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La violencia contra las mujeres

Viernes, 25 de Noviembre 2016 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Como cada 25 de noviembre desde hace varios años, se está convocando a una gran marcha por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Hace 17 años, la Asamblea General de la ONU fijó este día como parte de las acciones para sensibilizar a los gobiernos y a las sociedades contra la violencia que sistemáticamente afecta a las mujeres de todas las edades y clases sociales. En México, junto con el aumento generalizado de los crímenes, se ha agravado la violencia contra las mujeres. Se ha dicho hasta el cansancio que esta situación puede revestir diversas formas, desde la física, hasta la verbal y sicológica. En días recientes, se ha hablado de la violencia política contra las mujeres que, en efecto, también se manifiesta de diversas maneras.

Los espacios violentos en contra de las mujeres son prácticamente todos: el hogar, el trabajo, la calle y el transporte público. Se ha detectado que el hacinamiento exacerba este fenómeno; los hogares y transportes públicos sobrepoblados son el ambiente propicio para estas conductas. También influye el nivel socioeconómico y la edad. Por ejemplo, las mujeres que se casan o se emparejan muy jóvenes tienen más posibilidades de sufrirla. Por supuesto, esto no significa que otras mujeres estén exentas. Quienes ejercen estas variadas formas de violencia son, en numerosas ocasiones, esposos, novios o familiares, conocidos, compañeros de trabajo y desde hace algunos años el crimen organizado dedicado a la trata.

Para erradicar esta conducta, se han aprobado y puesto en práctica diferentes leyes y programas; organizaciones y gobiernos se han esforzado por visibilizar el fenómeno como una forma de darle mayor notoriedad y provocar reacciones sociales y gubernamentales favorables. Sin embargo, la estadísticas están mostrando que todo esto no está resultando ni con la efectividad ni con la velocidad requerida. Hay varias razones para esto; una de ellas es que las acciones, decisiones, programas y leyes no se están atendiendo con el rigor que se requiere. Las historias de cómo las quejas de los abusos de toda índole no son atendidas con rapidez y seriedad, o simplemente no son atendidas, se multiplican. Se resta importancia a las denuncias y, con esto, las víctimas de violencia lo son por partida doble. 

En este día, se estila que los medios y los políticos desgranen sus estadísticas y refrenden su compromiso en el asunto de la erradicación de la violencia. Pasadas estas fechas y otras similares, el tema no vuelve a tocarse o se hace de manera marginal o como nota roja, algo que no contribuye a nada. Se ha dicho aquí y ahora se reitera: las estadísticas no son análisis ni son soluciones; solo nos recuerdan la brutal cotidianidad en la que viven prácticamente todas las mujeres. No en balde muchas feministas y sus organizaciones se han alejado de los partidos, pues es más o menos claro que solo apoyan su lucha de manera formal y en ocasiones. Instituciones como la Iglesia Católica no solamente hacen poco sino que en general fomentan los ambientes y las relaciones que dan pie para la violencia. Nadie se extrañe que los modos y exigencias suban de nivel con esta situación; nadie se sorprenda de la desconfianza hacia gobiernos y partidos. Para erradicar la violencia contra las mujeres, en este día, hacen falta compromisos y voluntades y al parecer tendrán que venir de las mismas mujeres, con medidas a todos los niveles, desde la educación hasta los ámbitos del trabajo, el transporte público y las calles. Una lucha sin piedad contra la cultura patriarcal y machista. No más contemplaciones.

Hoy pisarán las calles nuevamente para reclamar lo que debieron tener desde hace mucho tiempo. La cita es a las 5 pm, en el Ángel de la Independencia. Ni una menos. 


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Número 29 - Mayo 2019
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