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Médico mexicano hace historia en Johns Hopkins

Jueves, 27 de Junio 2019 - 13:50

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Venus Rey Jr.

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Tengo la fortuna de conocer al Dr. Javier Bolaños Meade porque fue mi compañero en la primaria. He seguido de cerca su labor y sé que pertenece a un equipo de investigación de élite –me refiero a una élite científica– en la Escuela de Medicina de Johns Hopkins, una de las instituciones con mayor prestigio a nivel mundial. Ha publicado más de cien ensayos médicos y es reconocido como una eminencia en Oncología. El Dr. Bolaños Meade es un triunfador, en el verdadero y profundo sentido de la palabra.

Revistas médicas de gran prestigio en Estados Unidos han publicado notas, artículos y ensayos sobre las aportaciones del Dr. Bolaños Meade a la Medicina. Sus papers son leídos y citados por estudiantes y especialistas. Es reconocido como una autoridad mundial. Que un mexicano llegue a esos niveles, sin duda es motivo de beneplácito. Si Bolaños Meade fuera futbolista, permítaseme el símil, sería estrella en el Barcelona, el Real Madrid, la Juve o el Liverpool. Si fuera corredor de Fórmula 1, habría ganado ya varios campeonatos. Si fuera tenista, estaría al nivel de los máximos ganadores de torneos de Grand Slam. Si fuera cineasta, ya habría ganado el Oscar o la Palme d’Or. El nivel al que ha llegado es el más alto.

Javier Bolaños Meade inició su brillante carrera como ensayista científico en el pre-grado, en Baylor College of Medicine, Houston. Después de hacer su servicio social en Monterrey, fue admitido en Texas Tech University para hacer la residencia en Medicina Interna. Y de ahí, poco después, llegó a la Universidad de Maryland para realizar residencia en Oncología y Hematología. Y ya en Maryland, el siguiente pasó fue Johns Hopkins, donde realizó la residencia en Trasplante de Médula Ósea. Y por lo visto, Bolaños Meade llegó a Johns Hopkins para quedarse, pues está ahí desde 2002, como Fellow, y desde 2004 como Faculty.

¿Cómo un joven médico mexicano puede llegar a Johns Hopkins y formar parte de un equipo de investigadores del más alto nivel en el mundo? Javier Bolaños Meade siempre ha sido una persona sencilla y afable y me comenta que fue una combinación de trabajo y suerte. Yo pienso que la suerte, si jugó algún papel, lo hizo marginalmente. La Dra. Georgia Vogelsang, connotada científica, invitó a Bolaños Meade al equipo de investigación que estudiaba la Enfermedad de Injerto Contra Huésped (Graft versus Host Disease). Y lo invitó porque vio en él un gran talento médico, de otra forma no lo hubiese llamado. Más tarde, la Dra. Vogelsang se retiró de Johns Hopkins y su posición quedó vacante. No fue la suerte, como con modestia piensa Bolaños Meade, sino sus impecables credenciales, las que movieron al equipo de investigadores a ofrecerle el puesto: quedó a cargo del programa de la Enfermedad de Injerto Contra Huésped, y no sólo eso, sino también llegó a formar parte de la Red de Ensayos Clínicos de Transplante de Sangre y de Médula Ósea (Blood and Marrow Transplant Clinical Trials Network), lo que le permitió realizar estudios e investigación a nivel nacional en los Estados Unidos.

Pedí al Dr. Bolaños Meade que me explicara, en lenguaje para no expertos, en qué consisten sus investigaciones y qué beneficios podrían llevar a los pacientes. Bolaños Meade tiene varias líneas de investigación, de las cuales me explicó las tres principales.

En primer lugar, está la prevención y la terapia de la Enfermedad de Injerto Contra Huésped. Esta enfermedad suele presentarse después de que se realiza un transplante de células de la médula ósea a un paciente. El Dr. Bolaños Meade ha investigado y desarrollado técnicas que permiten que el trasplante sea más seguro.

En segundo lugar, ha investigado el empleo de donadores no compatibles, estén relacionados o no con el paciente, para el transplante de médula ósea. «La idea –explica el Dr.– es lograr que toda persona que necesite un transplante tenga un donador, lo cual no ocurría hace unos años cuando se requerían donadores 100% compatibles.»

