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¡Pregúntale a la cajera del Oxxo!

Lunes, 13 de Enero 2020 - 12:50

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Enrique Fernández Martínez

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“El poder, la fama, el éxito y el dinero, se suben a la cabeza cuando la encuentran vacía”.

 

Ser muy popular no es sinónimo de éxito, tener altos índices de aceptación no necesariamente quiere decir que estés haciendo bien el trabajo. 

Hasta el hastío hemos escuchado por todos lados, en todos los medios, en todas las voces que la popularidad del presidente se mantiene intacta, que no ha sufrido bajas considerables, que la aceptación no varía y eso es lo mínimo aceptable para una presidencia de la República que en la mayoría de las acciones que emprenden en su día a día están encaminadas a contar con la simpatía del pueblo bueno y sabio, empezando por la mañanera.

La aceptación del presidente ha sido inflada, magnificada en parte por el aparato propagandístico oficial, algunos periodistas y por la percepción generalizada, en la realidad. De acuerdo con Consulta Mitobsky, que hizo un comparativo con otros presidentes a un año y dos meses de su gestión, el presidente López Obrador (62%) tiene un punto porcentual abajo del expresidente Fox, que a esas alturas tenía 63%. Así que en ese sentido no hay nada nuevo bajo el sol, Fox gozaba de más popularidad.

La historia es cíclica, basta recordar cómo terminó su sexenio el creador del ¡hoy, hoy, hoy!

Poco a poco el agua le va llegando a los aparejos a la 4T, producto de sus acciones que poco tiene que ver con la lógica económica y social y que están empantanando al país. 

No vemos a un presidente inaugurando hospitales, escuelas, carreteras, presas. Hablando de bienestar, de inversiones, de beneficios reales. Abogando por grupos vulnerables y creando oportunidades para emprendedores y empleo.

No vemos eso. 

Cada día, en cada mañanera estamos expectantes y continuamente  somos sorprendidos por otro escándalo, o aclaración o simplemente ataques a alguien o escuchar cómo se culpa a la historia y a todo el  mundo, ya sea del presente o del pasado de aquello que no aciertan a resolver (hasta Hernán Cortés salió embarrado). 

Todo irá bien hasta que no se le toquen tres temas muy sensibles para todos: La salud, la educación y la cartera. Y este último punto ya empezó con la inflación, con un enero lleno de aumentos en prácticamente todo, empezando por lo que el gobierno-monopolio nos vende: La gasolina, la luz, los servicios que prestan. 

Ya se vislumbra enojo y arrepentimiento en las calles, en las redes por el aumento de precios sin control.  

Si no me cree, pregúntele a la cajera del Oxxo, ese es un buen parámetro para medir los aumentos, las protestas y el enojo del consumidor. 

Pero para lo que si son muy buenos es para manipular el lenguaje, de tal manera que los aumentos no son aumentos, son “ajustes”.

En pocas palabras, hay dos tipos de popularidad: La buena y la mala, y en la vida de un político por lo regular termina mal y en este caso me atrevo a decir que antes de medio sexenio la fama será más mala que buena, porque no está Peña en la cárcel, porque la mafia del poder aún está presente: Salinas Pliego y Emilio Azcárraga, Romero Deschamps, Manuel Bartlett, Elba Esther Gordillo, Napoléon Gómez, Monreal y todos aquellos a los que tanto atacaron en campaña siguen impunes y lo que es peor muchos de ellos cercanos al presidente y fortalecidos. 

Porque la economía decreció a un 0% cuando se prometió un 4%. Porque no hay para cuándo se tengan resultados reales en el combate a la violencia, al contrario creció, porque el avión presidencial no se vendió, porque se trajo a Evo y lo tuvieron como rey, porque se gasta más dinero en publicidad y redes que antes, porque quitaron el seguro popular por algo que no tienen ni idea de cómo opera, que es un problema más y por muchas, porque cada vez parecemos más un estado satélite de Estados Unidos, así como Puerto Rico y por muchas, muchas cosas más y lo que nos falta por ver.

Cómo me gustaría ver una presidencia fuerte, confiable, justa, que genere orgullo. Y aunque ya pasó más de un año de esta administración, en el fondo tengo la esperanza de que el equivocado sea yo y que el presidente tenga toda la razón en sus acciones y que estos tiempos solo sean un trago amargo y no el principio del fin de un México libre y con enorme potencial.

Como siempre, el tiempo pondrá a cada quien en su lugar, ese no perdona.


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Número 35 - Noviembre 2019
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