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La Iglesia en México y el Mundo

Lunes, 05 de Enero 2015 - 17:30

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Mónica Uribe

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Como acostumbra, el papa Francisco nos dio una sorpresa el domingo 4 de enero con la publicación de la lista de los futuros cardenales, justo antes de la fiesta de la Epifanía del Señor, es decir la fiesta de los Reyes Magos.

Los veinte nuevos cardenales serán creados -así se dice en la jerga eclesial- el próximo 15 de febrero en una misa concelebrada y desde el día 12 se reunirán con el Papa, junto con el resto de los cardenales, para reflexionar sobre las orientaciones y las propuestas para la reforma de la Curia romana.

De la primera lista, es decir, de los quince cardenales que el Papa Bergoglio ha creado para que participen como electores en el siguiente cónclave, hay uno que era obligado por el cargo que ocupa: Mons. Dominique Mamberti, arzobispo titular de Sagona, Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, lo que equivale a una suprema corte de justicia. Otro más también resultaba obligado: el patriarca de Lisboa, Manuel José Macário do Nascimento Clemente. Otras sedes, como Montevideo, Hanoi en Vietnam, Addis Abeba en Etiopía y Ancona –Osimo en Italia y Wellington en Nueva Zelanda, tienen antecedentes cardenalicios. Pero diócesis como Cabo Verde, Tonga o Myanmar jamás habían tenido un cardenal. Cinco de los nuevos cardenales provienen de Europa, tres de Asia, tres de América Latina, dos de Asia y dos de Oceanía. En total, son 14 los países representados. Curiosamente, no por cuestión numérica, ninguno de los afortunados proviene de América del Norte ….

Como dijo el padre Lombardi, vocero de la Santa Sede, el principal criterio del Papa para crear nuevos cardenales fue la universalidad, y con base en él procedió a llenar las doce sillas cardenalicias vacantes, con tres más para que el quórum electoral no se vea comprometido en caso de cónclave, y cinco nombramientos por el puro gusto de recompensar los servicios a la Iglesia; entre ellos hay un caso muy especial, el ex pro Penitenciero Luigi de Magistris, quien tuvo el valor de enfrentar abiertamente algunas decisiones de Juan Pablo II. Algo vería de Magistris que a pesar de ser el encargado de dictaminar los casos de conciencia y de conceder indulgencias, prefirió no quedarse callado. Su castigo fue no ser creado cardenal en 2003, pero Francisco puso remedio al asunto.

Como en el pasado consistorio, el Papa procedió a su aire y dio sorpresas. No tomó demasiado en cuenta el criterio tradicional de otorgar el cardenalato a los ocupantes de sedes tradicionalmente cardenalicias, salvo en un par de casos. Lo que sí, es que procuró, como él mismo lo ha reiterado, atender las periferias geográficos y sociales. Tonga y Myanmar son dos remotas islas en el Pacífico, pero ya tendrán cardenal. Santiago de Cabo Verde está en África y fue una zona de misión jesuita. Valladolid es una importante sede en España, pero no es Toledo, que es la arquidiócesis primada y tradicionalmente sede cardenalicia desde la edad media. Y así sucesivamente.

Pero en el caso de Morelia, la concesión del birrete para Mons. Alberto Suárez Inda no sólo tiene que ver con que la arquidiócesis -originalmente todo el territorio purépecha, es decir, poco más que el territorio actual de Michoacán-  vive una situación aciaga en términos de seguridad, sino con un detalle que poca gente conoce: el primer cardenal de América de iure fue el obispo de Morelia, don Cayetano Gómez de Portugal, quien además fue diputado, senador y convencido federalista.

Resulta que Pío IX decidió conceder el cardenalato al entonces obispo de Morelia en 1850 y la noticia llegó dos semanas después del fallecimiento de Gómez de Portugal. Ahora, la noticia llegó en tiempo real y fue sorpresivo no sólo porque se esperaba que Monterrey fuera nuevamente la arquidiócesis privilegiada. Pero el Papa Francisco tiene otros criterios, acordes con la lógica eclesial que pretende imponer.

Pero hay más, Mons. Alberto Suárez Inda es un obispo atípico. Poco afecto a las camarillas, se ha mantenido al margen de las grillas internas y se ha concentrado en el aspecto pastoral. A pesar de ser doctrinalmente ortodoxo, no tiene empacho en establecer vínculos con personajes ajenos a la Iglesia. Incluso, la presencia de las monjas brígidas -orden monástica fundada por santa Brígida de Suecia- en Cuba se debe a los buenos oficios de Mons. Suárez Inda que intercedió ante Fidel Castro. Además, tiene ciertas inclinaciones intelectuales y por ello coordinó la parte eclesiástica del festejo de los centenarios en 1910.

Sin duda, una buena noticia para Michoacán. Pero también hay un mensaje oculto para la Iglesia en México: las promociones se relacionarán con la eficiencia pastoral más que con aspectos de política interna. Para el gobierno mexicano fue una advertencia: la Santa Sede apoyará a los pastores que acompañen al pueblo de manera profética, sin importar cuáles son los intereses de la clase política.


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