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México entre Cárteles

Martes, 14 de Abril 2015 - 17:00

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Ethzoalli Rodríguez

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Si bien la historia del narcotráfico en nuestro país es bastante extensa, en esta entrega se presentan de forma general los aspectos más importantes de la trayectoria de la delincuencia organizada a partir de la década de los setenta

Para comenzar con esta historia es necesario marcar como inicio de este “negocio” el gran cambio que hubo en el narcotráfico, pues empezó a semejanza del caciquismo con un solo líder, el cual tenía el dominio total de una sociedad, con Pablo Acosta Villareal, en Chihuahua, como precursor del Cártel de Juárez, y con Félix Gallardo.

Metamorfosis: De Caciques a Grandes Empresarios

Durante los años setenta y ochenta se sentaron las bases del narcotráfico en México, nacieron esas pequeñas partículas que se fueron transformando hasta convertirse en las grandes empresas criminales que son en nuestros días.

Pablo Acosta Villareal, originario de Chihuahua, se convirtió en el gran capo de los inicios del narcotráfico en México. Fue un cacique de Ojinaga, Chihuahua y precursor del “Cártel de Juárez”. Este personaje fue quien formó a capos como Félix Gallardo, los hermanos Arellano Félix, Caro Quintero y El Chapo Guzmán, entre otros.

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Pablo Acosta Villarreal, El Zorro de Ojinaga. Fuente: Al margen, mayo 2013. 

Pablo Acosta era muy respetado en su localidad, pues, como es una costumbre entre los narcos y sus comarcas, apoyaba a la gente de Ojinaga y en particular a los estudiantes, pues éstos le presentaban proyectos y él los financiaba para que se llevaran a cabo. Era conocido por sus actividades ganaderas, con lo cual lavaba el dinero procedente del narcotráfico y de sus relaciones con los colombianos.

Junto a él trabajaba otro personaje muy importante dentro de la organización criminal, Ernesto Fonseca Carillo, “Don Neto”, tío de Vicente, Amado y Cipriano Carillo Fuentes, a quienes desde pequeños enseñó el negocio y los entrenó junto con su amigo y socio Pablo Acosta.

Según el periodista Ricardo Ravelo en su libro Los capos: las narcorutas de México, más tarde el capo que se logra colocar en lo más alto de la cúspide del narcotráfico y quien gracias a sus habilidades de oratoria y como publirrelacionista aunadas a sus conocimientos en administración de empresas logró dar un giro al narcotráfico, fue Miguel Ángel Félix Gallardo, mejor conocido como el “Jefe de Jefes” quien se ganó muy bien ese apodo pues llegó a ser el amo y señor de la droga no sólo en Jalisco y Sinaloa, sino en todo el país.

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Miguel Ángel Félix Gallardo El Jefe de Jefes. Fuente: PROCESO, mayo 2013.

El poder de Miguel Ángel provenía de la protección oficial que dispuso tanto en Sinaloa como en Jalisco, dos entidades que en diversas etapas sirvieron de asiento al poderoso jefe del cártel del Pacífico.

El Jefe de jefes logró combinar sus habilidades antes mencionadas para consolidar un poderío en el negocio del tráfico de drogas, adquiriendo una nueva visión estratégica, que a diferencia de Pablo Acosta deja atrás el regionalismo para convertirlo en toda una empresa criminal y así conquistar nuevos territorios. Poco a poco y dispuesto a seguir creciendo fue derribando uno por uno a sus rivales, realizó diversas alianzas, fortaleció su escudo protector y, como asevera Ravelo:

modificaron las estructuras: las organizaciones piramidales se transformaron en consejos y, gracias a su diseño horizontal, mediante la colocación de células o piezas –todas ellas reemplazables- que al mismo tiempo formaban parte de una cadena cuyo principio y final se dispersa en la amplia red de complicidades, ampliaron su presencia en la República Mexicana.

Así se logró dar una evolución al narcotráfico en México, que años antes sólo se manejaban como regionalismos o caciquismos para convertirse en las empresas que son, puesto que otras organizaciones delictivas hasta la fecha se siguen manejando de la misma manera que lo hacía Félix Gallardo.

Cabe mencionar que este capo logró establecer y multiplicar su fortuna ya que no sólo se compró grandes propiedades en zonas exclusivas de la República Mexicana, se hizo socio mayoritario de un hotel de cadena en la ciudad de Guadalajara, adquirió autos de colección y llegó a tener su propio banco, pero también era uno de los capos más buscados por la DEA, en México gozaba de libertad y tenía buenas relaciones en todas la esferas tanto criminales como políticas.

En México se manejaba como empresario, se le podía ver con otros empresarios y frecuentemente con políticos, como lo publicó Proceso el día 18 de mayo de 1985 se le vio con Rodolfo Sánchez Duarte, hijo de Sánchez Celis inaugurando una empresa del ramo automotriz en Culiacán, denominada Crisol y más tarde se supo que era utilizada para hacer el lavado de dinero en sociedad con políticos.

