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Por sus acciones los conocereis. Mateo 7:16

Lunes, 29 de Junio 2015 - 16:30

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Antonio G Trejo

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El pasado Jueves, en un acto sin precedentes, el papa Francisco publicó una encíclica acerca de la ecología y el medio ambiente. El documento: Laudato Si ó Alabado Seas es una clara alusión a San Francisco de Asís que agradece los regalos de la creación y enaltece su devoción por la naturaleza, todo plasmado en una oración del siglo XIII donde él se refiere a la Hermana Luna y al Hermano Sol.

Esta preocupación acerca de la ecología no es nueva. Hace más de 25 años el papa Juan Pablo II expresó su preocupación  por la “falta del debido respeto a la naturaleza, la explotación desordenada de sus recursos y del deterioro progresivo de la calidad de vida”. Hace poco tiempo, en 2010, el papa Benedicto XVI señaló “nuestra indiferencia acerca del cambio climático, la desertificación, la pérdida de productividad agrícola y la contaminación de los ríos y acuíferos subterráneos, todo en detrimento de los más desprotegidos que cada vez  encontrarían más caros los precios de los alimentos”.

Ahora, el papa Francisco hace especial referencia a la ruptura que el bienestar y la voracidad del hombre  han provocado en prejuicio del equilibrio natural en nuestro planeta y nos invita a reflexionar acerca de nuestra conducta con nosotros mismos y con el medio ambiente. Nos conmina a reducir nuestro consumismo y  al abuso ambiental que afectan la dignidad humana. Su mensaje no es exclusivo para los cristianos, pues no son los únicos que habitan el planeta, son dirigidos a todos los hombres de conciencia clara y limpia que desean legar un mundo mejor a sus descendientes.

El asunto del medio ambiente es sumamente complejo, cualquier desajuste a las condiciones ambientales no solo afecta una función determinada sino altera otras funciones o reacciones que a la postre causaran el deterioro ambiental. Para abreviar, nos referiremos a dos ejemplos que oímos  frecuentemente en las noticias y periódicos: el calentamiento global y la acumulación exagerada de materiales tóxicos que no se pueden degradar o cuya degradación es tan lenta que tienden a persistir por largo tiempo.

El calentamiento global. La población mundial se ha incrementado desmesuradamente y todavía existen muchos países cuya única fuente de energía proviene de la combustión de hidrocarburos derivados del petróleo donde uno de los productos finales es el CO2 ó bióxido de carbono. También debemos recordar que muchos consorcios industriales que se establecen en otros países subdesarrollados utilizan métodos que contribuyen al incremento del CO2 en la atmosfera. Este gas reacciona con el agua que se encuentra en la atmósfera produciéndose acido carbónico que a su vez reacciona con el agua de mar, acidificándola. Este proceso no se puede controlar por que sucede en la atmosfera. La única manera de controlarlo es limitando la emanación de CO2. Esta alteración tiene profundos efectos en el fitoplancton y las algas marinas que se consideran el primer eslabón de la cadena alimenticia y por lo tanto limita el desarrollo y la subsistencia de las otras poblaciones. La alta concentración de CO2 altera la fijación del calcio en otros animales con caparazón y también cambia los valores de pH, todo esto crea un desajuste en la sucesión de las cadenas alimenticias que se reflejaran en cambios en las rutas y sitios de pesca, lo cual aumenta los costos y por ende encarece los alimentos. La aparición del CO2 y el metano en la atmosfera causan un efecto invernadero (aumento en la temperatura del aire) que contribuye a un calentamiento global generalizado que afecta a todos los seres vivos. Simplemente, hoy en la mañana los noticieros reportaron más de 160 muertes en la India y Paquistán, por exceso de calor. El calentamiento atmosférico causa sequias graves que afectan la calidad del agua y el suelo provocando el desarrollo de grandes áreas estériles que inciden en la economía y el desarrollo de los países. Un ejemplo muy actual lo tenemos en la inmigración masiva de las poblaciones negras del norte de Africa  que cruzan a diario el Mar Mediterráneo para llegar a las costas europeas.

El papa no solo ha señalado estos abusos sino que ha sugerido a los países del primer mundo la disposición y el entrenamiento a los países subdesarrollados para el uso alternativo de tecnologías no contaminantes, usando otras fuentes de energía. También ha recomendado limitar el uso de automóviles por familia, usar mas el transporte público o viajar en forma colectiva cuando se tenga un destino común

“Polvo eres y en polvo te convertirás” dice el versículo, pero nosotros lo hemos ignorado. Todo lo que existe en la naturaleza está basado en la química del carbono. San Francisco tenía razón: todos los seres estamos hechos de los mismos materiales, pero acomodados en forma diferente. Inclusive, existe un ciclo donde cada especie nace, crece, se reproduce, muere, se degrada en el ambiente y sus restos sirven para generar una nueva vida. Es un ciclo universal que existe desde la creación. Sin embargo, el hombre ha introducido muchos compuestos y moléculas que él ha creado para su bienestar y confort y éstos tardan mucho en degradarse o bien no se degradan, causando contaminaciones que son un riesgo para la salud del hombre y el medio ambiente en general. Ejemplos de estos contaminantes son: los plásticos, algunos adhesivos, refrigerantes, plaguicidas sintéticos, metales raros de los desechos electrónicos de las computadoras y los teléfonos, etc. Todos ellos de difícil degradación por no ser compatibles con el Ciclo del Carbono. Lo más lamentable es que solo los países del primer mundo  disfrutan de estas tecnologías para su propia conveniencia y exportan todos sus desechos o chatarras hacia países subdesarrollados (India, Tailandia, Paquistán, Viet Nam, Ghana), que sufren de trastornos nunca vistos por este tipo de contaminaciones. El precepto bíblico se cumple en la química del carbono.  Algunas religiones erróneamente han pensado que el ser creados a imagen y semejanza de Dios les ha dado pleno dominio sobre el planeta y las criaturas que lo habitan, pero eso no es ni cierto ni lógico.

“El hombre moderno debe vivir más en armonía  con la naturaleza y consigo mismo”, son las palabras del papa Francisco, sus peticiones no contienen nada imposible, debiéramos escucharlas por propia conveniencia y por solidaridad con nosotros mismos.


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Número 35 - Noviembre 2019
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