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PRIccionario elemental del Huachicol

Viernes, 25 de Enero 2019 - 13:05

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Julio Chavezmontes

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¿Cómo es posible que en las mismísima Huachicolandia, el arte de vivir de chuparles los recursos a otros, resulte una novedad?

El arte y ciencia del Huachicol es el deporte nacional por excelencia; tanto, que si fuera disciplina  oficial en las olimpiadas, arrasaríamos en los medalleros.

La chupadera que los  mexicanos vienen padeciendo desde  que la robolución se hizo gobierno, no es nada nuevo y no se limita al robo de combustibles, sino a la interminable variedad de métodos para chupar, mamar, medrar, lucrar, abusar y desfalcar mediante mecanismos de diversa y siempre creativa versatilidad.

Los mini$tro$ de la $uprema Cohorte, huachicolean la justicia; los legisladores huachicolean las leyes; los gobernantes huachicolean las concesiones, los contratos y todos los PRIvilegios posibles.

En estas actividades se inspiraron  las conocidísimas frases que decían:

“Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”.

O como decía Carlos Hank Gonzalez: “Un político pobre es un pobre  político”.

Dada la importancia de este fenómeno generalizado, me permito compartir en este espacio, algunas acepciones del pegajoso vocablo de moda.

HUACHICOLANDIA. Dícese de Mexicalpan de las Tunas; país donde la industria del popote y la sanguijuela son la principal fuente de riqueza de origen ajeno. Arte y ciencia dedicada a ingeniar mecanismos de succión petrolera, fiscal y financiera, para enriquecimiento de individuos alérgicos a trabajar.

HUACHIPROA.  Idea concebida por Ernesto Zedillo Ponce de Huachileón, para chuparle dinero a cuentahabientes endosándoles los desfalcos de los banqueros como deuda pública.

HUACHIFORE. Sistema financiero ideado para chuparles los recursos a los trabajadores, con el engaño de que al final de su vida laboral, podrán retirarse a vivir  en el principado de Mónaco o asolearse en Acapulco.

Caja chica de gobernantes ambiciosos que buscan por todos los medios ajenos, construir el HUACHIPUERTO de la ciudad de México.

HUACHINAVIT.  Mecanismo fiscal diseñado para  a chuparles los salarios a los trabajadores con el pretexto de proporcionarles vivienda digna y decorada, pero que en realidad los deja en la intemperie.

HUACHIPUERTO. Proyecto aeronáutico del lago de Texcoco,  financiado a base de huachifores, gracias al cual, los apostadores de dinero ajeno, le  pretenden chupar las ganancias a los legítimos  dueños de los fondos y generar incalculables beneficios a su costa, además de  desarrollar la ciudad aeroportuaria denominada huachitrópolis.

HUACHICURUL. Cómodo asiento que ocupan los diputados para chupar dinero del presupuesto público a cambio de secundar las mociones del líder  huachicurulero de su bancada, levantando el dedo u oprimiendo una tecla, entre siesta y siesta, arrullado por los aburridos  discursos de oradores ávidos de escucharse a sí mismos.

HUACHICOLERO. Persona que privatiza gasolinas a base de popotes, mangueras u otros instrumentos y mecanismos de succión o chupe.

HUACHICULERO. PRIsidente de la retepública, miembro del gabinete o político encumbrado, que se entrega de lleno al  lucrativo arte de chuparse los recursos originados por el petróleo, para edificar réplicas de Los Pinos en Guanajuato, adquirir casas en Las Lomas de Chapultepec,  departamentos en Miami, o para escenificar novelones sexenales coprotagonizados por  urracas, palomas, gaviotas, avecitas, pájaras de cuenta, cuervas, zopilotas y otras aves de rapiña.

HUACHINGTON.  Ciudad de los Estados Unidos desde la cual los gringos dictan nuestra  política energética y se chupan nuestro petróleo con el beneplácito y la coparticipación entusiasta de los gerentes regionales de Mc’Mexico, conocidos como PRIsidentes de la retepública.

De pura casualidad, los hidrocarburos mexicanos no sufren contratiempo alguno en su camino a traves de la frontera hacia el  norte.

HUACHI-NANGO. No confundir con el sabroso pescado. Dícese de accidente aéreo sufrido por Rafael Moreno Valle y su “gaviota” en la comunidad poblana de Coronango, que puso fin a su  meteórico vuelo hacia las alturas, en la industria del huachicoleo.

HUACHILOPOZTLI.  Deidad de origen azteca a la que se sacrifican los desposeídos que orillados por su miseria prefieren morir calcinados que de hambre, como los 79 quemados del estado de Hidalgo.

HUACHICOLMO. Combinación extrema de desabasto energético e impunidad flagrante, que tiene a los mexicanos tan ocupados  formando interminables filas para cargar combustible, que ni tiempo tienen para exigir la llegada de la “cuarta transformación”.

HUACHICAHUETE.  Funcionario público gracias a cuya  complicidad, han proliferado las sanguijuelas que durante sexenios interminables, han chupado la sangre a los mexicanos impunemente.

HUACHICHINCLE.  Dícese de ex secretario de la función pública con copete e fideos, cuya única función fue histriónica, para persuadir a los proles y demás seguidores del canal de las estrellas, de que la Casa Blanca de Sierra Gorda fue adquirida por la Gaviota con el sudor de su enfrente y no con recursos chupados por Enriqueto el Hermoso en la asignación de contratos y concesiones.

HUACHICOCKTAIL. Tremendo fiestón en el que los divertidos anfitriones agasajan a sus invitados, lambiscones, mandaderos, alcahuetes y demás serviles, para celebrar su impunidad gracias a la amnistía decretada por su Majestá de turno que, al son de  “peje  no come perro” ha decidido extenderles amnistía (de amor y paz)  a los muy conocidos magnates petroleros entre los que se encuentran,  Carlos Gasolinas de Gortari, Enrique Pemex Nieto, Carlos Romero de Gas y Emilio Lozóleo Thalmann.

¡Ni tan gracioso!...

¿Verdad?

Pero días vendrán

 


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Número 28 - Abril 2019
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