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La Democracia en México, una Broma Griega

Lunes, 30 de Mayo 2016 - 17:00

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Juan Francisco Hernández

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Sir Winston Churchill, con esa agilidad mental y ese humor corrosivo (digno de un inglés) que lo caracterizaban, decía: «La democracia es el peor de los sistemas políticos, con excepción de todos los demás». No sé si en México sea posible hablar de que se vive una democracia soft, una democracia incipiente, una democracia a medias o una falsa democracia.

Yo creo que en México, simplemente, no hay democracia.

Dicho lo anterior, haré una breve revisión de la etimología: poder (kratos) del pueblo (demos): «poder del pueblo». La democracia debería de ser el poder que radica en el pueblo. Pero la etimología tan sólo forma una palabra que, si no se practica, se convierte en una palabra vacía. La democracia, en los tiempos que corren, y después de todas las revisiones históricas que se han hecho, es mucho más que una idea. Hay que decirlo, los griegos, inventores del término, no eran muy incluyentes. Dejar fuera de las decisiones de la polis a los esclavos, a las mujeres y a los extranjeros, no era algo muy democrático. Fue el rey Carlos I de Inglaterra, cuando estaba a punto de ser decapitado, el que pronunció esta frase: «La democracia es una broma griega».

El concepto aristotélico de la democracia, según la cual todo individuo dentro de la polis debía gozar de libertad para hacer lo que quisiera (decidir), bajo un sistema de igualdad, ha tenido que ser reinterpretado. En una democracia, en términos de la convivencia social, nadie tiene derecho a decidir lo que quiere, lo cual no significa que los individuos no tengan derecho a decidir, sino que esas decisiones se toman en las elecciones, cuando se vota por uno u otro candidato y su plataforma política, de manera que en la democracia las decisiones se toman dentro de la ley. De manera que si una persona se encuentra dentro de un edificio público y decide sacar un cigarro y ponerse a fumar, no podrá hacerlo porque hay una ley, que fue creada por un legislador al que la mayoría de los votantes eligió, que dice que no se puede fumar en los edificios públicos por el bien de la mayoría. El concepto moderno va más lejos y afirma que la democracia debe ser un mecanismo de acuerdos y planificación política creados bajo consensos. La democracia es la manera en la que el pueblo puede ejercer el control sobre los poderosos. La democracia no debe ser tan sólo elegir por elegir a un candidato en lugar de otro, su concepto tiene que ampliarse en la práctica, hacia la consulta, el seguimiento y la participación de la ciudadanía, en todos los temas que le conciernen y que tiene que ver con la calidad de los servicios públicos, el uso que se da a los recursos financieros y la transparencia con la que se utiliza.

Fue Robert Dahl, el célebre profesor de ciencias políticas de la Universidad de Yale, quién dijo que Estados Unidos no era una democracia, sino una poliarquía. Es decir, que no había un grupo único o una élite ejerciendo el poder, sino una serie de grupos que competían entre sí por monopolizar ese poder y que, al final de cuentas, terminaban cooperando, en beneficio mutuo. Si los países políticamente avanzados, como los Estados Unidos, son poliarquías y no democracias, ¿cómo podríamos afirmar que México es una democracia?

He seguido en los últimos días el desarrollo de las elecciones para diputados y para gobernador de Veracruz. Dos partidos políticos, el PAN y el PRD, cuyas ideologías se encuentran en las antípodas, formaron una alianza que tiene como estrategia destituir al nefasto gobierno actual del PRI. Lo paradójico del asunto es que eligieron como candidato a un político que luego de haber pertenecido durante muchos años al PRI, se cambió al PAN; ahora los políticos cambian de partidos como si las ideologías fueran calcetines. Este candidato del PAN es un personaje ligado a muchos escándalos políticos y personales. Sin embargo, el PRD, en su afán por sacar al gobierno actual, decidió apoyarlo. Algunos jóvenes limpios, llenos de ideas, que son reclutados por estas élites y que parecen utilizarlos para renovar la apariencia de los partidos. Las fotografías de esta alianza me parecieron una comedia, una farsa, un engaño.

¿No está todo el país en las manos de los grupos que se disputan y negocian ese poder? ¿No son capaces, como escribió Maquiavelo en El Príncipe, de cualquier cosa con tal de adquirirlo y conservarlo? ¿No están, de alguna manera, fuera de todo esto los indígenas de México y otros grupos marginados? ¿Por qué no dan a los ciudadanos más herramientas para que aprendan a elegir a los candidatos? ¿Qué no juegan los políticos con las esperanzas y el hartazgo y la frustración del pueblo? ¿Qué no, al puro estilo de las polis griegas y del senado romano, estas élites viven en el exceso mientras su pueblo se muere de hambre? Cada día escucho noticias relacionadas a los mismos vicios de siempre: el padrinazgo, el hueso, la devolución de favores, el tráfico de influencias, el compadrazgo, el corporativismo, el mapachismo electoral.

He visto las escenas y he leído las notas en la televisión, en las redes sociales, en los periódicos y las revistas. México parece un país al borde del precipicio. ¡Qué nostalgia da ese huido paraíso que alguna vez fue! Hoy, gobernado por ineptos, voraces y abusivos.

Así que, cada vez que usted escuche a un candidato o a un político utilizar indiscriminadamente la palabra democracia, no le haga mucho caso y no le crea todo. Piense que la democracia en México es una palabra de moda y algo que los políticos utilizan para engrandecer su discurso, pero que un discurso sin contenido real, es pura demagogia.

Como dijo Julio César, la democracia tan sólo es una palabra.

Tan sólo eso.

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[1] SARTOTRI Giovanni, ¿Qué es la democracia?, Editorial Taurus, España, 2007.

[2] MEZA Julián, revista Líneas de Fuga, Casa refugio Citlaltépetl, 15 de octubre de 2007.

[3] BORJA Rodrigo, Enciclopedia de la política, www.encicloperiapolitica.org

[4] PAZ Ricardo, Página siete (entre ceja y ceja), La Paz, Bolivia, mayo 29 de 20014.

[5] ARISTÓTELES, La política, Espasa-Calpe, Madrid, 1983.


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Número 34 - Octubre 2019
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