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La mentificación vehicular

Martes, 31 de Mayo 2016 - 17:00

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Fernando Amerlinck

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La famosa verificación es una gran mentira cotidianamente practicada en los verificentros de la megalópolis. Un impuesto más. Un requisito más. Una podredumbre más. Un agobio más. Un engaño más, peor de siniestro porque oculta su verdadera naturaleza tras la máscara purificante de una religión bien predicada y extendida: la ecología.

Dice de “verificación” la Madre Academia:

1. f. Acción de verificar (‖ comprobar la verdad).

Del lat. tardío verificāre.

1. tr. Comprobar o examinar la verdad de algo.

Menuda contradicción, digna de nuestra orgullosamente mexicana cultura política standard: hacer verdadera la mentira, pues la verificación es una mentificación. No lo digo yo sino el doctor José Luis Camba, que ha estudiado el tema a fondo. La versión completa, “Cinco precisiones sobre la verificación vehicular”, está aquí:

http://www.farberismos.com.mx/web/?p=11357

Van trozos de este indispensable artículo:

“La verificación es un impuesto más que no verifica el nivel de emisiones contaminantes sino la eficiencia del motor para quemar gasolina. Mide proporciones de oxígeno y dióxido de carbono, gases naturales y ninguno venenoso. Ningún verificentro mide ozono, que es un isótopo del oxígeno y que sólo se produce con alta radiación solar… No es una prueba para medir la emisión de contaminantes que producen los motores. No. Es una prueba para medir la eficiencia en el consumo de un motor. El Factor Lambda (que es el nombre técnico de la prueba), fue diseñado por el Dr. Brettschneider en 1979 para la compañía alemana Bosch. Su propósito era medir la riqueza de la mezcla en una combustión.”

En estas latitudes el gobierno transformó un invento para ahorrar gasolina desarrollado en California en 1979, en un requisito dizque para reducir la contaminación atmosférica proveniente de los motores. “La prueba recibió el nombre de ‘Smog Check’ puesto que se medía a través del tubo de escape (‘smog pipe’) y medía (como sigue midiendo) el balance ideal entre oxígeno y gasolina después de la combustión.”

“En resumen, el método para calcular Lambda (balance de oxígeno y combustible) parte de la medición del óxido de carbono, el dióxido de carbono, los hidrocarburos sin quemar y el oxígeno sin consumir en el escape (si se utiliza, como en México, un analizador de 4 gases, debe medirse el nitrógeno —aunque su efecto es prácticamente nulo, sólo 0.05% del oxígeno utilizado). La ecuación compara todo el oxígeno en el numerador y todas las fuentes de carbono e hidrógeno en el denominador para calcular el contenido de oxígeno y combustible; y obtener el valor Lambda para saber la relación isométrica entre aire y combustible (A/F)”

La verificación sirve para recaudar muuuuuucho dinero: “Es un impuesto y nada más. De hecho, el impuesto ideal: los contribuyentes lo pagan pensando que ayudan (contribuyen) a mejorar el ambiente. Es una especie de penitencia por ‘contaminar’… Si la prueba Lambda fue diseñada para establecer el óptimo consumo de oxígeno y gasolina de un motor, lo correcto sería que la prueba se llevara a cabo atendiendo a las características específicas del motor y no a las del año de fabricación. Por lo que el error más grande es que una prueba que determina el funcionamiento de un motor específico, sea aplicada de manera general a todos los vehículos que circulan en la ciudad.”

La vida y el ciclo ecológico requieren oxígeno y dióxido de carbono. Los animales consumimos O2 y expelemos CO2 que las plantas convierten a su vez en O2 (el famoso gas de invernadero y “causante” del calentón global es el CO2, que las plantas necesitan tanto como nosotros el oxígeno.) Y ni el O2 ni el CO2 son venenosos ni contaminantes. El ozono (O3) se produce por contaminación (por el azufre que contenga la gasolina, no la calidad del motor) con fuerte luz solar y aire quieto pero se descompone con el viento o cuando termina la radiación solar. Por ello es tan inteligente transportar de hoy al día siguiente un temporal exceso de ozono para decretar contingencia y duplicar el “no circula”, como obligar mañana a usar guayabera porque hoy hizo calor.

Sigue Camba: “Los ‘contaminantes’ medidos por el Factor Lambda son el oxígeno, producido por las plantas, y el dióxido de carbono, por la combustión de cualquier tipo (los animales lo producimos al respirar). En exceso, un ser humano sometido a la verificación no la pasa (demasiado dióxido de carbono); una planta cualquiera, de las verdes, tampoco (demasiado oxígeno). El valor Lambda ideal es 1.000. Si su auto arroja 1.010 significa que consume el 1% más de combustible de lo que idealmente debería. Si su valor es por debajo, por ejemplo 0.950, es que consume 5% más del oxígeno deseable… en ninguno de los dos casos significa que uno u otro contaminen, pues repito que el oxígeno no contamina y el dióxido de carbono tampoco. …aunque un auto “pase”, el gobierno no sabrá, ni el dueño tampoco, si contamina más o menos que los demás. A propósito, ese número varía según la marca de la gasolina y la temperatura ambiental.

“En resumen, la verificación no mide ni medirá la emisión de contaminantes que producen los vehículos. Ni siquiera cuando el gobierno la ‘endurezca’, en el próximo mes de julio. Seguirá recaudando dinero, y mucho, que para eso la usa nuestra tan eficiente administración pública. Pero para nada más.”

Un motor dura dos años afinado. Es absurdo (pero qué negociazo) exigir verificarlo cuatro veces en ese período, sin estímulo para quien pase bien o ponga catalizador nuevo. Un convertidor catalítico (que sí contribuye a reducir contaminantes) dura 5 años. Para el gobierno es más negocio cobrar cada 6 meses que (lo hicieron brevemente) eximir a coches con catalizador nuevo.

Concluye Camba: “Sin importar que lo haga conscientemente o por ignorancia, que un gobierno engañe a sus ciudadanos en algo tan relevante como su salud o sus impuestos, es al menos, deplorable. Hay mejores aproximaciones para reducir la contaminación y formas más honestas de recaudar dinero.” 

Lo dicho: es una perversión mentificar cuando dicen que verifican.


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Número 33 - Septiembre 2019
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