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La Cuarta Transformación y Trump III

Martes, 11 de Junio 2019 - 13:20

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Israel Aparicio

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La Cuarta Transformación mantendrá un frente diplomático abierto con los Estados Unidos de América (EUA) durante todo el presente año y hasta noviembre de 2020, cuando se definirá la elección presidencial donde la apuesta personal de Donald Trump es ganar a casi a cualquier precio. La exitosa negociación del cuerpo diplomático mexicano, encabezados por el canciller Marcelo Ebrard Casaubón, logró desmantelar la imposición unilateral de aranceles a los productos mexicanos, en medio de una de las rabietas y absurdos arrebatos del xenófobo republicano por posicionar el registro de su candidatura presidencial rumbo a su añorada reelección.

El escenario de una guerra comercial contra EUA era simplemente apocalíptico para las finanzas nacionales que enfrentan escenarios de escepticismo en cuanto al ritmo de crecimiento económico. Las presiones internacionales por la rebaja de los niveles de confianza que brindan las poderosas calificadoras a la deuda de la principal empresa productiva del estado, PEMEX y a la reducción en el grado de inversión del país, habían dejado preocupaciones gigantescas por el futuro inmediato de una espiral recesiva que hubiera acabado con la viabilidad del proyecto político económico encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

La paridad con el tipo de cambio la semana pasada oscilo entre los 20 pesos, con escenarios muy negros para la económica nacional si el pasado lunes 10 de junio hubiera entrado en vigor el 5 por ciento de aranceles a todas las mercancías nacionales. Diversos sectores económicos nacionales y estadounidenses se tomaron muy en serio las amenazas de Trump, fuentes de la Casa Blanca, analistas, politólogos y el mercado se alistaban para la entrada en vigor de los dañinos y abusivos impuestos que por fortuna no prosperaron.

Al final como ha pasado en la era Trump, el supremacista siempre termina saliéndose con la suya, si bien se logró matizar en las exigencias de ser el denominado tercer país seguro, con el presente acuerdo México deberá acoger a los migrantes que esperan resolución a sus peticiones de asilo político, a cambio de que se agilicen dichas peticiones en los tribunales de EUA. Esto generará gastos económicos extras que no estaban contemplados y deberán incluirse en la siguiente revisión de las medidas bilaterales acordadas a revisarse en 45 días. En la mente del presidente estadounidense está convertir a México en la figura del tercer país seguro con la finalidad de imponer el dique que contenga las oleadas de migrantes en busca del sueño americano. La diplomacia mexicana deberá seguir luchando por no aceptar estas condiciones difíciles en un clima que seguramente volverá a ser tenso en futuras negociaciones.

Haber evitado la entrada en vigor del 5 por ciento en aranceles es buena señal, ya que cuando ocurre una guerra comercial no se tiene manera de saber cuánto tiempo durará y los enormes costos que generaría para los países implicados, en especial para México que ya tiene una inercia negativa ante los inversionistas internacionales y fuertes presiones por la desaceleración económica.

Dicen los abogados, que es mejor un mal acuerdo que un buen pleito, por ello el tratar de hacerse el valiente contra EUA en los tiempos del bipolarismo político de Trump, es sencillamente hacerse el “harakiri” económico.

El ir renegociando, matizando y poniendo orden en la porosa frontera sur al final era una tarea pendiente, que deberá ayudar a desmantelar las millonarias redes de trata de personas, dar mayor seguridad nacional a esa parte del territorio nacional que además de padecer pobreza extrema, ha estado olvidada en materia de desarrollo económico.

El plan internacional para incrementar la productividad del sureste mexicano y de los países centroamericanos mediante inversión económica es a largo plazo, pero es de celebrar que los EUA participen de este impostergable plan regional.

En plena crisis diplomática, es de destacar la mezquindad política de muchos actores de la derecha mexicana que apostaron al fracaso de las negociaciones, así como al inicio de una guerra comercial suicida, con la finalidad de cobrarse las afrentas y pérdidas de privilegios a costa de la ruina nacional. La enfermiza animadversión contra el actual régimen, les hizo sacar su lado más ruin y rechazar una unidad nacional que no era en torno al presidente López Obrador sino a favor del país que se veía amenazado por los caprichos personales del populista más peligroso del mundo. En otro momento de crisis diplomática con el mismo supremacista republicano, AMLO cerró filas en torno al entonces presidente Enrique Peña Nieto, en favor de la unidad nacional

Al final el acto de unidad nacional y por la amistad que se realizó en Tijuana, Baja California, donde el presidente levantó “la mano extendida, en lugar del puño cerrado contra Trump”, fue solamente simbólico gracias al difícil acuerdo logrado la noche del pasado viernes 7 de junio.

A pesar de la calma después de la tormenta, en el escenario internacional con EUA se mantiene en una constante vigilancia de las actitudes y caprichos del republicano egocentrista que en cualquier momento puede volver a hacer sonar los tambores de guerra, ya sea para castigar a nuestro país, o solamente para hacer sus acostumbrados amagos de rudeza innecesaria. Se puede decir que se evitó una gran batalla y que se negoció tiempo para obtener un aceptable acuerdo, pero el camino a recorrer aún es largo hasta la elección presidencial norteamericana, donde México es el costal de box favorito del xenófobo y “deschavetado” republicano.



Número 30 - Junio 2019
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