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La decadencia tiene muchos rostros

Martes, 11 de Agosto 2015 - 17:00

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Luisa Ruiz

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Cuando al desorden lo silencia la muerte, queda solo una voz que puede asegurar cómo fue. Habrá que creerle, o no. Los muertos no tienen voz ni voto, ni alcances, ni defensa. Los traspatios de una tragedia tienen tantos rincones como preguntas sin respuesta.

Dicen que el desorden físico de casa y la elegancia de quienes la habitan, define la situación real de cada miembro de la familia, aseguran que si las cosas están fuera de su lugar y excede la cantidad de basura y de pertenencias inservibles, es que la estabilidad emocional y familiar no existe. Apariencias pues. Realidades quizá.

En el caso de la joven Anastasia Lechtchenko se pudo predecir claramente la tragedia antes de la tragedia. Dice ella que mató a su Mamá y a su hermana porque eran brujas, en su testimonio/confesión primera asegura y detalla cómo lo hizo, sanguinaria confesión, fría, desfasada casi increíble. Tan increíble que la única voz testigo fue acallada, deformada, ahora ya no se sabe porque en el momento que la ley metió la mano, como siempre la verdad queda distorsionada.

Creer en una sola voz no tiene más relevancia que escandalizarse por la acción, impactarse porque existan personas capaces de realizar un acto tan fuera del alcance mental, las especulaciones y el morbo inician en el momento que los abogados pretenden cambiar las declaraciones sin razón aparente.

La consternación inicia cuando a Anastasia le sugieren –dice ella los policías o ministeriales- que se culpe para que no pase nada grave. ¿Qué no pase nada grave? Qué más grave puede pasar. ¿Quiere decir que alguien sabe quién mató a la señora Masney y a la pequeña Valeria? Solo que ¿para qué inculpar a la hija mayor?

Después le sugiere un abogado que aparece a defenderla, que diga que la torturaron y la violaron, otra vez -los policías o ministeriales- y que la obligaron a confesar.

Se retracta de su confesión inicial y repite las palabras del abogado.

Ni fue torturada, ni fue violada queda establecido legalmente.

Su amiga comparece y asegura que Anastasia le dijo que mató a su mamá y a su hermana, dice que le mostró los cuerpos, que le contó y la llevó a su casa, que le pidió ayuda para llevar los cuerpos desmembrados al cerro para quemarlos. Y la amiga confirma su declaración como si contara un cuento de princesas y príncipes, sonriendo. ¿Cómo no puede cualquier ser humano “normal” impactarse al haber visto de cerca pedazos de un cuerpo dentro de una bolsa para basura?

Todo lo que se diga, lo que yo escriba, son solo especulaciones ya se sabe, los muertos no tienen voz aunque sus cuerpos indolentes estén aun gritando. Nadie tiene la versión exacta.

En investigaciones se sabe que la chica desaparece de su casa constantemente, vende su cuerpo, se droga, se pelea con su mamá. Los vecinos se acostumbran a los gritos constantes entre ellas.

En su casa, su entorno familiar es un desorden y ella, ella es toda perfección físicamente, se cuida y se viste a la moda, tiene amigos que la quieren y chicos que hacen fila para estar con ella.

La apariencia de su mamá es toda distinción, culta –dicen- toca el piano, es bailarina y acróbata. De rostro hermoso, cuerpo escultural –así le llaman a las flacas hoy- y siempre pulcramente vestida.

A la pequeña Valeria la vestían como muñequita de pastel, pienso que por su incapacidad por hablar y moverse les era sencillo mantenerla limpia y muy bonita siempre. Será por ello que Anastasia la llamaba ‘títere’.

La casa no estuvo resguardada durante los primeros días y me acerqué a ver. Una vivienda en completo desorden, llena de basura, tiradero de juguetes rotos, ropa sucia en el patio, acumulación del tiempo no de un par de días.

Un lugar que huele a descomposición en el tiempo, no a partir de la tragedia. La tragedia ya estaba siendo vivida –imagino- como forma de vida, una diaria rutina.

El desorden y la basura tantas veces hablan de la forma de vida interna, íntima y de convivencia familiar. Las ciencias hablarán del tema y las personas proclamarán que hay razón absoluta, sin embargo de frente a la razón y de espaldas a su entorno es donde la incongruencia hace su aparición. Es más ciego el que no quiere ver, son más los ojos cerrados que ven lo que no existe y tantos ojos abiertos que sencillamente no ven nada.

No se justifica el crimen y tampoco se entiende por lo tanto es muy fácil juzgar y especular. La muchacha tenía problemas es cierto, no se sabe desde cuándo y cuál habrá sido su punto de partida hacia sus alucinaciones.

Cuántas veces se sabe que los indigentes que viven su locura en la calles fueron expulsados del seno familiar porque llegó el momento en que nadie pudo con ellos, la familia misma los echó a su suerte. Habrá que ver el martirio y la zozobra que vivieron antes, los días y las noches que esperaban un casi milagro. Finalmente deciden no hacer caso. Muchos se quedan en casa y arruinan el entorno familiar, no tienen remedio. Después viene el asesinato, el suicidio, la tragedia y la recriminación de la sociedad.

Si las tragedias y los horrores sociales no aparecen de la noche a la mañana, muchos se construyen día a día durante mucho tiempo. La mente criminal no amanece criminal, se construye y se alimenta con la basura y desorden mental. Siempre habrá un peligro latente cuando la posibilidad de ayuda se dio por vencida.

Las voces silenciadas por la muerte, aun cuando pudieran hablar no tendrían la justificación ni la razón suficiente para acreditar porque aceptar su forma de vida, les causaría de nuevo, la muerte.

Y las drogas como quiera que se les llame, no siempre causan el mismo efecto y daño en todos los organismos, algunos adquieren los daños de inmediato y muchos más siguen por años usando drogas y parece que no les pasa nada.

El peligro radica en no saber de qué forma reaccionará cada cerebro y cada cuerpo. Igual que los medicamentos, los de venta en mostrador o los controlados hay quienes no resisten una sola toma de penicilina porque pueden morir, hay quienes ni la penicilina les ayuda, por ejemplo.

Hay definitivamente seres que resisten todo y hay también ‘los que caen a la primera’

Anastasia al menos, no será un peligro latente para la sociedad, habrá que cuidar que no exista riesgo para sus compañeras en la penitenciaría. Dicen los psicólogos que no porque ya no tiene frente a ella lo que más odiaba que eran, su madre y su hermanita. Parece que cruelmente cabe la frase ‘muerto el perro se acabó la rabia’ Está ahora en la cárcel y no se sabe hasta dónde esta joven podrá recuperar la cordura  y si es que algún día la tuvo. Tantos como ella aun en ciernes ya sea de redimirse o continuar con su caída.  


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