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La seductora Margarita

Viernes, 08 de Julio 2016 - 15:00

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Jaime Guerrero Vázquez

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Es claro que Margarita Zavala es una mujer con una carrera política propia. Sería injusto decir que está en el lugar que ocupa por ser la esposa del expresidente Felipe Calderón; más bien lo ha logrado pese a serlo. Aclarado esto, hay que señalar que hasta antes de su decisión de participar en la carrera presidencial era una figura discreta y poco relevante. Por supuesto, esto no significa menor valía o menos capacidad, simplemente se constata este hecho. Como primera dama, un título ridículo que persiste en nuestros días como una condena medieval, no dio noticias negativas. Por todo esto sorprende el lugar que ocupa en las encuestas. No es una mujer de pelea, pero tampoco de grandes propuestas. Desde que empezó su campaña (¿o cómo se puede llamar a lo que ahora hace?), no parece haber pronunciado un discurso significativo o hecho una propuesta memorable. Frases hechas de política bien portada. Pero no seamos injustos. Los priistas en el gabinete adolecen de lo mismo. La excusa de los Osorio, Videgaray, Meade y Nuño (más los que se acumulen) es la vieja disciplina priista. Tampoco Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle han dicho algo trascendente con relación al país que esperan construir. Uno porque tiene que hacer su papel de presidente partidario y otro el de gobernador. Jaime Rodríguez y Miguel Ángel Mancera tampoco pueden salirse de su rol de mandatarios. Pero Margarita está libre. No tiene puesto ni atadura, podría salir a decir casi cualquier cosa cuidándose de la ley electoral de vez en cuando, como hace Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Este nos ha enseñado que se pueden decir las mismas cosas para hacer campaña sin que la autoridad intervenga. Así de fácil. A pesar de esto, los mensajes de AMLO son memorables (no buenos, pero memorables) y los de Margarita efímeros: el avión que no tiene ni Obama, el apoyo a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), entre otros. Son mensajes identificables del tabasqueño. La Zavala apenas ha puesto uno: “soy un peligro para López Obrador”. Entonces, si su trayectoria es tan sencilla y simple ¿por qué despierta tanto interés (y apoyo) entre algunos comunicadores influyentes, empresarios y hasta políticos no panistas? No hay una respuesta sencilla a esto. Podría confluir una serie de análisis y sensaciones: el deseo de que no gane el PRI, el deseo de que no gane AMLO, la idea de que una presidenta discreta, sin grandes proyectos de cambio, gobierne el país. Es curioso cómo estos mismos grupos e individuos ven con simpatía una posible candidatura de Meade por las mismas razones. Es tranquilo, no quiere cambiar el país y no desea molestar a nadie. Nada de grandes reformas, pues. ¿Puede ganar Margarita Zavala la presidencia de la República? Primero debe pasar la prueba interna, es decir, ganarse el apoyo de los panistas compitiendo contra Ricardo Anaya, una estrella en ascenso, y Rafael Moreno Valle, un aspirante rezagado según las encuestas. Zavala ha dicho que no le preocupan sus competidores panistas y ha enfocado su discurso en contrastarse con AMLO. Al tabasqueño se le dificulta competir contra mujeres sin meter la pata, su misoginia aparece de inmediato. Esto es algo que juega en favor de Margarita. También juega a su favor que sectores del PRD y algunas figuras de izquierda la ven con buenos ojos (y buenos números) para ganar la presidencia en una alianza PAN-PRD. De lograrse esta alianza, los empresarios, medios y políticos que ya han desechado al PRI, temen a AMLO y no ven en Mancera un buen candidato podrían apoyarla por ser, precisamente, una figura discreta.


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Número 35 - Noviembre 2019
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