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La violencia en México

Viernes, 02 de Noviembre 2018 - 15:10

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Antonio G Trejo

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Life is easy with your eyes closed.

John Lennon

La prensa y los medios de comunicación constantemente hacen alusión a la inusitada violencia que se ha extendido en nuestro país. La agresión y la violencia son fenómenos sociales que siempre han existido en todos los países del mundo, no solo en México. De acuerdo con los sociólogos, los principales factores que la ocasionan son: el descontento social generado por la crisis económica, la falta de oportunidades, la inseguridad en el empleo y el incierto futuro que no es nada promisorio para los jóvenes que están en su etapa más productiva. El desfogue natural a todas estas calamidades es la agresión y la violencia en todas partes y a todas horas.

En México, la población vive en constante zozobra por el altísimo incremento en la delincuencia que se ha disparado por el control del narcotráfico, la corrupción que ha permeado a las autoridades que supuestamente debían controlarla y por la impunidad que resulta por la venalidad del sistema judicial que prácticamente protege a los delincuentes.  Aunado a estos factores, existe una desinformación de los medios y las redes sociales a quienes parecen interesarles más los detalles superfluos y morbosos que la veracidad de la comunicación.

La historia de México nos revela una marcada tradición violenta que tiene sus inicios en la hegemonía del Imperio Azteca que tenía avasallados a numerosos pueblos, que se extendía hasta Guatemala y Honduras. El dominio emanaba de un poderoso ejército que sometió brutalmente a las otras tribus a quienes exigía cada vez mayores tributos. Además de los productos en especie, los aztecas exigían la entrega de muchachas vírgenes que serian sacrificadas en el Gran Templo; la muerte era horrible, les abrían el pecho con un cuchillo de pedernal y literalmente les arrancaban el corazón, éste aun latiendo era ofrendado a Huitzilopochtli. Cuentan los cronistas españoles que el espectáculo era aterrador y sumamente intimidatorio para todos los espectadores, el mensaje aún con tintes religiosos era eminentemente político:  no desafiar al sistema. En la actualidad, muchos países musulmanes suelen castigar y ejecutar a los reos en público.

Posteriormente, La Nueva España atravesó la etapa del sometimiento y las encomiendas donde los indios eran tratados peor que animales. El terror y la violencia continuaron a través de la nefasta inquisición que no solo castigaba, sino que ejercía el control de la riqueza y la influencia en los dominios del rey. Después vino la repartición de los latifundios, los cacicazgos, los patrones que ejercieron el poder con lujo de violencia y explotación.

Nuestra genética esta saturada de violencia y sumisión, tenemos siglos de convivir con ellas y ahora nos extrañamos de lo que estamos viendo, supuestamente debíamos ser más civilizados. Tal vez, la novedad consiste en que, por siglos, solo los poderosos administraban los castigos y los actos violentos (lideres militares, religiosos, señores feudales, tiranos, patrones, caciques, etc.); el resto solo asistía como espectador. Hoy en día, las cosas han cambiado, los poderosos perdieron su hegemonía y cualquier individuo (hombre o mujer) tienen la capacidad de planear, incitar y/o ejecutar la violencia a cualquier hora y lugar, algunos ejemplos:

Criminales empedernidos (secuestradores solos o en pandilla)
Narcotráfico (cualquiera de las modalidades)
Líderes sindicales, estudiantiles, activistas, líderes gremiales, etc.

O sea, los poderosos han visto su poder disminuido y esa pérdida de control causa desasosiego y frustración porque ellos saben que pueden convertirse en las víctimas. Esto obviamente es motivo de preocupación y hay que denunciarlo como una grave disfunción del sistema social.

Durante mucho tiempo se consideró a la violencia como un acto de maldad o algo sobrenatural, sin embargo, diversos especialistas en las ciencias de la conducta (psicólogos, sociólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.) la han desmitificado y la han caracterizado como un acto agresivo que está determinado por tres grandes influencias:

Influencia biológica
Influencia genética
Influencia del medio ambiente
La biológica se caracteriza por la disposición anatómica - fisiológica del cerebro del individuo, es decir: enzimas, hormonas, neurotransmisores, cofactores bioquímicos que actúan sobre las porciones anatómicas que regulan la conducta del individuo. La serotonina, la epinefrina, la adrenalina, la testosterona, etc.; son los ejemplos más relevantes.

La genética ilustra la manera cómo los ácidos nucleicos de nuestros progenitores (DNA y RNA) regulan la síntesis cuantitativa de cualquiera de las substancias químicas mencionadas en el párrafo anterior. No se trata solamente de la síntesis de los efectores mencionados, sino también de las concentraciones precisas que son necesarias para regular la conducta del individuo. A manera de ejemplo, podemos citar que pacientes con bajas o nulas concentraciones de serotonina en ciertas regiones del cerebro son extremadamente agresivos y poco sociales.

El medio ambiente influye en las percepciones del individuo y su relación con el funcionamiento de la genética y la biología del individuo. A manera de ejemplo, se ha demostrado que mujeres embarazadas con situaciones de estrés transmiten ese desasosiego y esa preocupación al feto y este nacerá con ciertas características diferentes o anormales; según la naturaleza y el tiempo de exposición al agente estresante.

Lo mismo sucede con los recién nacidos provenientes de madres que han consumido drogas durante el embarazo.

Las evidencias experimentales señalan que estos factores interactúan y dictaminan la conducta del individuo y que es difícil cuantificar las influencias de uno sobre los demás. Es un campo interesantísimo pero que también tiene ciertas limitaciones de índole ético ya que estamos considerando el control de la conducta humana.

Veremos de lo que somos capaces y lo veremos pronto.

La violencia en México pudiera reducirse si la administración de la justicia fuera transparente y equitativa, desafortunadamente, en las actuales circunstancias, esto parece poco probable.


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Número 26 - Febrero 2019
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