Con trabajos dignos, con un buen sistema educativo y bla, bla, bla. Me pregunto por qué no le dieron la receta al gobierno actual si tan listos son. Sí tienen la varita mágica para hacerlo. Enrique Peña Nieto y sus colaboradores les vivirían eternamente agradecidos.

La respuesta es sencilla. No se puede. La verdad es que nadie puede garantizar un buen gobierno, a menos que haya un auténtico estadista —un verdadero patriota— al frente del ejecutivo federal acompañado de todo un equipo de personas similares. Para que se dediquen a gobernar y dejen de hacer planes de negocios, como al parecer fue la tónica del actual. Con el sistema presidencial que tenemos —y padecemos—  es muy difícil y los cuatro candidatos postulados pues nadie sabe —ni ellos mismos— qué tipo de presidente serán.

He seguido las propuestas del candidato independiente Jaime Rodríguez (a) El Bronco. Me cae, son las más sensatas. Acabar con los privilegios es indispensable pues estos son creados por quien goza del poder y que el mismo propicia —la verdadera mafia del poder—.

Al principio de la campaña, pensaba que José Antonio Meade era el mejor de todos, por su experiencia y preparación. Pero en dónde está su equipo que lo acompañara sí es que gana. ¿Estará Carlos Romero Deschamps en su gabinete? No se deslindó a tiempo del gobierno actual y por ello me parece que no tiene chance alguno.

El eterno Andrés Manuel López Obrador —seguramente el próximo presidente— no convence a la mayoría de la “gente bien” pues a cada rato se contradice. Su populismo exaspera, pero estuvo en campaña y nadie sabe cómo será al momento de ceñirse la banda presidencial. Su fuerte no es la venganza y quiere justicia. ¡Entonces que se cuiden los corruptos! ¡Que haga justicia!

Ricardo Anaya —inteligente y articulado— también cometió algunos errores, pero se enfrentó, quién lo puede dudar, al poder del Estado. Y ahora amenazando al presidente si se le descubren corruptelas, es claro que su estrategia es para lograr votos. Margarita Zavala ni siquiera debió de haber competido.

Así, las cartas están sobre la mesa y de acuerdo con los comentarios de los expertos, el voto de los indecisos y del “rechazo” pueden darnos una sorpresa. Como en las carreras de caballos, el favorito sólo gana el 30 por ciento de las veces y he visto imperdibles que fracasan.

En su artículo del domingo en Milenio, ¿Y el Liberalismo?, Liébano Sáenz hace una reflexión muy interesante. Apunta: El descontento, bien conducido, puede ser la fuerza para mejorar lo existente; se deben explorar caminos nuevos y se requiere del imaginario fundacional para crear nuevas instituciones y adecuar las existentes. Pero el descontento también puede llevar a la involución, al retroceso, a la búsqueda de respuestas que nieguen lo fundamental: las libertades, la diversidad y la representatividad.

El descontento generalizado, que sin duda existe, es evidente y crece, tiene dos posibilidades como asegura Liébano. Esperemos sea bien conducido por el próximo presidente y su equipo de colaboradores y lo hagan pronto, una realidad, para que como reza el epígrafe que “el próximo gobierno actué y no hagan la política habitual”.

Así pues, tendremos que ir a votar el próximo domingo y me pronuncio por el voto dividido. Propongo que cuando los diputados y senadores hagan su juramento constitucional, con la mano posada sobre la Carta Magna, en alguna parte, se comprometan “juro votar las iniciativas de ley de acuerdo con mi conciencia y no como mande el coordinador de mi bancada”.

Y por supuesto, ¡ojalá no haya más muertos!


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Número 33 - Septiembre 2019
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