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La ONUperancia...

Miércoles, 18 de Septiembre 2019 - 12:25

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Julio Chavezmontes Messner

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Mike Pence, el abyectamente servil lacayo de Donald Trump, acaba de declarar que “Estados Unidos está listo para ir a la guerra contra Irán...”

Lo anterior, a raíz del ataque a dos refinerías en Arabia Saudita que los gringos le atribuyen sin prueba alguna, a la República islámica.

¿Por qué van a ir a luchar ahora los soldados gringos?

Una vez más, Estados Unidos quiere enviar a sus jóvenes a luchar por los nobles ideales del Becerro de Oro, por los altísimos principios bursátiles de Wall Street, y por los accionistas de las empresas petroleras.

Los padres y madres de los soldados gringos a punto de ser lanzados a una nueva aventura, pueden estar seguros de que sus hijos regresarán a sus hogares, aunque sea en vistosas bolsas de plástico.

Todo sea para que Trump haga realidad su rollo de “make America great again”; ideal que se traduce en que Trump, Pence, Bush y sus amigos magnates, puedan jugar al golf, viajar en aviones privados con gente como Jeffrey Epstein, y navegar en bonitos yates, sin que el combustible les resulte incosteable.

El ataque a las refinerías sauditas, amenaza con agregarse a la larga lista de pretextos esgrimidos por Estados Unidos a lo largo de su historia de ataques “false flag” para lucrar con las lagrimas y la sangre de su propio pueblo y de la humanidad entera.

En 1846, le hicieron la guerra a México, atribuyéndonos ¡haber derramado sangre americana sobre suelo de los Estados Unidos!

El resultado de aquella guerra, les redituó a los gringos la conquista de California, Nuevo México y Tejas, que retienen a la fecha solamente gracias al derecho de la fuerza como único título.

Poco después, en 1898, le hicieron la guerra a España, culpándola de haber hundido el acorazado Maine en la bahía de la Habana en Cuba.

En esta ocasión, Estados Unidos se hizo de Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas como ganancia por el “ataque español”.

El 7 de diciembre de 1941, gracias al “no provocado ataque sorpresa” de Japón a Pearl Harbor, los gringos pudieron apropiarse de Hawaii, y consolidar su imperio sobre el Océano Pacífico, gobernando Japón bajo el virreinato de Douglas Mac’Arthur.

En 1964, gracias al llamado incidente de Tonkin, los Estados Unidos pudieron justificar mediáticamente su agresión a Viet Nam, cuyo inmenso negocio había sido puesto en peligro por JFK que, cuando menos en buena medida por esa razón, fue sustituido por Lyndon B. Johnson en las cales de Dallas, el 22 de noviembre de 1963.

En 1991, los gringos le tendieron una trampa a Saddam Hussein, azuzándolo para invadir Kuwait, para luego lanzarle la “Tormenta del Desierto” a fin de que la empresa Halliburton pudiera “reconstruir Irak” y de paso chuparse su petróleo.

Diez años después, no conformes aún con los dividendos arrojados por la inversión anterior, inventaron el ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, que les abrió las puertas del petróleo de Irak y de la amapola en Afganistán, donde la presencia armada de Estados Unidos, ha resultado en el resurgimiento del tráfico de opio y heroína.

Yo tengo clara en la memoria la imagen de Collin “Tío Tom” Powell, jurando en la ONU por todos los santos del cielo, que Saddam Hussein amenazaba al mundo con armas de destrucción más IVA...

Ahora, los titiriteros que manejan al megalómano Donald Trump, ¡quieren nuevas guerras!

¡No nada más están listos para una contienda con Irán, sino también con China!

Creen que la República islámica seré fácil de vencer... el tiempo lo dirá y más temprano que tarde.

Con China los gringos juegan una carta diferente.

Como Estados Unidos no ha podido doblegar a Beijing en su guerra comercial, ha decidido patrocinar una “primavera árabe” en Hong Kong donde no le han faltado voluntarios para agitar a la ex colonia inglesa y usar la turbulencia para someter a la República Popular.

