Se encuentra usted aquí

Plagio académico

Sábado, 08 de Agosto 2015 - 10:00

Autor

rafael_orozco-foto.jpg
Rafael Orozco Flores

Compartir

plagio.jpg

En fechas recientes dos escándalos de plagio académico han alertado a diversas instituciones públicas que promueven y apoyan con financiamiento la investigación científica en diversas áreas, incluyendo las ciencias sociales. El Colegio de México hubo de retirar el grado de doctor al chileno Rodrigo Núñez Arancibia, quien también fue separado de sus funciones como académico de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo; por su parte, El Colegio de San Luis hizo lo propio con Juan Pascual Gay, al comprobarse el plagio de un trabajo académico. Ambos personajes fueron expulsados del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt, por 20 años.

Para quienes hemos participado en la academia, nos es familiar la práctica del copy-paste en los trabajos escolares de alumnos de licenciatura. Aunque la mayoría de esos escritos no resistirían una “auditoria”, en muchos casos se deben a deficiencias en el manejo de los estándares de citación (como el APA). Al respecto, muchas instituciones han establecido penalizaciones que van del rechazo de los escritos, a la suspensión o la expulsión.

No justifico, desde luego, la práctica los jóvenes estudiantes, pero considero que en el caso de los investigadores de maestría o doctorado es mucho más grave porque además de las implicaciones éticas que ello conlleva, estamos hablando de toda una infraestructura que el estado ha establecido para financiar proyectos de investigación. Es decir, que el estado mexicano, a través de becas y de otros esquemas, a final de cuentas está financiando falsas investigaciones.

El plagio académico suele ser más común de lo que públicamente nos damos cuenta. Las universidades e instituciones de investigación, en muchos casos, no han podido establecer parámetros o mecanismos que garanticen que los investigadores efectivamente investiguen.

¿Cómo puede un plagiario sobrevivir en la academia por años? Es cuestión de suerte en la mayoría de los casos. A eso apuestan quienes ponen su prestigio e integridad personal y profesional en una balanza, sabiendo que si son descubiertos, lo siguiente es la nada, el desprestigio y el desprecio de sus pares, de sus alumnos (si los hay) y de su familia.

A esto hay que agregar el “autoplagio” que resulta también sumamente frecuente en las universidades. Este es una versión un tanto sofisticada, en la que el investigador puede pasar años, con beca de Conacyt incluida, regodeándose sobre un mismo punto de investigación y llegando, lógicamente, a las mismas conclusiones. En esencia esta práctica es más bien una simulación, pero igualmente carente de ética y similarmente perniciosa.

A decir del propio Arancibia, es difícil que la hiper-especialización en la investigación permita, a pesar de las herramientas de la internet, estar al corriente de todo lo que se publica respecto a cada campo que a nivel mundial se ha abierto al escrutinio de la ciencia. Esa es una de las llaves que posibilita el plagio, pues los científicos lo saben. A eso me he referido cuando digo que es cuestión de suerte.

Un aspecto más que no es menor, es todas aquellas cuestiones vinculadas con los plagiarios, quienes ostentando un título (legal pero no legítimo) cotizan como doctores, por ejemplo, asisten a congresos como tales, asesoran otros trabajos de investigación con un grado académico que no les corresponde, etcétera. Es, en realidad, un fraude a las instituciones y una violación, obviamente, a los derechos de autor y patrimoniales, en algunos casos.

Deben pues las instituciones establecer mecanismos y filtros para, en la medida de lo posible, reducir o abolir esta práctica vergonzosa y vergonzante.


Leer también


Número 35 - Noviembre 2019
portada-revista-35.png
Descargar gratis







No te pierdas ningún artículo

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER