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La falsa alerta sísmica

Martes, 07 de Enero 2020 - 11:25

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Israel Aparicio

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El pasado viernes 3 de enero sonó la alarma sísmica de manera errónea, en diferentes colonias de la ciudad de México, sembrando el pánico en no pocos ciudadanos que gozaban del primer fin de semana del año 2020. Aunque en dicho simulacro improvisado se pudo ver protocolos de evacuación como agruparse en zonas de seguridad, desalojos de edificios y comunicación entre familiares y vecinos, se puede constatar que autoridades y ciudadanía no recuerdan que entre sus múltiples retos diarios, existe el añadido de estar siempre preparado debido al riesgo de vivir en una zona de certeza sísmica.

La pifia del denominado C5 fue reconocida por la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, y toda la presunta emergencia quedó en segundo plano para dar paso a las bromas y memes en las redes sociales que se inundan  de trivializaciones y relajación, luego de la verdadera esquizofrenia que se produce durante un terremoto en la tradicionalmente golpeada ciudad de México.

La cruda realidad es que a pesar de dos sismos traumáticos ocurridos en el mítico día del 19 de septiembre en 1985 y en el 2017, la cultura de la prevención y protección civil no tiene el arraigo requerido para una ciudad que se sabe, padecerá toda su existencia de sismos de diferentes proporciones, incluido muchos de gran intensidad que inevitablemente provocarán destrozos y pérdidas humanas.

Muchos ciudadanos no terminan por superar el difícil síndrome de estrés postraumático, luego de los sismos de septiembre de 2017. Qué decir de los damnificados que siguen sin poder volver a la realidad de sus vidas cotidianas, o quienes increíblemente nunca volvieron a la normalidad después del sismo de 1985 y la muerte les alcanzó sin ver resarcido su patrimonio perdido. Sin olvidar que la corrupción en la etapa del exjefe de gobierno y ahora senador, Miguel Ángel Mancera, hizo perdedizos los cuantiosos fondos de los fideicomisos destinados a la reconstrucción y que representan lo más bajo del oportunismo y clientelismo político.

La casi inexistente cultura de la prevención en México, es compartida con la nula tradición de acercarse a los servicios profesionales psicológicos para superar el estrés natural que genera un evento traumático como un terremoto. Los mexicanos son buenos elementos reactivos ante la catástrofe, pero debería trabajarse mucho más en la planeación y la prevención con estrategias bien definidas, para que los esfuerzos se encaminen a protocolos de seguridad y emergencia que conozcan todos los ciudadanos en general.

Las empresas y organismos públicos por ley realizan simulacros, actividades como cursos de primeros auxilios y capacitaciones en casos de emergencias, que les permite estar medianamente preparados para afrontar una eventualidad. Sin embargo es preocupante que muchos mexicanos no saben los protocolos y las mínimas reglas para llamar una ambulancia, saber dar referencias de ubicación para facilitar la llegada de los cuerpos de emergencia, o conocer las precauciones de tomar los datos de la ambulancia y de los paramédicos en caso de alguna negligencia médica.

El gigantesco mundo de las emergencias y los servicios médicos es una trampa mortal si no se conoce el mínimo básico de los derechos y obligaciones. Si bien los ciudadanos no deben ser los especialistas médicos que atiendan una emergencia o los socorristas capacitados para el rescate de heridos, al vivir en una urbe cada vez más caótica y proclives a las emergencias, un mínimo de cursos y capacitaciones deberían ser promovidos desde el gobierno y la sociedad civil.

Como advertencia del destino el sábado 4 de enero, un día después de la falsa alarma, se produjo un sismo de seis grados en el estado de Oaxaca y se sintió en seis estados de la República mexicana, incluida la ciudad de México. Dicha actividad sísmica no produjo pérdidas materiales ni de vidas humanas, pero es un recordatorio que a pesar de las crisis económicas, inseguridad rampante y no poco estrés cotidiano, es menester mantenerse alerta ante las calamidades que se producen en la naturaleza, tan destruida y afectada por el humano.

La mejor forma de afrontar los miedos lógicos a estos eventos devastadores de la naturaleza es sin duda la capacitación y la información que nos proporcionaran mayores posibilidades de reaccionar de forma adecuada, con orden, trabajando en equipo, aumentando así la capacidad de sobrevivir y apoyar a un mayor número posible de familiares y personas.

El próximo 20 de enero se tiene programado un mega simulacro nacional donde se hará sonar la alarma sísmica para desalojar todos los edificios públicos, empresas, centros comerciales, escuelas y oficinas para reunirse en las denominadas zonas seguras y así conocer los protocolos de emergencia. La instancia encargada de evaluar y dar continuidad a este simulacro es la Coordinación Nacional de Protección Civil. En la ciudad de México se realizarán tres simulacros a lo largo del año 2020, el primero es el próximo 20 de enero a las 11 de la mañana, el segundo en el mes de mayo y el tercero en el mes de septiembre. Se extendió la invitación para que familias y vecinos organicen un plan familiar de protección civil y registren sus edificios en la coordinación de Protección Civil hasta el 19 de enero.

La mejor protección ante calamidades producidas por la naturaleza siempre será la información y la capacitación en los protocolos de seguridad. Aunque parezca a Perogrullo, no se puede predecir los sismos y es importante no dejarse llevar por los charlatanes y adivinos que solo pretenden lucrar con tan doloroso tema. La comunicación y la planificación en casos de emergencia son las únicas herramientas certeras con las que cuentan los ciudadanos al momento de enfrentar un terremoto o un fenómeno natural, es necesario no dejar de participar en todos los simulacros y cursos posibles, ya que pueden ser la diferencia entre sobrevivir y no hacerlo.


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Número 35 - Noviembre 2019
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