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PRI, lento de reflejos

Viernes, 01 de Julio 2016 - 18:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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¿Pudo el PRI evitar el desastre del 5 de junio? Es probable que no, pero al menos pudo haber aminorado los efectos. Manlio Fabio Beltrones, el partido en su conjunto, el presidente de la República y sus asesores hicieron una apuesta… y les falló. Cuando empezaron las campañas, el conjunto de estos actores políticos podían haber escogido uno de dos caminos: hacer una elección de candidatos diferente a la que estilan y deslindarse de las tropelías de algunos de sus gobernadores o bien hacer lo que hacen siempre y creer que los rivales no iban a sacar provecho y los ciudadanos no iban a tomar en cuenta los detalles negativos.

Tomaron la segunda opción y ahora, tardíamente, tratan de poner remedio. Manlio Fabio Beltrones se ha ido y más de un analista ha dicho que lo ha hecho con una gran dignidad. En realidad, esta es una manera (torpe) de decir que otros responsables no asumieron su parte de culpa. En específico el presidente de la República. Beltrones puede tener o no una gran dignidad, pero el hecho es que perdió con una gran L en su frente. Tomó un partido exitoso y dejó una organización maltrecha. Así de simple. Pero es claro que no tomó la decisión solo. Sugerir después del desastre que él era partidario de que el gobierno federal hiciera algo acerca de los gobernadores acusados de corrupción no tiene nada de digno. Es simplemente no asumir que se equivocó.

Ningún priista importante, incluido el presidente Peña Nieto, avanzó un poco en acusar a los gobernadores cuestionados. En realidad, no se sabe si hay o no elementos para acusarlos, pero no se siguió ese camino. Ahora, el PRI exhorta a sus gobernadores salientes y perdedores a que no se protejan las espaldas por medio de leyes y nombramientos al vapor, propuestos para dificultar investigaciones y posibles castigos. Es decir, el PRI trata de deslindarse de sus gobernadores incómodos… tardíamente, cuando ya los medios y los opositores los han acusado de todo. No hay nada peor en política que estar fuera de tiempo.

Por supuesto, no es que el PRI no deba distanciarse de esos gobernadores, sino que eso no es suficiente para empezar a enderezar el maltrecho barco.

Todo esto sólo revela que el PRI sigue sin saber qué le pegó y cómo comenzar a reconstruir su partido. Y por cierto que tiene los meses contados para enfrentar la elección del Estado de México, la joya de la corona para el gobierno de Peña Nieto. En lo inmediato, el PRI se encuentra en una situación similar a la del PRD, aunque no tan apremiante: debe decidir cómo y quién será su próximo presidente nacional, el que los guie hasta el 2018. Hay varias opciones y ninguna sencilla: a) el presidente Peña Nieto nombra a un cercano de toda su confianza; b) el presidente Peña Nieto deja que los priistas escojan a su líder debido al distanciamiento que hay entre el mandatario y los tricolores; c) buscar una persona que trabaje en la unificación de un partido y un gobierno que hoy por hoy parecen destinados a perder en 2018… o antes.


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