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México y Alemania: Patrias indivisibles

Viernes, 08 de Noviembre 2019 - 10:00

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Julio Chavezmontes Messner

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Mañana se cumplen treinta años de la caída del Muro de Berlín.

La idea de construirlo, fue de Walter Ulbricht (agente soviético que pasó la Segunda Guerra Mundial en Moscú) y de Erick Honecker (al que “milagrosamente” no ejecutaron los nazis que lo tuvieron cautivo hasta 1945); dos traidores a Alemania, que además de someterse a los dictados de José Stalin, se prestaron a crear una colonia soviética bajo el nombre FALSO de República Democrática Alemana.

Ambos asesinaron a cientos de sus compatriotas y sin embargo, ninguno respondió por sus delitos de lesa humanidad.

El famoso muro comenzó a edificarse desde las reuniones habidas entre Stalin, Churchill y Roosevelt, sucedido por Truman que, siguiendo el Plan Morgentau, pretendía fragmentar Alemania en tres pequeñas provincias, además de negarle toda posibilidad de retomar actividad industrial alguna.

Cuarenta años antes de la fecha que ahora conmemoramos, fue inventada la “República Democrática Alemana”, con la intención de llevar a cabo la fragmentación de Alemania y la separación de su pueblo bajo regímenes contrarios e irreconciliables.

Jamás ha habido tal cosa como “dos Alemanias”.

Alemania siempre ha sido una sola patria para todos los alemanes.

Las patrias no surgen ni desaparecen por decreto de los vencedores.

Después de 30 años, el extinto muro solamente es el recuerdo de una inmensa injusticia que a fin de cuentas no pudo derrotar la voluntad invencible de un pueblo capaz de resistir cualquier adversidad, y de reconstruirse a partir de sus ruinas.

Muy pocos saben hoy, que después de haber terminado oficialmente la Segunda Guerra Mundial, más de tres millones de civiles alemanes murieron víctimas de genocidio cuando se les desplazó por la fuerza desde las provincias alemanas del Este.

El gran público tampoco sabe que cientos de miles de soldados alemanes murieron de hambre y de frío en los campos de concentración aliados, conocidos como los “campos de Eisenhower”, a pesar de estar en teoría, bajo la “protección” de la Convención de Ginebra.

A pesar de todo esto, Alemania hoy, no parece haber perdido una guerra sino que, por el contrario, es el pilar que sostiene a Europa, y su economía ocupa el cuarto lugar en el mundo.

Del mismo modo, no existen dos Méxicos como consecuencia del atraco territorial cometido contra nosotros por los expansionistas y traficantes de esclavos gringos que creían poder prevalecer sobre los derechos inmemoriales de nuestro pueblo.

En nuestro caso, el racista y corrupto Donald Trump, si quiere, puede construir una sucursal de la Muralla China a orillas del Río Bravo, pero ni con eso, podrá dividir ni separar al único México que existe.

Los más de 40 millones de mexicanos que hoy viven bajo jurisdicción de los Estados Unidos, son un factor irreversible.

Basta con señalar que en Chicago viven más de seis millones de mexicanos; que existen comunidades mexicanas importantes a orillas del lago Minetonka y sobre las riberas del río Hudson en Nueva York, donde hemos desplazado a los puertorriqueños como primera minoría.

No solamente somos indispensables, sino invencibles e imparables.

Nuestro pueblo ha seguido migrando hacia el norte, a través de El Río de los Regresos, guiado por Cuauhtecui, el águila de nuestros ancestros que regresa y señala el camino de la reconquista de nuestros territorios robados por Estados Unidos.

Mientras escribo estas líneas en el pequeño poblado de Stahringen, al suroeste de Alemania, vuelven a mí las palabras del senador Thomas Corwin del estado de Ohio, pronunciadas ante el Congreso de Estados Unidos el 11 de septiembre de 1847:

“Puede usted robarle esos territorios a México; pude arrebatárselos; los puede retener ejerciendo el derecho del más fuerte, pero un tratado de paz para ese propósito, libremente firmado por el pueblo mexicano, jamás lo tendrá usted.”

Desde hace algunos años, he tenido el privilegio de conocer y tratar a compatriotas nuestros, que encabezan y abanderan el ejercicio de nuestros derechos al norte de El Río; tales como Enrique Morones que al frente de “Border Angels” acompaña  con aguay toda clase de auxilio a los hermanos migrantes que se aventuran por el desierto en su camino hacia el norte.

He conocido y me honro en la amistad de Juan M. Solíz y Nellie Cotton, que dirigen la ONG “México defiende lo tuyo” a la que tengo el honor de representar ante las organizaciones alemanas de derechos humanos.

He tenido el honor de hablar con el catedrático Richard Griswold del Castillo autor del libro “Guadalupe Hidalgo, a Legacy of Conflict”, cuya información me fue más que valiosa para escribir  “The Comeback River”.

Así como California, Nuevo México y Texas siguen siendo hoy territorio de México de acuerdo al derecho internacional, Prusia Oriental, Silesia y Bresalu, siguen siendo parte de Alemania, tanto como Austria cuyo nombre (Österreich) significa Reich de Oriente, es decir: la verdadera Alemania Oriental.

Mañana sábado 9 de noviembre de 2019, el artista MEXICANO Adrián Luz, protagonizará en Berlín, un evento que hermana a México y Alemania bajo los auspicios de “One Day We Will Dance” y el Benhadj&Djilali Museum.

Enrique Morones llevará la voz de México; una voz indomable que demuestra que los muros de la imposición, solamente sirven para hacerle eco a sus mensajes de JUSTICIA.

El muro que será “demolido” es obra artística de Adrián Luz.

Esta jornada artística en el corazón de Alemania, hermanándose con México en la impugnación de todos los muros de la inhumanidad, demuestra una vez más, que Alemania y México: México y Alemania son patrias únicas; PATRIAS INDIVISIBLES.

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Dedicado a los mexicanos que al tiempo que escribo estas líneas, siguen cruzando invencibles e imparables hacia nuestras tierras ancestrales.

¡Toda la patria, o nada!

chavezmontesmessnerjulio@yahoo.com


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Número 34 - Octubre 2019
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