También se le atribuyó cierta superioridad hacia el resto de los cárteles de la década de los ochenta y aprovechándose de ese poder empezó a mover sus piezas como si fueran una jugada de ajedrez y así logró controlar el tráfico de estupefacientes hacia los Estados Unidos, dividir el territorio y manejar una “federación de narcotraficantes”, agrupación única en México creada por Félix Gallardo con el objetivo de dividir el territorio para el trasiego de drogas, convirtiéndose en el iniciador del manejo empresarial del narcotráfico en México, para luego, otros cárteles siguieran su forma de organización.

Al ser detenido el 8 de abril de 1989 muchos pensaron que ahí terminaría su poderío, pero no fue así, pues desde el penal de alta seguridad del Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México, seguía moviendo los hilos del narcotráfico en nuestro país. Con él y Don Neto en la cárcel, Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, y Héctor Palma Salazar se estaban alistando para ocupar el lugar de Félix.

Al enterarse Miguel Ángel de esto y sabiendo que era muy difícil recobrar su libertad, ordenó a Rafael Aguilar Guajardo que reuniera a todos los capos para hacer la repartición de los territorios. El mismo Rafael Aguilar organizó la reunión y el hospedaje de los mismos, esta reunión se llevó a cabo  en el puerto de Acapulco.

Según la investigación del periodista Ricardo Ravelo, en su libro Los capos, las narcorutas de México muestra que:

De acuerdo con la PGR y otras investigaciones, el reparto se dio más o menos así: Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, recibió Mexicali y San Luis Río Colorado; Rafael Aguilar Guajardo, Ciudad Juárez Chihuahua y Nuevo Laredo; Héctor Luis Palma Salazar, El Güero, Nogales y Hermosillo; Jesús Labra, El Chuy, tío e impulsor de los hermanos Arellano Félix, Tijuana; Ismael Zambada García, El Mayo, Sinaloa. Otros tramos del país fueron entregados, previas negociaciones, a Rafael Chao, ex agente de la DFS, y a Baltazar Díaz Vega, El Balta.

Después de hacer la repartición, Félix les comentó que cada quien tenía su territorio y sólo se dedicarían a cuidarlo, que tenían que respetar el de los demás; pero los hermanos Arellano Félix hicieron caso omiso del comentario y empezaron a meterse en las regiones de los otros capos, lo que con el paso del tiempo ha resultado una fuerte rivalidad entre algunos de estos grupos que hasta nuestros días es vigente y se ha acrecentado.

Los hermanos Arellano Félix, también conocidos como “los narcojuniors”, tenían un cierto parentesco con Félix Gallardo, consolidaron su poder a base de violencia y se hicieron famosos por lo sanguinarios. Sus integrantes al no acatar los acuerdos anteriormente establecidos, encabezaron la más cruel de las batallas hasta nuestros días.

Así, con el pasar de los años, la fuerza que ejercía Félix Gallardo se fue perdiendo; otros quisieron tomar la dirección de la narco-empresa, sin la habilidad, audacia y eficacia del “Jefe de Jefes”, y la llevaron al caos.

Debemos recordar que la gran empresa construida por Félix Gallardo fue la cimentación de los cárteles actuales, de ésta surgió el Cártel de Tijuana; Pablo Acosta dejó el terreno libre para que Aguilar Guajardo construyera el cártel de Juárez, lo mismo que Ernesto Fonseca. A pesar de su gran diferencia en la estructura, el cártel de Tijuana se convirtió en el consejo empresarial (su estructura tenía mucho parecido con el de Félix Gallardo). El cártel de Tijuana y el de Sinaloa se supieron adaptar a las nuevas formas de organización. De acuerdo con la investigación de Ravelo:

la propia Subprocuraduría General de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) define como rectangular y con amplia movilidad en todo el territorio. Acosta Villarreal y Félix Gallardo tenían dos esquemas distintos: la pirámide y el rectángulo; uno era dominado por el cacique; dispuesto siempre a tejer alianzas.

Estas fueron las bases construidas durante la década de los setenta y ochenta, desde que el narcotráfico era manejado por un solo grupo y solía comportarse como una familia criminal hasta el surgimiento de los cárteles actuales. Poseedores de una logística completamente moderna, con el concepto de liderazgo y una sólida organización de las nueve organizaciones o familias que operan en el país, con las nuevas alianzas que han establecido, son solo dos cárteles los que siempre han estado en disputa por el control del territorio.

De acuerdo con el mapa que tiene la PGR, en el país operan las siguientes organizaciones criminales: Hermanos Arellano Félix (Cártel de Tijuana), Osiel Cárdenas Guillén (Cártel del Golfo), Vicente Carrillo Fuentes y Vicente Carrillo Leyva (Cártel de Juárez), los hermanos Valencia (Cártel del Milenio), Joaquín “El Chapo” Guzmán, los hermanos Beltrán Leyva (sociedad), Ignacio Coronel, Ismael Zambada García (“El Mayo”) y Juan José Esparragoza, El Azul, (derivación del Cartel de Juárez que opera en Sinaloa), Juan Diego Espinoza, El tigre, y Sandra Ávila Beltrán, La reina del Pacífico, (sociedad) y Pedro Díaz Parada (zar de la mariguana en Oaxaca, una extensión del Cártel de Tijuana).


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Número 35 - Noviembre 2019
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