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La Iglesia en México y el Mundo

Lunes, 12 de Enero 2015 - 17:30

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Mónica Uribe

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En esta semana, en medio de los prolegómenos del viaje papal a Filipinas y Sri Lanka, la Santa Sede se sumó a la condena por el asesinato de los cuatro caricaturistas de Charlie Hebdo, la revista satírica francesa cuyas viñetas sobre Mahoma fueron el pretexto para que los radicales islámicos irrumpieran violentamente en la sede de la publicación.

Hay que destacar que los caricaturistas de Charlie Hebdo también publicaron viñetas satíricas sobre Benedicto XVI  - una de ellas, con motivo de su renuncia, en la que abraza “amorosamente” a un guardia suizo -  y sobre Francisco, aunque con éste último se mostraron mucho más condescendientes.

La reacción del Vaticano con respecto a los hechos de París fue condenar los hechos, pero la respuesta se la reservó el Papa para la reunión que hoy tuvo con los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.

En el ínterin, trascendió en prensa que los servicios de inteligencia estadounidenses e israelí habrían prevenido al Vaticano sobre la posibilidad de que los territorios pontificios pudieran ser blanco de atentados por parte de radicales islámicos, lo que fue desmentido tanto por el padre Federico Lombardi como por los encargados de la seguridad del Estado italiano.

Por lo que toca a la tradicional reunión con el cuerpo diplomático, el Papa fue enfático en condenar el terrorismo y señaló que espera que “los dirigentes religiosos, políticos e intelectuales, especialmente musulmanes, condenen cualquier interpretación fundamentalista y extremista de la religión, que pretenda justificar tales actos de violencia”.

Para el Papa, la violencia es producto de una cultura que rechaza al otro, al que ve como objeto. A ello se suma que el ser humano, libre en esencia, se convierte en esclavo del poder, del dinero, de las modas, e “incluso a veces de formas tergiversadas de religión”, lo que ha provocado “una auténtica guerra mundial combatida por partes” en referencia a la serie de conflictos que han surgido en diversas partes del mundo. El Papa hizo alusión a Ucrania, al conflicto palestino-israelí, a Siria e Irak, Nigeria, Libia, República centroafricana, Congo, etcétra y no sólo en términos de conflictos bélicos, sino también en lo referente a la emergencia de epidemias como el Ebola.

En referencia a Israel y Palestina, el Papa habló sobre el diálogo en un clima de confianza mutua como el camino para superar las diferencias. Con respecto a Siria e Irak fue enfático en afirmar que la dramática situación es producto de del terrorismo fundamentalista en la zona, el cual rechaza a Dios, convirtiéndolo en un mero pretexto ideológico para acabar con el otro. Además, el Papa aseguró que un Medio Oriente sin cristianos, estaría “desfigurado y mutilado” y aprovechó para llamar a la comunidad internacional y a los gobiernos de la región a adoptar, en el marco del d derecho internacional, medidas concretas en favor de la paz y la defensa de los desplazados a consecuencia de la guerra y de la persecución religiosa, es decir las minorías cristiana y yazidí.

El Pontífice también se refirió a los secuestros de niñas en Nigeria, la guerra civil en Libia, Sudán y el Congo; las violaciones de mujeres y la trata de personas; la epidemia del ébola; los migrantes, prófugos y refugiados, especialmente en la cuenca del Mediterráneo, tema que tocó durante su intervención en el Parlamento Europeo el pasado noviembre en Estrasburgo. Y aludió un tema que atañe directamente a México y Centroamérica: los niños migrantes sin acompañamiento que marchan hacia Estados Unidos.

Sobre estos temas, el Papa aseguró que “Es necesario un cambio de actitud: pasar de la indiferencia y del miedo a una sincera aceptación del otro”, lo que requiere poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos ciudadanos nativos y garantizar la acogida a los inmigrantes.

No dejo pasar la oportunidad y aludió al tema de la familia, la que dijo, sufre el embate de la cultura individualista que promueve el descenso de la natalidad y privilegia formas diversas de convivencia, en lugar de promover la protección de las familias tradicionales.

Para finalizar, abogó por el diálogo entre Corea del Norte y del Sur, poniendo como ejemplo el caso de Cuba y Estados Unidos. Terminó citando el discurso de Pablo VI en la ONU en 1965, pidiendo un alto a la guerra.

Al parecer, éste fue el verdadero balance de las acciones de la Santa Sede en 2014.


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