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Oceanía… choque de trenes

Lunes, 18 de Mayo 2015 - 16:30

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Francisco Javier Aguilar Díaz

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El 4 de mayo pasado ocurrió un choque entre dos trenes en el metro de la ciudad de México, específicamente en la estación Oceanía de la Línea 5. Pasaron casi 40 años desde que ocurrió un accidente en ese sistema de transporte –lo cual habla bien de su nivel de seguridad-, sin embargo, este accidente parece destapar una nueva cloaca acerca de lo mal que se hacen las cosas en nuestro país sin importar poner en riesgo a los usuarios y sin buscar soluciones a fondo. Me explico.

El primer accidente ocurrió en octubre de 1975 en la estación Viaducto de la Línea 2, y según se dice, fue fraguado como un alcance menor para forzar al gobierno de la ciudad para comprar un sistema de seguridad automatizado pero el plan se salió de control, terminando en un choque entre dos trenes en el que hubo 31 muertos y más de 70 heridos, lo que obligó –mediante orden presidencial- a una rápida y mal hecha investigación en la que se fueron por lo más simple: culparon al chofer del tren que alcanzó y lo condenaron a doce años de prisión. En este caso pasa algo similar.

El choque se dio en plena estación Oceanía, donde se encontraba aun un tren detenido porque al tratar de avanzar el conductor detuvo la marcha al ver una lámina en las vías, la cual reportó al centro de control para que cortaran la energía y retirarla sin obtener respuesta. A la estación Oceanía (que está a nivel de calle) se dirigió un tren desde la estación Terminal aérea (que es subterránea), la lluvia caía a plomo y de acuerdo con el conductor de este tren, avanzaba a ciegas porque su limpiador de cabina ¡no funcionaba!  ¿Cómo es que sacan a rodar un tren sin limpiador en días de lluvia plena? El caso es que antes de llegar a Oceanía el tren desciende en pendiente por el Boulevard Puerto Aéreo desde el Cerro del Peñón. De acuerdo con el chofer, al ver al tren en la estación aplicó el freno de emergencia, pero tampoco funcionó plenamente –lo que se afirma también se había reportado-, lo que aunado a la cantidad de agua que caía del cielo, propició que el tren se deslizara hasta la estación y chocara con el otro tren. Afortunadamente el chofer se lanzó al andén antes del choque y a pesar de lo aparatoso de las consecuencias físicas del encontronazo, no hubo muertos, solo 12 heridos que fueron atendidos con premura.

La investigación posterior se dio con prontitud y dejó en claro una serie de contradicciones que inquietan, por decir lo menos. La versión oficial dice que la culpa es del chofer que alcanzó –como en el accidente del ´75- y del encargado de monitorear los trenes en el centro de control, además de que la pendiente previa a la estación Oceanía tiene demasiada inclinación y debe ser corregida –la pendiente existe desde que se inauguró la línea hace casi 34 años y nunca se vio como un problema-, además de señalar que la comunicación con el centro de control funcionaba normalmente. Pero la versión de los choferes involucrados y otros trabajadores es que ese día se les informó que la comunicación con el centro de control estaba fallando, que el tren que alcanzó era reconstruido con partes de diferentes modelos de tren, que había presentado ya varias fallas reportadas –incluyendo de frenos- y que aun así estaba trabajando transportando usuarios. Además se evidenció que el Director del Metro del DF, Joel Ortega, no sabía ni siquiera cuantos años tiene la Línea 5. Ahora el sindicato exige la renuncia de Ortega y el retiro de servicio de los trenes que presentan fallas.

Como se puede ver, la versión oficial genera dudas, ya que las razones no oficiales son más creíbles. Si la pendiente es tan peligrosa, ¿por qué nunca antes generó algún problema para los trenes? Si la comunicación con el centro de control era buena, ¿por qué ambos conductores señalan que no era así? Si el tren estaba en buenas condiciones, ¿por qué medios como el periódico El Universal hablan de fallas constantes reportadas en las bitácoras de las semanas previas? ¿Es cierto que a pesar de que ya había llovido muy fuerte por demasiados días permitieron circular a un tren con el limpiador descompuesto? Difícil encontrar la verdad, ya que se sabe de los constantes piques entre el sindicato y los directivos del metro.

El asunto más importante es la duda que se ha sembrado y que definitivamente tiene campo fértil para florecer: ¿Qué tan seguros son los trenes que transportan a millones de capitalinos en el Metro de la Ciudad de México? ¿Hasta qué punto el STC ha preferido utilizar trenes con fallas medianas y menores a verse superado aún más por la demanda de pasajeros? ¿Cuál es el riesgo real de viajar en el metro capitalino? Está por verse el final de este asunto, no creo que pare en la mera versión oficial, aunque también es probable que pasadas unas semanas el mexicanísimo olvido le dé carpetazo al asunto, por lo menos hasta que se presente otra situación similar, en cuyo caso se repetirán muchos argumentos y muchas quejas que igualmente repetirán destino.

Otro vistazo.

No se necesita ser especialista, solamente tener un mínimo de sentido común. Si alguien demanda desde EUA o donde sea que x persona que encontró en Facebook es su hijo robado hace diez años, lo menos que se puede pedir son pruebas, empezando por la más simple y tan popular en estos días: una prueba de ADN ¡Pero no! En este país alguien dice que x persona es su hija, le notifican a un juez –o en este caso, jueza-, y sin más nada – o quién $abe-, ella manda que la adolescente sea capturada y entregado a quien lo identifica como su hija sin mayor averiguación. ¡Y en esas manos estamos! Obvio, nadie ha sido responsabilizado de la metida de pata, es más, se reanudó el proceso ¡teniendo a cargo a la misma juez que cometió las pifias! Esto colabora a nuestra poca honrosa posición en el ranking de los países con mayor impunidad, donde somos el segundo lugar de acuerdo con un estudio de la Universidad de las Américas de Puebla. Penoso. El país de no pasa nada.


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