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Laudato si'

Lunes, 22 de Junio 2015 - 17:00

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Mónica Uribe

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Cómo una antífona, las primeras palabras de la nueva encíclica de Francisco son copia literal del Cántico de San Francisco, el primer santo que realmente entendió a la naturaleza como algo integrante y consustancial al ser humano, y, por lo tanto, digna de ser amada, preservada y utilizada con esmero. Nada de eficiencia y eficacia modernas, que sólo dan a la naturaleza, a la casa común como dice el Papa, un valor instrumental para el interés humano, pero tal valor está derivando en la destrucción del entorno, de suerte en que vamos directo a la destrucción de la “hermana Tierra”, si seguimos por el camino del consumismo, del despilfarro y del egoísmo.

El documento de 183 cuartillas, marca un antes y un después. Si bien el movimiento ecologista ya lleva un rato rondando, nunca antes un líder mundial ha aceptado que el calentamiento global está poniendo en riesgo la vida humana y que es el principal problema de la agenda mundial. Como señala el ambientalista norteamericano Bill McKibben en un artículo publicado por la revista The New Yorker, si siempre se ha dicho que el presidente de Estados Unidos tiene un “bully pulpit”, en español, “una tribuna de lujo” para marcar la agenda global, ahora es claro que esa tribuna es un púlpito y está en el Vaticano: el líder de más de mil millones de católicos ha puesto el dedo en la llaga sobre el cambio climático, sus orígenes y sus consecuencias, si no hay un compromiso de las élites políticas y económicas para cambiar el paradigma energético, pasando de los combustibles fósiles a energías renovables y limpias, así como un compromiso de la sociedad global por dejar atrás los patrones irracionales de consumo y de desecho de los productos.

Si bien la encíclica es un documento más social que ambientalista, pues su núcleo es, desde un planteamiento espiritual de la concepción de la naturaleza, la conversión del actual paradigma económico a otro más humano, menos egoísta, menos despilfarrador y menos consumista, toca aspectos de la ciencia y de la sociedad que ningún otro pontífice había tocado tan acuciosamente. Lo que se busca es que exista conciencia de que el hombre no puede depredar al hombre, por tanto, también se centra en señalar que debe existir justicia social (ambiental, además) para los más pobres entre los pobres.

La encíclica recuerda el discurso de la llamada escuela de la dependencia, una escuela sociológica surgida en América Latina en los años sesenta, que cuestionaba a la escuela desarrollista cuya visión del progreso de los pueblos se sustentaba en una adhesión al capitalismo y al paradigma norteamericano de desarrollo mediante la industrialización y urbanización de las sociedades. Por lo contrario, la escuela de la dependencia decía que el modelo de desarrollo impuesto por el capitalismo norteamericano en América Latina a través del Banco Interamericano de Desarrollo, provocaban distorsiones del mercado, y gracias a una industrialización forzosa, se perdieron los cultivos tradicionales sin que realmente la sustitución de importaciones fuese efectiva; el crecimiento se concentró en la ciudades, depauperando más las zonas rurales que nunca lograrían desarrollarse.

Las críticas a la encíclica está focalizadas: se encuentran básicamente entre los católicos norteamericanos, para mayores señas republicanos, y ligados a los lobbies petroleros y armamentistas. También están aquellos que niegan la realidad del calentamiento global. ¿El punto común? Simplemente que el stato quo les es conveniente. ¿Para qué tomar en cuenta a aquellos que apenas pueden consumir, aquellos cuya pobreza prefieren obviar, mientras se lavan las caras con iniciativas filantrópicas focalizadas que en realidad no ayudan, sino son caridad simple sin compromiso de ninguna especie?

Claro, son los más interesados en que el debate ambiental se vea obnubilado. Pero el documento pontificio ha llamado la atención de líderes mundiales. Barack Obama  - en el contexto del incipiente proceso de sucesión presidencial -  dio la bienvenida a la iniciativa, lo mismo que François Hollande; la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, los que se manifestaron a favor de buscar caminos para combatir al cambio climático desde una visión de justicia social.

Y siguiendo a McKibben, hay que señalar un elemento crucial: el Papa no es un neo pagano que adore a los árboles y escuche el grito de la tierra. Jorge Mario Bergoglio retoma la tradición franciscana de la Iglesia para celebrar a la naturaleza y busca que el mundo vea a la naturaleza no como algo para ser utilizado simplemente en función de las necesidades del consumo humano, sino una parte de la Creación que debe ser admirada, protegida, cuidada y ensalzada. Para ello, como se ve en todo el documento, habrá que hacer una cruzada para ubicar los intereses financieros en su sitio: a disposición del hombre y no al revés.

Aquí en México …

La Conferencia del Episcopado Mexicano cuestiona la resolución de la Suprema Corte acerca de los matrimonios entre personas del mismo sexo, mientras el cardenal Juan Sandoval, ex arzobispo de Guadalajara, considera que los males de México pueden ser resueltos mediante un mega exorcismo ….. y el arzobispo de Jalapa, Hipólito Reyes Larios, se queja de la “plaga de madres solteras”. Parece que no se han dado cuenta de que hay otro Papa en el trono de San Pedro …. Uno que pide perdón a los valdenses.


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Número 35 - Noviembre 2019
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