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Metidas de pata y calumnias.

Lunes, 07 de Enero 2019 - 14:10

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Jaime Guerrero Vázquez

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En su estilo habitual, los errores que comete el presidente López Obrador se convierten en ataques. En efecto, algunas de las decisiones que están tomando en los altos niveles de gobierno se están convirtiendo en errores. ¿Cómo está enfrentando estas metidas de pata? Con un magnífico método: ataca a otros, sea con verdades a medias o francas mentiras. 

La decisión de suspender el suministro de combustibles a través de ductos estaba encaminada a evitar el drenado ilegal que realizan los llamados huachicoleros. El transporte quedó en manos de los conductores de pipas. Por supuesto, un mal plan de distribución y la insuficiencia del mecanismo escogido dieron como resultado un desabasto en varias zonas del país, marcadamente Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Guanajuato y Querétaro. Como en todo fenómeno de escasez, hubo enojo y compras de pánico por parte de la población. Es posible suponer que, ante este panorama, los huachicoleros hicieron su agosto vendiendo la gasolina a un precio más alto. El remedio fue peor que la enfermedad.

¿Cómo respondió el gobierno federal a esto? Sin ninguna explicación lógica, el presidente López Obrador aseguró que el huachicoleo era una farsa que servía para encubrir los robos de los funcionarios de PEMEX y echar la culpa a los “ordeñadores”. Dijo más, amenazó a los huachicoleros y señaló que el poder del Estado es superior a sus redes ilegales.  El problema con estas acusaciones a los exfuncionarios de PEMEX es que no da nombres, no dice cómo fue que usaban el huachicoleo para “tapar” sus robos. Si lo sabe, está obligado a probarlo, de lo contrario sólo son afirmaciones huecas dirigidas a sus seguidores para arengarlos. Afirmaciones que sirvan para tratar de dejar atrás el error de la decisión de no usar los ductos. Por otro lado, afirmar que el huachicoleo no existe es un error. ¿Y los enfrentamientos con las fuerzas policiacas y militares?, ¿y los accidentes causados por su depredación?

Otra mentira flagrante es aquella que sirve de excusa para despedir a los trabajadores del Estado por honorarios. La jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, anunció el despido de 1,712 trabajadores de honorarios. Uno de sus argumentos es que había “mucho aviador”. ¿Qué porcentaje de estos trabajadores eran aviadores?, ¿10%, 20%, 30&%?, ¿quiénes eran?, ¿quién los contrató?, ¿cómo los detectaron?  Por su parte, Luis Antonio Ramírez Pineda, director general del ISSSTE, anunció el despido de tres mil trabajadores de honorarios. En su argumentación dijo: “Cualquier persona que haya ido a clínica del ISSSTE se ha encontrado con personal ocioso porque no está laborando en áreas como es la prestación de servicios médicos”. Pero él mismo se contradijo, pues en otra parte de su explicación señaló que entre los despedidos habrá personal médico, enfermeras y administrativos. A pesar de estos despidos, aseguró que el Instituto no tendrá problemas en atender a los millones de derechohabientes. Una afirmación idéntica (y absurda) a la que hacían los funcionarios de los gobiernos del PRI y el PAN.

Estos miles de despedidos se suman a los otros miles que han salido de otras dependencias para lograr ahorros que sirvan para alcanzar las metas prometidas. Si bien los nuevos gobernantes tienen la facultad de despedirlos, no tienen por qué calumniarlos acusándolos de aviadores o inútiles. Cualquiera que sepa cómo funciona el servicio público sabe que los trabajadores de honorarios son el motor principal del funcionamiento de muchas áreas y programas. Su despido traerá mil problemas.

Esa es la Cuarta, medidas arbitrarias y calumnias. Sí, ya se nota el cambio.


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Número 25 - Enero 2019
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