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La visión de hoy: ¿Y cuando la trata no es trata?

Viernes, 08 de Mayo 2015 - 17:00

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Francisco Javier Aguilar Díaz

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Los últimos años nuestras autoridades han puesto especial atención en el delicado asunto de la trata de blancas y es algo muy loable. No debe permitirse el secuestro o la retención contra su voluntad de personas que son obligadas a ejercer el sexo servicio de manera indiscriminada e insalubre, lo que además no les deja ninguna ganancia, ya que todo el dinero se va a su captor. Un problema tan antiguo como la propia profesión del sexo por dinero, pero ¿qué pasa cuando el sexo servicio se ejerce por necesidad y voluntad propia? Me explico.

Ciertamente en el mundo de la prostitución hay muchas aristas, la más común de ellas narrada anteriormente, pero esto no exenta que hay muchísimas mujeres y hombres que se dedican a vender su cuerpo y sus caricias por elección, porque es lo que prefieren hacer, porque eso les deja más dinero que un trabajo de oficina o de obrero y son muy libres de hacerlo o al menos deberían serlo. ¡Pero no! En este país en el que las generalidades abundan, se mete a todos en el mismo costal y es entonces cuando se afecta a terceros sin deberla ni temerla.

Nuestros legisladores, siempre tan interesados en limpiar a la sociedad de toda inmoralidad cuando les conviene, hacen leyes para cerrar antros, tabledances, bares y demás sitios donde se ejerce la profesión más antigua del mundo, que porque hay sobornos, droga, trata de blancas, venta de licores adulterados y demás situaciones que además son innegables, pero ahí empiezan los problemas. Cuando se trata de hacer un ataque real a toda esa problemática no se puede estar en contra, pero cuando esto es solo una mascarada por quedar bien, por ganar votos en época de elecciones o mejorar su imagen pensando en su futuro, ahí la cosa no va, porque terminas afectando a mucha gente.

En su afán de atacar la trata de blancas las autoridades se van parejo sobre todos los negocios y todas las personas, no solo contra quienes son sospechosos de delito, y dejan sin trabajo a los meseros, los taxistas, valet parking, gente de seguridad, bármanes y demás personas que viven de ese ambiente sórdido de lujuria y pecado, pero además detienen a las mujeres que están ahí trabajando, ya sea bailando o vendiéndose a los parroquianos; y no solo les quitan su fuente de ingreso, sino que las detienen y las encierran hasta el pago de una multa, sea en dinero o en especie. Repito si se trata de personas víctima de trata, qué bien, pero en muchos casos se trata de personas que salen a hacer un trabajo y que se quedan sin él por días o semanas. Por si eso fuera poco, cierran los locales, pero pasada la época electoral o llegando a un nuevo acuerdo con las autoridades, los lugares vuelven a abrir. Entonces, ¿cuál fue el chiste?

Finalmente, ¿por qué una persona no puede ejercer libremente el sexo servicio? No todas las personas que lo hacen tienen un lenón o “padrote” ni están ahí bajo amenazas, lo hacen por decisión y no es una actividad fácil, todo lo contrario, están en un ambiente incómodo y de alto riesgo y a ellas nadie se ha molestado en medianamente protegerlas por más que lo han solicitado por décadas, así que lo menos que deberían hacer las autoridades es no cargarles más la mano. Que no haya trata, sí, que no haya delitos, sí, que no estén cerca de lugares familiares, sí, pero que dejen que la gente se gane el sustento como mejor les parezca.

No se vale que como siempre, se legislen y aplique una ley general sobre 20 asuntos que son casos específicos. Debe de haber un criterio y la conciencia de que la venta del sexo ya es una industria pequeña o grande, depende donde se ejerza, pero que inevitablemente no va a desaparecer mientras haya demanda y en estos tiempos que el sexo ya no es tabú ¡no les cuento! Así que ni son todos los que están, dejemos que cada quien se gane el pan con el sudor de su frente… y del resto de su cuerpo si es lo que quieren hacer. ¿No creen?

Otro vistazo.

No se necesita ser especialista, solamente tener un mínimo de sentido común. Si alguien demanda desde EUA o donde sea que x persona que encontró en Facebook es su hijo robado hace diez años, lo menos que se puede pedir son pruebas, empezando por la más simple y tan popular en estos días: una prueba de ADN ¡Pero no! En este país alguien dice que x persona es su hijo, le notifican a un juez –o en este caso, jueza-, y sin más nada – o quién $abe-, ella manda que la adolescente sea capturada y entregado a quien lo identifica como su hijo sin mayor averiguación. ¡Y en esas manos estamos! Obvio, nadie ha sido responsabilizado de la pifia. Esto colabora a nuestra poca honrosa posición en el ranking de los países con mayor impunidad, donde somos el segundo lugar de acuerdo con un estudio de la Universidad de las Américas de Puebla. Penoso.

 


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