En tercer lugar, el Dr. Bolaños Meade investiga y desarrolla técnicas para realizar transplante de médula ósea en indicaciones no clásicas, como la Anemia Falciforme o la Talasemia, utilizando no únicamente esquemas menos tóxicos, sino también donantes no compatibles.

Las investigaciones del Dr. Bolaños Meade y del selecto grupo de investigadores en Johns Hopkins dan esperanza a los pacientes que aguardan un transplante de médula ósea. Para no ir más lejos, un muy querido amigo falleció hace algunos años porque los transplantes de médula ósea a que fue sometido no fueron exitosos. Yo estoy seguro que las investigaciones y técnicas del Dr. Bolaños Meade le habrían salvado la vida. Así de grande y maravilloso es el research que hace este médico mexicano con este grupo tan distinguido de investigadores de Johns Hopkins.

No puedo evitar el tema y pido al Dr. Bolaños Meade su opinión sobre los recortes presupuestales que está sufriendo la ciencia en nuestro país. Me responde que él no sabe de administración pública ni de política, que él sabe de medicina y puede sugerir a sus pacientes qué hacer con su salud, pero que recomendaría a cualquier gobierno, si de verdad se preocupa por la población, que invierta en salud e investigación científica, pues de no hacerlo, el subdesarrollo y la injusticia social estarían garantizados.

Es una pena que un talento como el Dr. Bolaños Meade se haya ido de México. Le pregunto si de haber permanecido en el país habría alcanzado el nivel de desarrollo al que ha llegado. Hago énfasis en el hecho de que pertenece a un grupo de investigadores de élite que bien podría ganar el Nobel de Medicina. El Dr. me comenta que si se hubiera quedado en México estaría haciendo otra cosa, pues la actividad que desarrolla sólo puede llevarse a cabo en muy pocos centros en el mundo. Por su respuesta deduzco que en nuestro país no hay un centro que haga esa clase de research, y con el recorte de presupuesto a la ciencia, menos, lo cual no deja de ser triste. Con modestia, el Dr. Bolaños Meade me dice que no ve factible que él y el equipo de investigadores de Johns Hopkins viajen a Estocolmo, pues ya se ha otorgado un Nobel relacionado con el transplante de médula ósea, de modo que es virtualmente imposible que se dé un segundo premio. Pero una mente como la del Dr. Bolaños Meade no trabaja para ser reconocido, sino por amor a la ciencia.

No es el único miembro prominente de su familia, aunque desde mi punto de vista, sí el más destacado. El Dr. es primo de otro muy reconocido Doctor, no en Medicina, sino en Economía. Me refiero al Dr. José Antonio Meade, economista de gran prestigio, ex-candidato a la presidencia de la República. Parece que esto es cosa de familia, comento, porque sé que hay varias personas destacadas en la familia Meade. «Imagino que todas las familias tienen ovejas y cabritos –explica–. Mi ejemplo favorito es Felipe V y Carlos III de España, y después Carlos IV, Fernando VII e Isabel II. Ahí tienes a lo mejor [los dos primeros] y a lo peor de la monarquía ibérica [los tres últimos], y todos son familiares. En mi familia siempre se dió gran énfasis al estudio. Mi madre es miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y siempre ha sido un gran ejemplo para mí. Otros miembros de la familia, que no conocí porque fueron anteriores a nuestro tiempo, sobresalieron en la cultura. Tal es el caso de Joaquín Philip Meade, miembro de la Academia Mexicana de Historia, y Adalberto Walther Meade, reconocido historiador. En mi familia siempre se nos enseñó a trabajar y a estudiar.»

Finalmente, pregunto al Dr. si se quedará para siempre en Baltimore o si está en sus planes volver a México. «No tengo idea de lo que voy a cenar hoy por la noche –comenta–, menos sobre el futuro más distante. Dicho esto, el mundo hoy en día es lo suficientemente pequeño como para pensar en limitarse. No tengo idea del lugar que vaya a ser mi base, pero no pienso ponerme fronteras.»


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Número 34 - Octubre 2019
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