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La hora de Colombia

Martes, 19 de Noviembre 2019 - 11:00

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Stephanie Henaro Canales

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En Colombia la manifestación de este jueves 21 se ha convertido en un desahogo colectivo. Varios sectores entre los que destacan sindicatos, estudiantes, artistas, indígenas, y profesores, saldrán a las calles, cada uno con una causa, en un entorno que no ha estado externo de fake news, manipulación, y polarización.

La rabia provocada por las desigualdades, las decepciones democráticas, y la permanencia de las élites se ha expandido por todo el mundo. Lo hemos visto ya en París, Hong Kong, Quito, Santiago y Bolivia.

 

La hora le ha llegado a Colombia.

Su respuesta será trascendental para el re acomodo ideológico de la región. Porque simple y sencillamente, sea cual sea el resultado, será usado como ejemplo para bien o para mal de alguno de los bandos.

El descontento ya ha sido encausando de una manera democrática en las recientes elecciones a alcaldes y gobernadores. El cambio se ha notado con la preponderancia del centro izquierdismo, en un país que ha sido casi exclusivamente de derecha en los últimos 20 años, que ha permitido la llegada de una alcaldesa gay en Bogotá, varios alcaldes independientes, y el arrebato de Medellín de las manos de la derecha.

El castigo de la ciudadanía ya se desahogó un poco a través de las válvulas de la democracia, pero la cuestión aquí es, si esto ya pasó, entonces ¿por qué sigue hasta convertirse en un paro nacional?

¿Qué no es suficiente con expresarlo en las urnas?

Para responder a esto me parece que el contexto nacional aquí es importante. Porque luego de unas elecciones marcadas por la figura del expresidente Álvaro Uribe y el temor de convertirse en Venezuela, el Presidente Duque tiene este jueves su primera prueba al año y medio de mandato, que se deriva prácticamente, de la poca confianza que le tienen a un presidente que se percibe como manipulado por el expresidente antes mencionado.

A lo anterior también hay que sumarle que el paro nacional está enmarcado en medio de una coyuntura paradójica. El jueves de la semana pasada se anunció que la cifra de crecimiento económico para el tercer trimestre de este año sería de 3.3%. Siendo este el valor más alto registrado en los últimos 15 meses y convirtiendo a Colombia en una de las estrellas de la región cuando el FMI apenas anuncia para la región un 0.2%.

Sin embargo, el desempleo no cede. Se mantiene en un 10.9% y se ha convertido en uno de los dolores de cabeza más altos del país y el segundo más alto en la región.

Los organizadores convocaron al paro con argumentos en su mayoría de corte económico, “Contra el baquetazo de Duque, la OCDE, el FMI, por la vida y la paz.”, pero también hay otras razones como el rechazo al continuo asesinato de líderes sociales, indígenas y excombatientes de las FARC, el reclutamiento forzado de niños por parte de grupos de ilegales y la desigualdad.

Sin olvidar a sindicatos y organizaciones sociales que incluyen desde reparos a las privatizaciones anunciadas por el Gobierno, la reforma laboral, pensionar y tributaria, y el aumento del salario mínimo.

Por otro lado no hay que perder de vista que esta protesta también le medirá el termómetro social a uno de los países que aún sobrevive bajo un régimen de derecha que, por lo menos hasta ahora sobrevive en una región que se re acomoda hacia la izquierda, y que hasta el propio Maduro ha dicho que está próximo a experimentar la “primavera bolivariana.”

Hay demasiados intereses.

Sea lo que sea que ocurra este jueves 21 en Colombia será utilizado por alguno de los bandos con alguna carga ideológica.

Esperemos predomine la voluntad de los Colombianos y que la paz siga siendo uno de los mejores ejemplos que este país le siga exportando al mundo en los años por venir.

La hora le ha llegado a Colombia.

El último en salir apague la luz.


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Número 35 - Noviembre 2019
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