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Las decisiones cupulares ya no funcionan

Viernes, 16 de Diciembre 2016 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Si como dicen los que creen que saben, las elecciones en el Estado de México (2017) son el termómetro de lo que podría ocurrir en 2018, entonces hay que decir que PAN, PRD y PRI están sufriendo porque sus procesos no están saliendo como deberían.  Se ha escrito aquí que en general un buen proceso de selección es más rentable que un candidato fuerte que emerge de un partido dividido. La realidad es que en los partidos con mayor presencia las cosas parecen estar evidenciando profundas diferencias en formas de selección y objetivos.

En el PRD hay dos confrontaciones: una por la candidatura y otra por la definición de las alianzas. En este último punto, ayer se anunció la creación de un polo denominado “Militantes de Izquierda”, integrado por el Frente Progresista, Patria Nueva y Unidad Democrática Nacional. El punto de partida de este núcleo es el rechazo a una alianza con el PAN en los procesos electorales de 2017 y 2018, especialmente en el Estado de México. Las cabezas visibles de este movimiento son el senador Miguel Barbosa, Carlos Sotelo, José Narro Céspedes y Pablo Gómez. Estos militantes del PRD y otros han evaluado que las alianzas con el PAN en las pasadas elecciones locales sólo entronizaron a los candidatos azules y desdibujaron al sol azteca como organización de izquierda. No se equivocan en este balance. Han llamado a una alianza, pero con la izquierda (¿?). En este camino, hicieron un llamado a Miguel Ángel Mancera, Alejandro Encinas y a su dirigente nacional, Alejandra Barrales. Por cierto que a Barrales prácticamente le propusieron ser la candidata perredista a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. 

En el lado del PRI, que hasta ahora se había mantenido en total calma, resonaron las palabras de la diputada y secretaria general de ese partido, Carolina Monroy, quien de plano señaló que no había “piso parejo” para procesar la candidatura al Estado de México. Detrás de ella, las priistas de la Comisión de Equidad de Género de la Cámara de Diputados apoyan su demanda. Grave que una militante con ese nivel se queje de las condiciones en las que se compite. El reclamo no puede estar más que dirigido al presidente de la República, Enrique Peña Nieto; al presidente del partido, Enrique Ochoa Reza; y al gobernador de la entidad, Eruviel Ávila.

Se dirá que no pasa nada con este reclamo de la diputada Monroy, pero el día de ayer hubo un llamado de atención a la forma en la que se están haciendo las cosas en el PRI. Un militante de toda la vida, un hombre que ha ocupado puestos públicos de primera nivel, Javier Guerrero, anunció que salía del PRI y se lanzaba como candidato independiente para la gubernatura de Coahuila. Una grave pérdida que, si bien no necesariamente pone en peligro al tricolor, sí debe aquilatarse en su dimensión.

En el caso del PAN hay aspirantes que se oponen a dos cosas: una imposición de la dirección nacional de su partido, que llevaría a Josefina Vázquez Mota como candidata, y a una alianza con el PRD y menos de la mano de Alejandro Encinas, al que ubican como una especie de heraldo de Andrés Manuel López Obrador. Detrás de uno de los aspirantes más fuertes, el diputado Ulises Ramírez, está la mano de un aspirante presidencial, Rafael Moreno Valle. Si logran detener la candidatura de Vázquez Mota y no hacer alianza con el sol azteca, habrán ganado la batalla contra Ricardo Anaya. Que no la gubernatura, necesariamente.

Los partidos se descomponen en su disciplina y objetivos. Lo notable no es la lucha por puestos, eso siempre ha existido, sino las formas que esta lucha tiene ahora. Crujen las paredes y los cimientos de los partidos. Y del sistema electoral.


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Número 35 - Noviembre 2019
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