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Nuestra economía

Lunes, 23 de Marzo 2020 - 13:30

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Manuel Torres Rivera

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Enmarcar un texto económico en medio de un acecho de salud pública, cuando el mundo combate una pandemia de orígenes inciertos y destino aún más, es un reto al orden de evaluación cuantitativo que trata de definir la economía con hechos concretos, con trayectorias y con guías de pensamiento económico por principio.

La ciencia exacta, que define a la economía, atraviesa por visos de inacción en situaciones de plazo y por otros de acción en los plazos mediatos. Las naciones están inmersas en la incertidumbre y ello provoca medidas apegadas a la reserva que toda nación tiene en su haber: su gobierno. No es un juicio subjetivo adelantado como respuesta a una crisis, es simple identificación de la misma para adelantar futuro, para adelantar la salida antes de la inminente llegada de lo que ya conocemos se espera.

Si enlazamos el mundo industrializado desde la perspectiva de la globalización, desde la economía de mercado que prevalece en la mayor parte del orbe, la simple aportación del comercio internacional crea un vínculo de costo que reparte en circunstancias normales una cadena productiva. Los agregados de valor naturalmente se interrumpen ante una circunstancia como la que vivimos, pero no por ello se desintegra el afán de productividad. Las ventajas comparativas subsistirán una vez se aleje la pandemia.

El recurso de las naciones se mantiene intacto; desde luego, retomar el rumbo de producción tomará un tiempo. No olvidemos que la empresa como impulsor de la actividad económica contrajo su fuerza natural de expansión y reposición de activos, frenando un tanto los planes de inversión. El horizonte puede sonar incierto y lo es en la medida en que la disposición también sufra un colapso. Surge en este aspecto la intervención de institutos centrales y gobiernos. Las facilidades de reconstrucción se estudian desde el plano de los ciclos de recomposición de lo más esencial, materia prima para adelantar la cobertura aún no siendo local el abasto. Ésta es la esencia de la economía de mercado, ésta es la función crítica de la cadena productiva.

No podemos dejar de lado el impedimento principal en la recomposición de planes de empresa con el abasto de la energía derivada del petróleo. La negativa de recorte en la producción de Rusia y el desafío natural de Arabia Saudita al elevar su oferta en 10 millones de barriles para ofertar un crudo irrebatible en la industria a bajo costo, induce a pensar en la siguiente mejor alternativa y dar un giro al costo de oportunidad en el futuro inmediato. 

El desplome en los precios del crudo fundamentalmente, obliga a contemplar el costo de la energía como un componente singular en la moción y desplazamiento de bienes y servicios cuando la pandemia sea erradicada por completo. Las alternativas en energías limpias tendrán su aplazamiento temporal para alojar el agregado correspondiente en el uso de energía fósil a un precio conveniente. Desafortunadamente, el mundo libra batallas de gigantes y naturalmente la respuesta de bloques será decisiva una vez se incorporen estos nuevos costos con la derivación de debilitamiento del mayor de los gigantes, Estados Unidos. 

Ese será el punto central, toda vez que China logró un objetivo de relativo corto plazo al adquirir o recomprar acciones deprimidas de su propio entorno. En las gestiones de recompra o fusión no existen garantías por el simple hecho de ignorar efectos de competencia y tratados comerciales en bloque. La Unión Europea lanza un programa de cero intereses para recomposición fabril. Algo recuerda los años de reconstrucción de Bretton Woods en 1944. 

Las alteraciones económicas que vivimos en tiempo de paz jamás se habían dado como lo que hoy plantea esta afrenta comercial entre dos potencias básicamente. Los gobiernos no se encuentran pasmados como en días de invasiones o conflictos bélicos. La actuación inmediata para resarcir pérdidas con reservas de imposiciones otrora convenientes revierten las posibilidades de captación fiscal de los gobiernos en beneficio de la reactivación productiva. Así lo han anunciado las grandes economías del planeta.

Los señalamientos anteriores serán devastadores para México y la región. México se encuentra en la peor de las posiciones de su historia reciente. El inicio de esta transición, la tercera de nuestra etapa democrática lanzó la peor señal para la inversión al cancelar el proyecto más significativo del continente: el aeropuerto de Texcoco, con un avance del 30% aproximadamente. El financiamiento era totalmente privado y la asunción de deuda por parte del gobierno dejó un despegue débil  en las finanzas públicas.

De esa fallida intervención, el destino de la función aeronáutica se encuentra en un lecho marcado por la incertidumbre en cuanto a la respuesta de las entidades calificadas para opinar y, desde luego, las líneas aéreas que serían forzadas a mantener operaciones vigentes entre dos puntos relativamente cercanos y otro distante y descalificado tiempo atrás por su ubicación de altura.

El punto álgido que ha marcado la ruta de fracaso de esta transición ha sido la energía. La Comisión Federal de Electricidad canceló subastas al inicio de la administración y recomponer algunas de ellas provocó costos muy elevados de contratación y marcha. El desdén por energías limpias también es de consideración al no contemplar el rumbo de los industrializados.

PEMEX ha sido el lastre mayor de esta transición. Innecesariamente se persigue la refinación como una meta equivocada basada en la autosuficiencia. Se añade a la inoperante situación de nuestras refinerías, la construcción de otra más, Dos Bocas. La petrolera se ha convertido en la empresa mayormente endeudada del mundo. Todo lo expuesto en párrafos anteriores demuestra que las cadenas productivas basan sus ventajas comparativas en el exterior y así se recompondrá Europa. Esta administración en turno lo ha ignorado y ha mostrado y demostrado que los costos de la petrolera no podrán superar los precios actuales del crudo, por debajo de 20 dólares por barril. 

Todo el fracaso de esta transición se reduce a un solo vocablo: autosuficiencia. Producir gasolina para consumo local y alimentos simplemente es ignorar los efectos de las verdaderas cadenas de producción para repartir los tres componentes del costo, sin  necesidad de absorber los tres y todavía buscar mercados y competir. Esa mira es insostenible en las economías actuales. De la ausencia de proyecto y el daño a nuestra economía, en el próximo texto.  

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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