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Pendientes Navideños

Martes, 16 de Diciembre 2014 - 17:30

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Jaime Guerrero Vázquez

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Todo indica que el caso Ayotzinapa se resolverá de la peor manera posible; el tiempo lo convertirá en una fecha para recordar, como el 2 de octubre o el 10 de junio. Más allá de que grupos como la CETEG y políticos como López Obrador tratan de aprovechar el tema, lo cierto es que el caso deja muchas dudas, a pesar de la narrativa oficial, sólidamente construida. La razón de este cuestionamiento está en la historia y en el comportamiento de la clase política. ¿Por qué creerle al gobierno emanado del PRI si en el pasado nos ha mentido?, ¿por qué creerle a quien ocultó una casa millonaria en Las Lomas?, ¿por qué creerles al PAN o a los demás partidos si hemos visto su corrupción y privilegios?

En segundo lugar está el decálogo de Peña Nieto. El presidente tardó en presentarlo y cuando lo hizo utilizó un tono urgente, de medidas que era necesario implementar a la brevedad. El hecho de que el Congreso de la Unión termine el periodo ordinario de sesiones sin haber aprobado una sola de las medidas del decálogo sólo puede ser interpretado como un fracaso político para el presidente Peña. Más aún si se toma en cuenta que fue el PRI quien se negó a un sistema anticorrupción autónomo y con amplias facultades. Será hasta febrero cuando el decálogo comience a ser discutido.

El tercer pendiente que queda es el de la economía. De acuerdo a las tendencias de los anteriores trimestres, 2014 cerrará con un crecimiento de alrededor del 2%. Queda a deber el gobierno el impulso a una economía que dé mejores salarios y más empleos. Por supuesto, quedan otros muchos pendientes de aquellas cosas que no se resolvieron o no fueron respondidas cabalmente.

Es posible que este gobierno no sea peor que otros, pero también es cierto que ninguno había soportado un asedio mediático y político como el que todos los días vemos. Dicho asedio es tan fuerte que hasta los priístas parecen haber dejado solo al presidente. No se diga el gabinete, cuyos titulares pasean por el país como fantasmas, con unas cuantas excepciones: Osorio Chong, Murillo Karam y Robles Berlanga.

Apunto un último pendiente muy importante: el de la seguridad. Si bien los homicidios han bajado en los últimos años, todavía están muy altos los números, al igual que los secuestros y el cobro de piso. Otro tipo de violencia se abre paso: el de la violencia polpotiana de grupos extremistas que, con impunidad, golpean policías, queman vehículos y edificios y secuestran periodistas a los que deben “reeducar”. Mientras, la clase media ilustrada y algunos intelectuales denuncian, con razón, la violencia innecesaria del Estado, callan ante esta otra violencia porque sería políticamente incorrecto señalarla. Ojalá que estos sectores nunca sufran el proceso de una “revolución cultural”. 


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Número 35 - Noviembre 2019
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