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PRI: muchos buenos aspirantes

Miércoles, 26 de Julio 2017 - 17:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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La palabra “inédito” aplicada a una situación se ha convertido en un lugar común en el análisis político. En realidad, la política es tan compleja que todos los escenarios y situaciones son inéditos. A veces hay algunos rasgos comunes, pero otros son totalmente diferentes. Los personajes suelen modificar, con su actuación, situaciones que parecían similares a otras. Inclusive, el mismo personaje puesto en otro contexto puede cambiar resultados.

Todo esto, que parece verdad de perogrullo, es para evitar utilizar la palabra “inédito” a la hora de describir la situación que enfrenta el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) con relación al 2018. Para empezar, es el primer mandatario priista que se prepara para una elección de sucesión en el tercer lugar de las preferencias, de acuerdo a la mayoría de las encuestas. Hasta hace unos meses, este destino parecía inexorable, pero es de suponer que el triunfo en el Estado de México le ha dado esperanzas a los priistas de poder revertir esta situación, sobre todo ante la inexactitud que han presentado las mediciones.

Contra lo que se pudiera pensar, un análisis somero nos revela que el PRI es el partido que tiene el mayor número de aspirantes y probablemente los más experimentados y capaces. O, para decirlo al contrario, los menos incapaces. Por ejemplo, dos de los aspirantes panistas, Zavala y Anaya, no tienen ninguna experiencia de gobierno ni se han enfrentado con problemas o conflictos graves. Moreno Valle fue gobernador de un estado sin mayores problemas locales. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es, sin duda, el mejor operador político de todos los aspirantes, pero no es el mejor gobernante, ni con mucho. Su paso por el gobierno de la capital fue opaco y gozó de una especie de bono que le permitió proyectarse como tal vez nunca soñó.

Precisamente por todo lo que se le imputa a este gobierno es que se ha demostrado que este equipo gobernante es el más disciplinado (hasta ahora), el que ha sido más competente para enfrentar problemas como la situación económica internacional o el gobierno de Trump. El que ha sido capaz de sacar adelante reformas estructurales, algunas que se barajaron durante 25 años sin que hubiera un “team” que hiciera posible acordarlas y aplicarlas. Reformas que no le darán beneficios a este gobierno, pero que en el próximo sin duda serán de gran valía.

Los nombres están ahí: Aurelio Nuño y su reforma educativa; José Antonio Meade y su paso por varias secretarías; Luis Videgaray en Hacienda y ahora Relaciones Exteriores; Miguel Ángel Osorio Chong y su experiencia política, entre otros. El problema del presidente Peña no es que carezca de opciones, sino que tiene demasiadas, pero todas atadas a una disciplina que posiblemente esté actuando como una camisa de fuerza. Cualquiera de estos personajes sería un buen candidato, pero todos ellos afrontan dos problemas graves: el PRI y el presidente Peña Nieto. Dos lastres que difícilmente se quitarán de encima. El problema para los tricolores no es carecer de un buen candidato, sino contar con uno que cumpla dos requisitos: no parecer priista y peñista y, lo más difícil, que sea capaz de derrotar a AMLO y a los candidatos del PAN y el PRD.

¿Misión imposible?


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