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Mientras tanto en el Estado de México

Martes, 31 de Mayo 2016 - 18:00

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Guillermo Vázquez Handall

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En la colaboración anterior comentábamos que el interés que incita el análisis de los doce procesos electorales, para elegir igual número de gobernadores, capta toda la atención tanto de los habitantes de los estados donde se dirime esta competencia como de los medios de comunicación y la clase política nacional de todos y cada uno de los partidos políticos.

Explicábamos que, mientras este momento sucede, en otras latitudes de nuestra geografía nacional se van construyendo proyectos sucesorios estatales que de igual manera resultan muy interesantes.

Si bien es cierto que por las fechas estos otros procesos primero de selección interna, todavía no cobran toda la notoriedad que pudiera esperarse, para nada son discretos y no por ello son menos trascendentes.

Al estar precisamente en la etapa de la definición, después de los comicios del año en curso, se convertirán indudablemente en el tema de mayor discusión.

En el caso del Estado de México se entiende que siendo el PRI la primera fuerza en la cuna del Presidente de la República, se deduce que quien sea el candidato de ese partido tendrá la mayor posibilidad de triunfo; de tal suerte que uno de sus tres principales y claros aspirantes sería el sucesor de Eruviel Ávila en el 2017.

El Estado de México es, independientemente de la carga moral y sentimental que implica ser la casa, es el feudo personal del Presidente Enrique Peña Nieto por la gran cantidad de votos que aporta. De hecho, es la entidad que más, lo que la convierte en el énclave estratégico fundamental para poder ganar la elección presidencial del 2018.

Quienes compiten por la postulación son: Alfredo del Mazo, Carlos Iriarte y José Manzur; los dos primeros, diputados federales sin dejar de lado que Iriarte además es el Presidente del PRI estatal, mientras que Manzur se desempeña como Secretario de Gobierno de Eruviel Ávila.

Del Mazo e Iriarte, además de ser compañeros de bancada en la actual legislatura federal, también han sido ambos alcaldes de Huixquilucan. Por cierto, Carlos Iriarte relevó en el cargo a Del Mazo.

En una comparación de sus respectivas trayectorias, se podría decir que la de Del Mazo e Iriarte son muy parecidas, aunque el apellido del primero pesa mucho más al menos mediáticamente por prosapia, toda vez que forma parte del linaje político más poderoso de esa entidad.

No se puede dejar de lado que entre el Presidente Peña Nieto y Alfredo del Mazo existe un vínculo familiar, además de una relación afectiva cercana, lo cual tampoco fue un factor determinante cuando el primer mandatario siendo gobernador, en un acto de pragmatismo, escogió a Eruviel Ávila como su sucesor, en vez de a su primo.

Por tal razón, esta coyuntura no implica necesariamente que la decisión que corresponde a esta siguiente oportunidad se rija por el valor filial. Está claro que el Presidente Peña Nieto utiliza en estos casos más su calculadora que el corazón.

Del Mazo tiene a su favor el apellido y las relaciones en el denominado círculo rojo, mayor exposición mediática y de alguna manera el factor de haber sido sacrificado, si es que se le puede llamar así, en la oportunidad anterior.

En contraste, Carlos Iriarte, que para nada adolece de respaldos importantes, sí tiene la calle, una cercanía efectiva y genuina con los grupos y sectores de influencia locales, situación que se exponencia con su actual posición como dirigente estatal del Revolucionario Institucional.

Por su lado, José Manzur, quien básicamente ha desarrollado su carrera en el partido, es el elemento que aporta la imagen de la experiencia, pero es evidente que de los tres es quien carece del efecto popular y publicitario.

Dada la trascendencia que implica mantener el poder en suelo mexiquense, la determinación del régimen, es decir del Presidente Peña Nieto, estará orientada a garantizar el triunfo más allá de cualquier otro concepto.

Si bien es cierto que aunque ésta será una decisión de sistema, en ella difícilmente participarán para efectos de opinión o asesoría, los que normalmente lo hacen, incluyendo al gobernador actual. Será ésta pues una determinación unipersonal del Presidente.

La disputa aún de tres formalmente se circunscribe en la práctica a dos: Iriarte y Del Mazo, lo que lleva a considerar que no todo lo que se ve desde fuera es lo que más pesa.

Además, esta competencia se circunscribe esencialmente al territorio mexiquense y los factores externos no serán los que más influyan, sino los equilibrios íntimos entre las fuerzas locales y, por supuesto, el análisis de la garantía de triunfo. Más allá de los afectos, todo indica que se privilegiará el pragmatismo, por segunda ocasión consecutiva.


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Número 26 - Febrero 2019
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