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La ignorancia pluralista y la vinculación con el fenómeno del espectador (agachón) en México

Jueves, 13 de Febrero 2020 - 09:15

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Denise Meade Gaudry

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Son muchas las personas que al verse impotentes y alarmadas ante la grave situación del país y la actitud e ignorancia de López, deciden buscar un espacio de participación inmediata que dé respuesta a sus miedos y que le permita desahogarlos o canalizarlos. Sin embargo, tristemente, en muchas ocasiones este ímpetu se queda en una fugaz “llamarada de petate” que pronto se apaga, pues al sentir que ya asistieron a una reunión o que publican “la noticia” o el comentario en chats, ya cumplieron con su cuota de activismo político o social en la lucha por México.

Tras décadas de dependencia de la población con el gobernante y de un infantilismo que inhibe la responsabilidad y el derecho de un  actuar ciudadano, la actitud que más se observa en esta incipiente participación emergente es que al no haber “hambre” de justicia o un legítimo sentimiento de merecer un mejor país, pues esperan que otros hagan el trabajo, se expongan o sean los héroes que se sacrifiquen. Basta con un nuevo “calambre” del presidente para que se vuelvan a preocupar, pero sin que pase de ser una preocupación pasajera.

Hace unos días fui a un programa a hablar de la ignorancia pluralista y de la vinculación con el fenómeno del espectador (agachón) en México, y escogí ese tema porque es un fenómeno muy vigente. Corresponde a la tendencia de las personas a opinar como la mayoría de los integrantes de un grupo, solo por el hecho de no “desentonar” y deciden no expresar su postura o su punto de vista en relación a un tema porque dicha postura va en contra de lo que opina la mayoría dentro de un colectivo. Así, ante una creencia casi mayoritaria en un grupo, la persona que opina diferente se siente minoría y por ello no expresa su verdadera opinión.

De esta manera, cuando se produce el fenómeno de la ignorancia pluralista, con el tiempo tendemos a creer que lo que opinan las personas en un grupo es lo que opinan de verdad, sobre todo si su opinión es la que comparten la mayoría de sus integrantes y, por tanto, debe ser la verdad o lo correcto. Por otro lado, la ignorancia pluralista también tiene que ver con otro fenómeno de psicología social: el “efecto del espectador”.

Este es un fenómeno que aparece ante conductas al exponerse para brindar apoyo o para participar en un grupo (lucha social): se trata de que a más espectadores en una situación que requiere ofrecer nuestra ayuda o participación ciudadana, menor probabilidad hay de hacerlo. Es decir, el efecto del espectador inhibe la respuesta altruista y de lucha de las personas. Esto se debe a tres fenómenos, entre los cuales destaca la ignorancia pluralista, y que son:

la difusión de responsabilidad;

la ignorancia pluralista;

la aprensión ante la evaluación;

Para ilustrarlo, pongamos un ejemplo: 

Un presidente autoritario de un país muy muy lejano, que está destruyéndolo, que por su analfabetismo económico ya desplomó su economía, que por la inseguridad y los crímenes mantiene a la población en una condición de total indefensión y vulnerabilidad, y el tema de salud ni se diga. Sus ciudadanos sorprendidos y asustados se mantienen a la expectativa sin actuar ni denunciar y mucho menos protestar, pues se preguntan de forma Individual: ¿Qué puede ocurrir? Justamente, que no actúen porque inconscientemente piensan “que alguna otra persona lo hará”. 

Esto es el efecto del espectador; y si además hay muchas personas en el país, esta omisión de acción y de protesta es más factible que se dé, y pasará más tiempo para que las personas reaccionen, a menos que les pase alguna desgracia personal, derivada de  la responsabilidad de ese gobierno (si es que finalmente deciden denunciar).

Para que se entienda mejor, vamos a ver paso por paso qué ocurre en el efecto del espectador, y qué significan los tres fenómenos que hemos mencionado para explicarlo.

Siguiendo con el ejemplo de ese país muy muy lejano, los procesos previos a la conducta de actuar y protestar, y que nos conducen a la decisión final de no hacerlo, son los siguientes:

1. Prestar atención

Lo primero que hacemos es prestar atención a la situación, ya que “hay algo que va mal”. Aquí ya empieza a ejercer la presión del tiempo: si no actuamos, la situación puede empeorar.

2. Ignorancia pluralista

Lo segundo que ocurre es que nos preguntamos: ¿es una emergencia? Aquí ejerce su poder la claridad o ambigüedad de la situación; si la situación es ambigua, podemos tener dudas respecto a si la situación es una emergencia o no.

Aparece entonces la ignorancia pluralista: pensamos “quizás si ninguna persona o pocas son las que actúan, entonces no ha de ser una emergencia” (pensamiento erróneo).

Otro pensamiento que podemos tener, que explica la ignorancia pluralista, es: “yo interpreto la situación como una emergencia, pero el resto la ignora; por lo tanto, me sumo a la ignorancia” y por lo tanto, seguimos sin actuar.

3. Difusión de responsabilidad

Es entonces cuando aparece el tercer paso o proceso previo a la conducta de actuar: nos preguntamos: “¿tengo alguna responsabilidad?”.

Aparece entonces la difusión de responsabilidad, otro fenómeno de la psicología social, que explica la tendencia a restarnos responsabilidad en una situación, cuando el grupo de personas que lo sufre es grande (todo el país), y cuando se considera que no hay una responsabilidad explícita sobre la misma.

Esto se traduce, inconscientemente, en que eludimos nuestra responsabilidad en la situación, y se la atribuimos a los demás: “que actúen los demás”.

4. Aprensión a la evaluación

En el cuarto paso del efecto del espectador, aparece la aprensión a la evaluación. Nos preguntamos: ¿puedo actuar?

Dicha respuesta está influida por los conocimientos que tengamos sobre el tema (por ejemplo, nuestra fuerza física, nuestra capacidad de negociación o de asertividad, etc.) y por la ansiedad a la evaluación que puedan hacer los demás de nuestra conducta.

Es decir, y aunque suene paradójico, en cierto modo tenemos miedo a “ser juzgados por actuar o por defender lo justo”. A raíz de este proceso, aparece el siguiente.

5. Balance “costo-recompensa”

En el último proceso, que nos conduce a hacer un balance de los costos y beneficios que supone el hecho de actuar en grupo social de protesta, ante el autoritarismo.

En este paso influyen una serie de elementos que aumentan la probabilidad de que actuemos: la empatía por los que sufren directamente, el sentir que no se merecen un presidente así, la cercanía con las víctimas, la gravedad de la situación, su duración… A raíz de todos estos procesos, finalmente decidimos si actuamos o no.

Este tema es de vital importancia comprenderlo para reflexionar si a lo que nos sumamos colectivamente es lo correcto o lo ecológico, cuando lo que se requiere es ser valientes y solidarios entre nosotros.

 


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