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No es culpa del “Clavillazo”, sino del que lo hace gobierno

Martes, 10 de Enero 2017 - 16:30

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Israel Aparicio

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Parece que con la liberalización del precio de la gasolina el gobierno federal también añadió el descaro y la insensibilidad política total, que ya es el sello distintivo del régimen encabezado por Enrique Peña Nieto. “¿Qué hubieran hecho ustedes?”, resume un mandatario agotado y sin imaginación. Nadie juzga que los subsidios a los combustibles tenían que terminar en algún momento, lo que es definitivamente criticable es la forma cínica y desaseada con que se manejó, lo cual provocó enormes manifestaciones de repudio y crítica ante el difícil inicio de año que será este 2017.

En pleno día de los inocentes pasado, no se acababa de salir del escándalo del súper bono navideño y aguinaldo para los diputados de casi 500 mil pesos, cuando se anunció que en 2017 el aumento a la gasolina sería de 16 al 20 por ciento, para dar paso a su liberalización total en marzo. Los partidos políticos que votaron las reformas energéticas y fiscal trataron de deslindarse (excepto el chapucero PRI) llamaron a las movilizaciones para impedir que el efecto inflacionario suba por las nubes la canasta básica y sobre todo, buscar deslindarse de una crisis económica que puede precipitarse en los próximos meses.

Lo que más enerva a la población sin distingos, son las formas groseras y manipuladoras: basta recordar el cínico bono navideño de los diputados, sus bonos para gasolina, las prebendas, los robos al erario de los gobernadores corruptos, pero sobre todo la insensibilidad de la clase política, donde destaca en el PRI ese caricaturesco personaje que es Enrique Ochoa Reza, a quien bien se le podría dar el mote de aquel cómico de carpa “Clavillazo”, quien declaró que tales medidas económicas no afectarían a su partido ni los resultados para los comicios del presente año.

El mensaje de año nuevo en cadena nacional del presidente Peña, fue la gota que incendió la crispación social.

Es obvio que la estrategia de adelantar la liberalización del precio de la gasolina para que el descontento popular no se precipite en el 2018, es una medida desesperada para no perder el poder, sin importar que la economía familiar se colapse y caiga a niveles de simple supervivencia. Al sistema le importa poco y le viene “guango” el seguir protegiendo a sus corruptos gobernadores, políticos y vividores del erario, así como dejar en la más profunda vulnerabilidad a los ciudadanos contra la rapacidad de las transnacionales que brindarán servicios y productos a precios inalcanzables, en la inmisericorde lógica del mercado. Descontar un 10% de salario a funcionarios resulta anecdótico ante la dimensión del problema económico.

El gobierno federal permitirá el abuso de las petroleras y son cómplices, a través de la recaudación, de continuar esquilmando e hipotecando el erario, que no tiene recursos suficientes para brindar servicios de salud, educación y servicios públicos de mediana calidad. En fallidos mensajes el gobierno pide a todos los ciudadanos “apechugar” con el inevitable aumento de las gasolinas, pero no ofrecen reducirse sus enormes privilegios, cotos de poder y combatir las enormes corruptelas que incrementan el descontento social.

En medio de este rio revuelto, existen innumerables manifestaciones de ciudadanos encolerizados por los aumentos, pero también profesionales de las provocaciones y la rapiña que realizaron saqueos en tiendas de conveniencia, casas prendarias, negocios pequeños y misceláneas en distintas delegaciones de la Ciudad de México, municipios conurbados y diversas ciudades del país. Hasta la semana pasada se contaban también varios bloqueos de autopistas y principales vialidades en la Ciudad de México, realizados por organizaciones de transportistas que buscan presionar al gobierno para que el denominado “gasolinazo” se cancele y se dé marcha atrás.

La psicosis en redes sociales estalló en días pasados cuando se tomó como cierta la información de saqueos, balazos al aire, grupos de encapuchados y rumores sobre robos a comercios establecidos que se daban por la Ciudad de México y diversos estados de la República, lo que provocó que tiendas y comercios cerraran ante el temor de ser vandalizados en un contexto social efervescente, que amenazaba con superar las capacidades del Estado.

Días previos a la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, la clase política demostró su total irresponsabilidad en el manejo político del precio de la gasolina. Una vez más naufragan víctimas de su propia propaganda y su vacío e insultante discurso, ante un hecho que afecta de forma profunda las diferentes economías familiares, comerciales y empresariales, que miran insatisfechas las explicaciones de cómo se disparará la inflación en el inicio de año.

El clavo que cierra el ataúd es sin duda el regreso de Luis Videgaray al gabinete, ahora como canciller, en la etapa más agria y virulenta contra México por la llegada de Donald Trump a la presidencia de EUA, donde se apuesta a que el ex secretario de Hacienda trate de mediar con el xenófobo mandatario estadounidense y controlar los ánimos antimexicanos que lo hicieron llegar al poder. Una última carta jugada por el gobierno desesperado, ante el huracán exterior que se presenta y que sumado al huracán interior que provocaron con el tema de la gasolina, solamente apuesta a la supervivencia del régimen, para evitar que el barco se les vaya a pique y salgan huyendo como ratas ante el naufragio económico y político en que nos arrastraron a todos.



Número 32 - Agosto 2019
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