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LA FUNCIÓN CON EL ENTORNO SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD: INDISPENSABLE PARA LOGRAR EL CAMBIO SOCIAL

Lunes, 20 de Enero 2020 - 07:45

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Xavier Ginebra Serrabou

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La función de extensión de la universidad se cumple en un grado mínimo, por el hecho de que la mayor parte del alumnado al terminar la carrera, que ejercerá los distintos órdenes funcionales de la sociedad, de acuerdo al filósofo español difunto Leonardo Polo. Pero este mínimo no es suficiente y produce automáticamente una diferencia, un desnivel decisivo, entre los que han recibido formación universitaria y el resto de la población. En último término, el sentido de la extensión universitaria, es poner fin a este desnivel, en el que radica uno de los problemas más importantes del problema social en su actual planteamiento.

Aquí hay que situar el problema del llamado clasismo de la universidad -una de las agudas causas de las tremendas desigualdades sociales de nuestro país-. Este problema consiste, en realidad, en que la parte de la población que recibe formación universitaria es un grupo cerrado (es parte de la explicación del fracaso de la salida de los neoliberales al poder, del que todavía no se dan cuenta. Nosotros somos los culpables de que la cultura superior no se extienda (y en parte, por eso ahora estamos pagando las consecuencias). El clasismo no es sólo la cuestión de la procedencia social del alumnado sino, sobretodo -como apunta Polo-, el problema de que la mayor parte de la población del país esté fuera de la influencia de la universidad. Si el problema se resuelve solo a la entrada, inexorablemente aparecerá a su salida.

Con el problema del desnivel en el grado de formación se relaciona el problema -también sociológico- de la existencia de dos tipos de cultura: la cultura superior y “la cultura de masas”. Ambos tipos de cultura están actualmente e n situación de mutua incomprensión ¿Nos suena familiar eso cuando leemos los periódicos o escuchamos los programas de radio y televisión?

No se trata, señala Polo de que los excluidos del saber superior sufran una escasez o penuria de conocimientos, sino -lo que es más grave-, de quizá tienen información abundante, pero degradada, en la que no fluye el saber superior. Y esto es un problema social, además de ser un problema de integración.

El desplazamiento de las coordenadas del problema social es solidario del problema del proceso de desaparición de lo que históricamente se denominó proletariado. La desproletarización es aquel aspecto de la dinámica social por virtud del cual los antiguos elementos del estado llano que cayeron en el proletariado con el advenimiento del capitalismo, alcancen los otros bienes usufructuados por aquella otra facción que se diferenció en la cosa moderna, y que se ha llamado burguesía. Ahora bien, la capacidad que tiene el núcleo de la clase media para acoger los nuevos elementos que surgen por el ascenso social es doble: o bien se desproletariza por el fenómeno del consumismo (la sociedad líquida de Bauman, lo que ya es la desproletarización ya conseguida, que permite y exige, la economía actual): o bien se desproletariza extendiendo aquellos valores de la clase media en que se apoya su opción al poder social y su estilo, a saber, la cultura superior. Esta dimensión de la desproletarización está por lograrse, y fue a nuestro juicio uno de los grandes fracasos de los gobiernos panistas en el poder.

Polo propone organizar el desarrollo cultural. La extensión cultural no es solamente un capítulo del desarrollo económico, sino una medida de importancia primordial, que los ahora denominados conservadores fifís deben concientizar: una medida que acaba de perfilar el sentido social del progreso. El propósito de incrementar las clases medias está completamente de acuerdo con el proyecto, al menos anterior a la 4T, de acuerdo con la dinámica de la sociedad actual pero su objetivo no puede cifrarse solamente en terminar la lucha de clases buscando la igualación de rentas. El aumento de las clases medias no tiene valor estático o conservador, sino que ha de ser enfocado con un sentido progresivo, de acuerdo a Don Leonardo. La homogeneidad de las clases sociales se logra mediante el aumento de la clase media -que en México ha ido en sentido contrario-; pero la última virtualidad que este incremento posee con el país puede activarse progresivamente; es decir, que aumenta la esfera de actividad social.

Si se enfoca así el asunto, la desproletarización es, en último término, un problema de elevación cultural. Solamente mediante la participación en la cultura superior se superan las consecuencias negativas de la homogeneización en el nivel de consumo. Hoy debemos reemprender el proceso de diferenciación del estado llano que empezó con la burguesía, pero para hacerlo de manera lograda es menester que entre los bienes que la burguesía detenta se extienda precisamente el saber superior. La capacidad de asimilación que poseía el primitivo núcleo burgués y que en México se volvió indiferente socialmente se debe al enorme valor dinámico de la economía moderna: pero el dinamismo de la cultura no debe ser menor. No nos debemos contentar con hacer obreros especializados que -ojalá al menos- tuvieran un salario alto. Esto sería conveniente, mas no suficiente.

Las clases medias sin suficiente formación no son dinámicas y no pueden imponer la desaparición de los viejos privilegios de las minorías burguesas, que consistieron en ejercer el poder social como monopolio… hasta que lo perdieron. Hay que extender el mando y la responsabilidad, sin degradar el nivel que deberían tener los que anteriormente detentaban el poder. El principio básico en que todo esto se concreta tiene que cambiar (debe ser objeto de reflexión de las minorías que perdieron el poder): el estilo universitario debe extenderse. Las ideas de rango superior, aquellas en virtud de las cuales se pueden tomar decisiones acertadas y enjuiciar las situaciones, deben ser ofrecidas a todos. Si esto no se hace -concluye Polo- nuestras clases medias ofrecerán -u ofrecieron- disfunciones internas; en particular, subsistieron diferencias excesivas en orden al ejercicio del poder.

Hay que ir a favor de la dinámica social del presente: no se trata de imponer la homogeneidad social, sino de aceptarla e impulsarla en aquellos aspectos en que sus inconvenientes puedan también ser corregidos. Si se socializa el consumo, también debe extenderse la cultura superior; y éste es el único modo de eliminar las consecuencias negativas de la primera nivelación. Si la economía explota un sistema para extender el consumo, concluye Polo, ¿por qué no desencadenamos una dinámica que permita extender el saber superior, una dinámica cultural que funcione en régimen de autonomía(y no se adapte simplemente a las exigencias de la industrialización y la tecnología)? .

por Xavier Ginebra Serrabou

 


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