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México: ¡tierra prometida!

Miércoles, 11 de Septiembre 2019 - 13:10

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Julio Chavezmontes Messner

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Andrés Manuel Obrador Zakat, nació el 5 de septiembre en el hospital regional de Tapachula, Chiapas.

La madre del recién nacido ha vivido una verdadera odisea desde su lejana patria de El Congo, esa región mutilada (literalmente) por la voracidad increíble del rey Leopoldo de Bélgica desde el siglo XIX hasta su liberación en 1960.

A pesar de su liberación, El Congo no ha conocido la paz, y por eso Kumba Zakat se suma a sus miles y miles de compatriotas que han tenido que emigrar para salir de la pesadilla.

Hoy no quiero hablar sobre los errores de López Obrador; sobre si es peor o mejor que alguno de los muchos políticos que NO representan ni jamás han representado a nuestra patria.

Hoy quiero celebrar el nacimiento de un nuevo mexicano, acogido por nuestra tierra generosa; por este México especialista en echarle agua a los frijoles y hacer espacios donde pareciera que no los hay, a fin de acoger y dar cobijo a quienes lo necesitan.

La llegada de Kumba Zakat y el nacimiento de nuestro ahora pequeño compatriota, me hace recordar un episodio que injustamente no es conmemorado en nuestros libros de historia, ni honrado en letras de oro en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados.

Dada la enorme importancia de la relación entre México y los Estados Unidos, la historia de la invasión estadounidense y el despojo de California, Nuevo México y Tejas, debería ocupar un espacio preeminente en el plan de estudios de primarias, secundarias y bachilleratos.

Este episodio debería ser estudiado a fondo, no para alentar un espíritu de rencor, sino para hacer consciencia sobre la vigencia de nuestros derechos y la necesidad de edificar puentes que unan a los pueblos mexicano y estadounidense sin bardas de por medio.

Hoy que me he enterado de la llegada de este nuevo mexicano, enviado por Dios para nacer entre nosotros, quiero recordar la forma en que otro grupo de africanos fue acogido por México en circunstancias totalmente improbables en 1836.

Cuando el General Antonio López de Santa Anna (que no era ningún cobarde) encabezó al Ejército Mexicano para ir a Tejas a defender la soberanía nacional y nuestra integridad territorial, tuvieron lugar episodios que por mi parte, he tratado de difundir desde que era yo joven.

La versión oficial se reduce a que Santa Anna fracasó ante la invasión americana; que “vendió la mitad del territorio nacional” y que era un arrogante que se hacía llamar “alteza serenísima” además de ser un traidor...

Todo esto es una mentira masónica que solamente beneficia al expansionismo gringo, ocultando bajo la calumnia, la vigencia de nuestros derechos.

Nada se dice de la extraordinaria victoria mexicana ante los invasores anglosajones en El Álamo; una batalla que duró dos semanas (en tanto la del 5 de mayo de 1862 duró unas pocas horas).

Nada se dice de que Santa Anna cayó preso después del ataque lanzado por los gringos a traición a orillas del río San Jacinto, y cayó prisionero porque estaba hasta adelante de sus tropas y no en la retaguardia.

Nada se dice de que nuestros soldados de entonces, acogieron y tomaron bajo la protección de México a 1,500 hombres, mujeres y niños africanos, privados de su libertad por los traficantes de esclavos que, para ampliar su negocio inicuo, nos arrebataron Tejas.

Nada se dice de que estando derrotados por los mercenarios estadounidenses, y en condiciones de total desventaja, nuestros soldados se negaron a entregarle a los invasores a quienes ellos llamaban “sus negros”, cuya devolución reclamaron en el artículo 5 del documento propuesto por ellos como “convenios de Velasco” que México se negó a incluir en ese documento.

Nada se dice de que aquellos 1,500 africanos recuperaron su libertad por el solo hecho de haber pisado tierra de México, y después de ser rescatados se avecindaron en Tamaulipas donde todavía habitan sus descendientes cuyo origen se aprecia aún en las facciones y el hermoso tono de la piel de nuestros compatriotas afro-tamaulipecos.

Nuestra patria distaba muchísimo de encontrarse en las mejores condiciones al acoger a aquel grupo de esclavos liberados, PERO nuestros mayores de entonces, no pensaron en costos ni estadísticas; actuaron con el corazón por delante y abrieron los brazos de nuestra patria a 1,500 nuevos mexicanos.

Es muy probable que el famoso general revolucionario Joaquín Amaro (tamaulipeco), haya descendido de alguno de aquellos hijos adoptivos de nuestra patria.

Hoy, México no se encuentra tampoco en condiciones ideales; lamentablemente, el gobierno mexicano ignora la existencia de disposiciones legales vigentes que le permitirían evitar y hacer imposibles por completo las amenazas arancelarias de Donald Trump, y de hacerlas valer, nuestro gobierno no se habría prestado a servirle a los gringos de “policía migratoria”.

El gobierno mexicano ignora (increíblemente el artículo XXI del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que por añadidura sigue vigente en Estados Unidos como ley federal 9 Stat 922); si ese artículo se hiciera valer, la Guardia Nacional no tendría que haber nacido manchada con el encargo infame de cerrarle el paso a los desesperados cuya situación SE DEBE EN GRAN MEDIDA A LAS AVENTURAS BÉLICAS DE ESTADOS UNIDOS POR TODO EL MUNDO.

¡Kumba Zakat representa en su maternidad valiente y en su generosa gratitud, las mejores cualidades de la mujer mexicana!

Ella ha decidido ponerle por nombre Andrés Manuel Obrador a su pequeño mexicanito, acogido por nuestra patria como hijo bienvenido que trae como “torta bajo su brazo” la promesa de un mejor México; un México de tiempos felices y esperanzadores.

La bienvenida le ha llegado a Andrés Manuel Obrador Zakat, desde el Tepeyac:

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón, no temas esa ni ninguna otra enfermedad o angustia. ¿Acaso no estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? …”

Andrés Manuel Obrador Zakat, se encuentra cobijado bajo el manto de Nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe.

Nacer en México durante el mes de la Patria, reviste un privilegio especial, porque Dios nos ha enviado un nuevo hijo; un nuevo hermano; un nuevo compatriota cuyos padres han descubierto entre nosotros, que México es su tierra prometida.

¡Viva México!

¡Viva Andrés Manuel Obrador Zakat!

    _______________________________

chavezmontesmessnerjulio@yahoo.com

@JulioMessner

Stanringen am Bodensee

Baden Wurttemberg

¡México en septiembre!


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Número 33 - Septiembre 2019
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