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Resucitando “muertitos”

Miércoles, 04 de Septiembre 2019 - 13:25

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Julio Chavezmontes Messner

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Donald Trump ha hecho pública su intención de resucitar una vieja deuda de China a favor de Estados Unidos, que data del siglo XIX, para contrarrestar las acciones que la República Popular pueda emprender como principal acreedor de los Estados Unidos.

China fue víctima durante el siglo XIX de múltiples agresiones en las que participaron activamente Inglaterra y Estados Unidos.

Los chinos recuerdan esa etapa de su historia, como “el siglo de la humillación”.

El Presidente John Tyler predecesor de James Polk y copartícipe de la invasión a México (1836-1848), impuso a China el tratado de Wangxia, cuyo título formal parece una copia calcada del infame tratado de Guadalupe Hidalgo:

“Tratado de paz, amistad y comercio...”

Ese tratado fue impuesto a China el 3 de julio de 1844, en el templo de Kun lam.

Entre otras curiosidades, los gringos le impusieron a China privilegios de extraterritorialidad, como los que quisieron introducir en el texto original del artículo X de Guadalupe Hidalgo en Tehuantepec.

El famoso tratado permaneció en vigor casi 100 años, hasta su revocación en 1943 por medio de otro conocido como el “tratado de renuncia a los derechos de extraterritorialidad de Estados Unidos en China”.

Ahora que Donald Trump pretende cobrarle a China un adeudo de hace más de cien años, cargándole intereses actualizados hasta la fecha, para burlar la inmensa deuda trillonaria que los norteamericanos tienen con la República Popular, le corresponde y sobre todo, le interesa a China, sacar sus propios cadáveres del ropero, para darle a Trump una sopa de su propio chocolate.

¿Todo esto qué puede importarle a México?

La razón por la que me he querido referir a este nuevo episodio de la guerra comercial entre Washington y Beijing, es porque en mi libro “Heridas que no Cierran” publicado por Editorial Grijalbo en 1988, hice un planteamiento que ahora, gracias a Donald Trump, el gobierno de la Cuarta Transformación puede y debe abanderar, aprovechando precisamente que para Donald Trump, las deudas históricas no prescriben.

En 1988, mi planteamiento fue el siguiente:

Propuse que México reclamara a Estados Unidos la indemnización por los daños y perjuicios ocasionados con la agresión militar y el robo territorial del que nos hizo víctimas.

Tanto como ahora Trump sabe que China no le va a pagar la antigua deuda que pretende desenterrar, yo también sabía que los gringos no nos iban a pagar ni un dólar como indemnización por el atraco cometido a nuestra costa.

¡PERO!

Entonces yo, como Trump ahora, propuse lo que en derecho se conoce como defensa de COMPENSACIÓN.

Cuando dos naciones tienen adeudos mutuos, se extingue el menor y subsiste el mayor por la diferencia o saldo.

No cabe duda que el adeudo a cargo de Estados Unidos a favor de México como consecuencia del robo de California, Nuevo México y Tejas, excede cientos de veces el monto de nuestra famosa deuda externa.

En 1988 decía yo que siempre sería mejor ejercer un derecho de compensación que incurrir una moratoria.

La moratoria destruye el crédito del moroso, en tanto que NADIE PUEDE criticar que un deudor ejercite contra su acreedor los derechos que este, tenga en contra de aquel.

La jugada que pretende hacerle Trump a China para evadir el pago de su trillonaria deuda con la República Popular, beneficia a México directamente, porque implica que Estados Unidos reconocería la validez indiscutible de hacer efectivos derechos de tanta antigüedad.

AHORA BIEN...

China tiene en su poder un “antídoto” para contrarrestar la jugada venenosa con la que Trump pretende hacerle honor a su forma de hacer negocios desde antes de llegar a la Casa Blanca.

Estados Unidos le debe a China sumas inmensamente mayores que las que Trump pretende utilizar para escamotearle el pago trillonario a Xi Jinping.

China tiene pleno derecho de retirarle a Estados Unidos con el reclamo por el tratado de Wangxia de 1843, y todas las violaciones a su soberanía relacionadas con la imposición americana de extraterritorialidad y demás privilegios abusivos en agravio de la Dinastía Qing.

¿En qué beneficia a México la intención de Trump?

Nos beneficia en que sienta un precedente desde ahora mismo, ya que Trump está hablando de reclamar créditos “muertos” que por su antigüedad no tendrían viabilidad legal.

Los derechos históricos de México, tienen un elemento adicional de fuerza legal: las consecuencias de la agresión injusta lanzada por Estados Unidos en nuestra contra entre 1836 y 1848, sigue generando consecuencias diarias en nuestro agravio.

Por su parte, el Presidente Xi Jinping puede hacer valer los derechos históricos de China, porque de acuerdo al Derecho Internacional, las violaciones cometidas por Estados Unidos y por la propia Inglaterra en agravio de su país, tampoco han prescrito.

Si Donald Trump quiere resucitar muertitos, México debe aprovechar la ocasión.

Nosotros podríamos extinguir la pesadísima carga de nuestra deuda eterna, oponiéndole a los usureros gringos la compensación legal de lo muchísimo más que nos adeuda Estados Unidos.

Podrán negarse a pagarnos, pero nosotros estaremos ejerciendo un derecho que contable, financiera y legalmente es impecable.

Y todavía podríamos hacer algo más:

Podemos venderle a China nuestros derechos de indemnización por Guadalupe Hidalgo y la invasión gringa, a precios de rebaja septembrina.

No puedo dejar de reírme imaginando los indicadores bursátiles de Nueva York convertidos en gráfica telúrica enloquecidos por el terremoto financiero que se les vendría encima.

Todo lo que México tiene que hacer, es elaborar un documento jurídico, contable y financiero bien armado, para que sea comercialmente apetecible para posibles compradores como Xi Jinping o Vladímir Putin.

Los gringos pueden decirle a México que no; pero a los rusos o a los chinos, me permito dudarlo.

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chavezmontesmessnerjulio@yahoo.com

@JulioMessner


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Número 33 - Septiembre 2019
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