No han tenido pudor alguno; los manifestantes en Hong Kong hasta ondean banderas gringas en sus demostraciones.

Mientras todo esto sucede, la ONU está por cumplir 74 años de fungir como un órgano de diplomacia cosmética y decorativa.

En el balance de sus resultados, la ONU no ha impedido ni una sola guerra; no ha logrado cumplir las normas mínimas del Derecho Internacional; no ha impedido la explotación brutal de la miseria en los países indefensos; no ha puesto un alto a la trata de personas; no ha logrado evitar que el trabajo humano sea tratado como una mercancía.

El famoso derecho de veto, exclusivo de los 5 países miembros permanentes del Consejo de Seguridad, es un anacronismo antidemocrático al que se someten mansamente los más de 200 países que integran la Asamblea General.

La ONU es, en ese sentido, el imperio absoluto de la inmensa minoría impuesta por Estados Unidos (secundado por sus comparsas de Inglaterra y Francia), más China y Rusia que si tienen agenda propia.

No deja de sorprenderme que a ninguno de los más de 200 países que integran ese circo neoyorkino, se le haya ocurrido promover la derogación del famoso derecho de veto gracias al cual, esos cinco países le imponen al mundo entero sus decisiones en el llamado Consejo de Seguridad.

¿A qué se debe que George W. Bush, Dick Chiney y Tony Blair no hayan sido llevados a juicio por cometer algunos de los crímenes por los cuales fueron juzgados en Nuremberg los principales líderes de la Alemania nazi?

¡Sorpréndase usted!

¡Sin que nadie se percatara, en 1969 fue creada la Corte Penal Internacional mediante el Estatuto de Roma cuyas principales disposiciones, derogaron y dejaron sin efecto a todas y cada una de las normas aplicadas a los nazis en los Tribunales Militares Internacionales de Núremberg!

De pura casualidad, Estados Unidos no es miembro de la Corte Penal Internacional.

De pura casualidad, sin ser miembro, Estados Unidos se las ingenió para tener un derecho de veto sobre las actuaciones y decisiones de la Corte Penal Internacional, gracias a lo cual, puede suspender, anular y revocar cualquier procedimiento o sentencia que ese tribunal dicte.

Eso se llama saber repicar y andar en la procesión.

De pura casualidad, solo se puede acusar penalmente invocando disposiciones anteriores a las conductas que se pretenda castigar.

De pura casualidad, no se puede ser al mismo tiempo juez y parte...

De pura casualidad, solamente pueden ser enjuiciados quienes voluntariamente se sometan a la jurisdicción de la famosa Corte Penal Internacional...

Jurídicamente hablando, el Estatuto de Roma es retroactivamente aplicable a favor de los criminales nazis, porque la ley penal puede aplicarse hacia atrás en el tiempo, cuando beneficia a los acusados; de manera que gracias a la reversa marcada por la Corte Penal Internacional, ¡todos los nazis resultan ahora, legalmente inocentes!

Este es uno de los más graves y desconocidos logros de la ONU en sus siete décadas de existencia.

Ahora que el valientísimo Mike Pence declara que Estados Unidos está listo para una guerra a la que Pence no piensa ir ni Trump tampoco, la ONU no dice ni siquiera “esta boca es mía”.

En medio de este caos incontrolado, la ONU se dispone a celebrar un aniversario más que solamente servirá para que desde su tribuna se pronuncien decenas de discursos que nadie escucha, y cuyos mensajes nada significan.

La única diferencia entre la extinta Liga de las Naciones, nacida del aberrante tratado de Versalles de 1919, y la Organización de las Naciones Unidas, es que esta última versión de aquel fracaso, ha durado siete décadas a pesar de su total ONUperancia. (1)

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  1.  ONUperancia. Sinónimo de inoperancia; dícese de algo inútil, que no sirve para absolutamente nada, como la ONU.

 

chavezmontesmessnerjulio@yahoo.com

@JulioMessner


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Número 33 - Septiembre 2019
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