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La Iglesia en México y el Mundo: Un Consistorio para recobrar el Evangelio.

Lunes, 16 de Febrero 2015 - 18:30

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Mónica Uribe

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Para Jorge Damián Valencia, in memoriam

El pasado sábado, el Papa Francisco creó veinte nuevos cardenales, entre ellos, al arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda. En estos momentos, la Iglesia en México cuenta con tres electores en el Colegio Cardenalicio, mismos que podrán votar en un eventual cónclave hasta 2019.

Lo particular de este consistorio es que los nuevos cardenales provienen de países tan periféricos para el catolicismo como Vietnam, Etiopía, Tonga, Cabo Verde y Myanmar, o de diócesis que no suelen ser cardenalicias, como Morelia. Pero también provienen de espacios donde la tragedia humana, en sus diversas manifestaciones, se hace presente en la vida cotidiana. Lo mismo Morelia que Agrigento en Sicilia, son iglesias particulares que viven en medio de la violencia.

En estos momentos, el Colegio Cardenalicio cuenta con 125 electores, entre los cuales, aumenta la proporción de no europeos, pero sigue siendo Europa el continente con más representantes, tanto de electores como de cardenales que pasan de los ochenta años, que son 102.

La ceremonia, como siempre fue una muestra del esplendor vaticano, acaso con un aire de mayor sencillez aunque con el mismo protocolo. Lo más relevante fueron las palabras del Papa Francisco, quien, siguiendo con lo expresado en diciembre acerca del carrerismo eclesial, advirtió a los nuevos cardenales que el nuevo cargo no es una distinción, sino un compromiso mayor para que sean apoyo y eje en la vida de la Iglesia. Esta aseveración es importante, pues dejó en claro que son obispos -sacerdotes completos, igual que el resto de los obispos y que él mismo-, pero con más responsabilidades, mismas que deben acometer con caridad, bondad y alegría. Por supuesto, y en consonancia con lo dicho acerca de las enfermedades de la Curia, el Papa pidió a los nuevos cardenales dejar de lado el orgullo, la ira, los intereses mundanos y los celos.

El Papa propuso asirse más al Evangelio y menos a los legalismos. Un Evangelio de los marginados que busca imitar a Cristo. Y eso es una bocanada de aire fresco en las estructuras eclesiales que por ritualismo y legalismo, en muchas ocasiones, han perdido contacto con el mensaje de Cristo.

Francisco ha puesto el dedo en la llaga: la Iglesia tiene sentido en tanto comunidad de fieles articulada mediante la fe en Cristo-Jesús; las estructuras inherentes a la Santa Sede deben estar en función de esa comunidad de fieles llamada Iglesia. No al revés. Dicho de otro modo, todo el aparato eclesial, las instituciones jurídicas, la doctrina, las acciones de la Iglesia deben ser consistentes con el mensaje de Jesucristo y servir al Pueblo de Dios, en especial a los marginados. Y eso no gusta a quienes, como modernos fariseos, viven una fe formal y ritualista, añorando los tiempos -no muy lejanos, por cierto- en los que el mensaje evangélico fue eclipsado por la personalidad y la agenda política e ideológica de Juan Pablo II.

A pesar de las innumerables críticas -ya hay quienes entre los tradicionalistas que abiertamente dicen que Jorge Mario Bergoglio fue vetado por el padre Peter Hans Kolvenbach, general de los jesuitas hasta 2008, para ser consagrado obispo debido a “defectos de la personalidad” o quienes consideran que el Papa es sólo discurso con respecto a los abusos sexuales cometidos en Chile, por poner sólo dos ejemplos- Francisco avanza inexorablemente hacia su cometido: devolver el sentido primigenio a la Iglesia, hacer de la caridad el centro de la acción eclesial hacia los marginados, tanto en lo concreto, como en lo espiritual y lo emocional. Y no habla de la caridad en un sentido estrecho, sino en forma amplia, de la caridad como la expresión más alta del amor, la caridad que comprende, que alienta, que no juzga sino que busca integrar a la oveja descarriada desde el corazón, no desde el formalismo.

Por eso, el discurso y las acciones de Jorge Mario Bergoglio escandalizan. Y más escandalizarán cuando se concreten en la práctica.

Pero volvamos al consistorio. Los tradicionalistas sostienen que Benedicto XVI no apoya a su sucesor, ni lo considera doctrinalmente adecuado. El supuesto no parece tener correlato con la realidad, pues Benedicto asistió al consistorio y el lenguaje corporal manifiesta una cercanía entre ambos pontífices. El gesto dijo más que mil palabras y cayó como un rayo fulminante para los conservadores como el cardenal Raymond Burke que dijo que si los divorciados pueden volver a comulgar, él se va a “resistir”. Tendría que ser más explícito en lo que consistirá su “resistencia” ¿se hará lefebvriano o veterocatólico?

Las resistencias son innumerables, especialmente en la Curia, pues es justo ahí donde la defensa de los cotos de poder se exacerba y fue una de las principales razones por las que Benedicto XVI renunció al solio pontificio. Por eso mismo suena ilógico que el Papa emérito y el que está en funciones vivan una situación de enfrentamiento y animosidad mutuas.

El cardenal de Washington, Donald Wüerl, ha explicado la situación de forma sucinta en una entrevista: "El hilo común que unifica a todos los disidentes es que están en contra del Papa, porque el Papa no está de acuerdo con ellos y no sigue sus posiciones". Más claro ni el agua. Los conservadores quieren un Papa funcional a sus intereses y bajo ningún aspecto pretenden ser funcionales a los intereses del Papa…

Por eso mismo, el consistorio fue relevante, pues el Papa tiene poco tiempo, incluso se especula que renunciará al cumplir 80 años y deberá dejar todo el entramado institucional listo para llevar a cabo las reformas. El Colegio Cardenalicio es nodal porque el sucesor de Francisco tendrá que ser alguien con ideas y objetivos semejantes y sólo electores afines podrán ser confiables para dar buen cauce al proceso de reforma. Por lo menos, de los dos consistorios realizados, en los cuales creó 39 cardenales, quedarán 20 electores a partir de 2015. De ellos, habría que descontar a Gerhard Müller uno de los principales rebeldes y que para colmo es el prefecto de la Congregación de la Fe.

Probablemente, el Papa podría realizar dos o tres consistorios más, reemplazando así a los conservadores. El perfil de los nuevos cardenales será menos europeo, más periférico y, sobre todo, menos conservador, pero siempre dentro de los límites de la doctrina. Aún habrá “sorpresas” en este pontificado, pero tendencialmente, la reforma está en marcha, por mucho que les pese a los conservadores. “Casual Frank” como los conservadores norteamericanos le motejan, está a la carga.


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