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Los discursos que caben en una botella (no muy grande)

Lunes, 19 de Enero 2015 - 18:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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El dato duro es brutal: el 1% de la población mundial, un poco más de 70 millones de personas, tendrá el 50% de la riqueza mundial para el 2016. El 50% restante se repartirá entre más de siete mil millones de seres humanos. Si tomamos en cuenta al 20% de la población más rica del orbe, el porcentaje de apropiación asciende al 80% de la riqueza mundial. Estos datos comenzaron a circular este fin de semana y no fueron proporcionados por radicales, enemigos del sistema o los últimos países comunistas (que aspiran a dejar de serlo). Fueron dados a conocer por una organización denominada OXFAM.

Oxfam, fundada en 1942 en Oxford, agrupa a 17 organizaciones que trabajan en aproximadamente 90 países para encontrar soluciones a la pobreza y la injusticia. Esta organización trabaja directamente con las comunidades y busca influir en la gente que toma las decisiones en el mundo. En el 2000, Oxfam adoptó el enfoque basado en derechos. Considera que son derechos de todo ser humano: contar con un medio de vida sostenible, acceso a los servicios sociales básicos, garantías a la vida y la seguridad, a ser oído y contar con identidad. Hay más datos de OXFAM que apuntan a una cada vez mayor desigualdad en el mundo, por lo que esta organización llevará al Foro Económico Mundial de Davos su preocupación de que este proceso de concentración de la riqueza no sólo impida disminuir la pobreza, sino que la incremente en los próximos años.

No es esta la única alarma que ha sonado desde el interior del propio sistema capitalista (¿hay otro?). Desde los años noventa existe la preocupación acerca del “dinero caliente”, capitales especulativos que van de país en país obteniendo ganancias, pero sin generar beneficios de largo plazo para la nación a la que llegan.

Recientemente, Thomas Pikety, autor del libro El capital en el siglo XXI, señala que la acumulación de la riqueza está creciendo más rápido que las economías, lo que significa que la concentración y la desigualdad van en aumento. Este autor propone una serie de medidas, entre ellas impositivas, para revertir un proceso que cree nocivo para la funcionalidad del sistema.

Otros datos permiten suponer que existen alrededor de mil millones de personas que tienen acceso a los satisfactores básicos. Se encuentran en EUA, Europa, Japón y las clases más favorecidas del Tercer Mundo. Pero hay más de seis mil millones que no pueden ejercer uno o varios de sus derechos como seres humanos. Más grave aún: en los próximos años, esta proporción tiende a crecer.

Así que todos los discursos políticos de los líderes del mundo que pronostiquen el fin de la desigualdad hay que ponerlos en una botella y pensar qué hacer con el espacio que queda vacío. 


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Número 35 - Noviembre 2019
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